La ciudad de sal

jueves, 25 de febrero de 2021

Octavia Butler y el afrofuturismo

 

Octavia C. Butler: la afroestadounidense que desafió el mundo de hombres blancos que dominaba la ciencia ficción

https://afrofeminas.com/2021/02/24/la-afroestadounidense-que-desafio-el-mundo-de-hombres-blancos-que-dominaba-la-ciencia-ficcion/


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Etiquetas: afrofuturismo, articulosinteresantes, Ciencia Ficción, Mujeres, mujeresescritoras

sábado, 12 de diciembre de 2020

Sobre la creacion del mundo. Lebor Gabala Eren.


El año pasado por estas fechas visite esta exposición que desde la página de Céltica proponían ver. Y la experiencia no le defraudó, todo lo contrario. Poder acercarse a uno de los textos más importantes de la historia del celtismo fue para mí...¡pues lo que veis en la foto!

Pongo el enlace de la wikipedia sobre el Lebor Gabála Erenn por si os interesa indagar. También está disponible el texto traducido al castellano. 


https://es.m.wikipedia.org/wiki/Lebor_Gabála_Érenn 


 https://www.celtica.es/exposicion-galicia-un-relato-no-mundo/

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Etiquetas: historias para no dormir, literatura, mundocelta, viajes

viernes, 4 de diciembre de 2020

V Concurso de microcuentos fantásticos "Microfantasías"

 

Diversidad literaria convoca este concurso de microcuentoa de temática fantástica. En el enlace puedes ver las bases. 


https://www.diversidadliteraria.com/info-concursos/concursos-microcuentos?fbclid=IwAR3SYn7c6oJoB_0oe7tu9ifq4gIo8qmHmKqHrjnrp7z_9BAdJrLahla1eYg

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Etiquetas: concurso, fantasía, microcuento

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Más allá de Emilia Pardo Bazán y Mary Shelley: la “legión” de escritoras de ciencia ficción olvidadas en los planes de estudios


https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/de-ciencia/emilia-pardo-bazan-mary-shelley-legion-escritoras-ciencia-ficcion-olvidadas-planes-estudios_132_6464431.html

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martes, 22 de septiembre de 2020

Los mundos de Ursula K. Leguin

Aqui teneis este documental que se rodo durante mas  de 10 años, con las obras y reflexiones que esta enorme y a la vez, pequeñina mujer, que se atrevio a imaginar otros mundos. Espero que lo disfruteis como lo hago yo cada vez que lo veo. 

Los mundos de Ursula K. Leguin

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domingo, 21 de junio de 2020

Convocatoria de relaros de la revista Windumanoth


https://windumanoth.com/abierta-x-convocatoria-de-relatos/

Una propuesta muy interesante
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miércoles, 23 de mayo de 2018

Mujeres errantes de Pilar Sánchez Vicente



Solo puedo decir una cosa y es que me encantó. Voy a intentar hablar de el sin hacer spoilers…
Greta, la protagonista, viaja en busca de sus raíces, a consecuencia de las últimas palabras que  su madre le dice  antes de morir. A través de tres escenarios y tres momentos temporales diferentes, Greta va encajando las piezas del puzzle de su pasado que se alarga mucho más de lo que ella creía… hasta llegar a las calles de Cimadevilla.
Si no conoces la historia del barrio de Cimadevilla o la conocias pero no podias imaginártela esta es la novela que tienes que leer.  Si te gustan las novelas que hablan de nuestro pasado, de la historia de Xixón y, por supuesto, si te gustan las historias de mujeres luchadoras y errantes que viven y sobreviven en circunstancias adversas, que se atreven a vivir,  esta es tu novela!!


http://www.rocalibros.com/roca-editorial/catalogo/Pilar+Sanchez+Vicente/Mujeres+errantes
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miércoles, 24 de enero de 2018

Nos veremos en Terramar!!!

Es una de esas autoras de las que dices "me gustaria escribir como ella, cuando sea mayor" . Se ha ido una de las pocas mujeres que se atrevió, en su época a escribir fantasía y ciencia ficción.
 A los 17 años leí este relato que me dejó pensativa,y tardé algunos años en saber quién lo había escrito... aquí os lo dejo para que los disfrutéis. Mi pequeño homenaje a una gran maestra de la ficción (Nos vemos en Terramar, Úrsula)
Los que se alejan de Omelas.
(Variaciones sobre un tema de Willian James).
The Ones who walk away from Omelas.
Ursula K. Le Guin.
* * *

Con un clamor de campanas que impulsó a las golondrinas a levantar el vuelo, el Festival del Verano llegaba a la ciudad de Omelas, que descollaba radiante junto al mar.   En el puerto, los aparejos de los barcos destellaban con banderas.   En las calles, entre las casas de rojos tejados y pintadas tapias, entre los viejos jardines donde crece el musgo y bajo los árboles de las avenidas; frente a los grandes parques y los edificios públicos desfilaba la multitud.   Decorosos ancianos con largas túnicas rígidas malva y gris;  graves y silenciosos artesanos, alegres mujeres que llevaban a sus hijos y charlaban al caminar.   En otras calles, la música sonaba más veloz, un trémulo de batintines y panderetas y la gente iba bailando; la procesión era una danza. Los niños correteaban de una parte a otra y sus gritos se alzaban sobre la música y los cantos como el vuelo cruzado de las golondrinas.   Todos los desfiles serpenteaban hacia el norte de la ciudad, donde en la gran vega llamada Verdes Campos, chicos y chicas, desnudos en el luminoso aire, con los pies, los tobillos y los largos y ágiles brazos salpicados de lodo ejercitaban a sus inquietos  caballos antes de la carrera.   Los caballos no llevaban ningún tipo de pertrecho, sólo un ronzal sin bocado.   Las crines trenzadas con cordones de plata, oro y verde.   Resoplaban por los dilatados ollares, hacían cabriolas y se engallaban.  Al ser el caballo el único animal que había adoptado nuestras ceremonias como propias, se hallaba muy excitado.   A lo lejos, por el norte y el oeste, las montañas se alzaban sobre la bahía de Omelas casi envolviéndola.   El aire de la mañana era tan límpido que la nieve, coronado aún los Ocho Picos, despedía reflejos oro y blanco  a través de las millas de aire iluminado por el sol, bajo el azul profundo del cielo.   Soplaba el suficiente viento como  para que  los gallardetes que marcaban el curso de la carrera ondearan y chasquearan de vez en cuando.   En el silencio verde de la amplia vega se oía la música que  recorría las calles de la ciudad, y de todas partes y acercándose siempre, una alegre fragancia de aire que de vez en cuando se acumulaba y estallaba con  el gozoso repique de las campanas.
¡Gozoso! ¿Cómo se puede explicar el gozo?   ¿cómo describir a los habitantes de Omelas?
No eran personas simples, aunque si felices.   Pero no pronunciaremos mas palabras de alabanza.   Todas las sonrisas se han vuelto arcaicas.   Al proceder a una descripción como ésta, uno tiende a hacer  ciertas suposiciones, a dar la impresión de que busca un rey montado en un espléndido corcel y rodeado de nobles caballeros, o quizás en una litera dorada conducida por altos y musculosos esclavos.   Pero no había rey.   No usaban espadas ni poseían esclavos.   No eran bárbaros.   Desconozco las reglas y leyes de su sociedad pero sospecho que eran singularmente escasas.   Al igual que se regían sin monarquía ni esclavitud, tampoco  necesitaban la bolsa de valores, la publicidad, la policía secreta y la bomba.   Sin embargo, repito que no era un pueblo simple; nada de dulces pastores, nobles salvajes ni blandos utópicos, ni menos complejos que nosotros.   El mal estriba en que nosotros poseemos malos hábitos, animados por pedantes y sofisticados empeñados en considerara la felicidad como algo estúpido.   Sólo el dolor es intelectual.   Sólo el mal es interesante.   Es la traición del artista: la negativa a admitir la banalidad del mal y el terrible fastidio del dolor.   Si no puedes morder no enseñes los dientes. Si duele, vuelve a dar.   Pero alabar el desespero es condenar el deleite; aceptar la violencia es perder la libertad para todo lo demás.   Nosotros casi la hemos perdido; ya no podemos describir la felicidad de un hombre ni manifestar una alegría.   ¿Cómo definir al pueblo de Omelas?   No eran cándidos  ni niños felices - aunque a decir verdad, sus hijos si lo eran - sino adultos maduros, inteligentes, apasionados, cuya vida no era desventurada.   ¡Oh milagro!   Mas, ¡ojalá supiera explicarlo mejor y convencerles!   Omelas produce la impresión según mis palabras, de un país de un cuento de hadas: érase una vez hace mucho tiempo.   Quizá fuera mejor que se lo imaginaran según su propia fantasía, teniendo en cuenta que me pondría a la altura de las circunstancias, pues lo que si es cierto es que no puedo armonizar con todos.   Por ejemplo, ¿qué pasaba con la tecnología?   Creo que no había coches ni helicópteros ni en las calles ni por encima de ellas, como lógica consecuencia de que el pueblo de Omelas era feliz.   La felicidad se basa en una justa discriminación de lo que es necesario, de lo que no es ni necesario ni destructivo y de lo que es destructivo.   Sin embargo, en la categoría intermedia - la de lo innecesario pero no destructivo, la del confort, lujo, exuberancia, etc. -, podían perfectamente poseer calefacción central, ferrocarriles subterráneos, máquinas lavadoras y toda clase de maravillosos ingenios que aún no se han inventado aquí; fuentes luminosas flotantes, poder energético, una cura para los catarros comunes o nada de eso; no importa, como lo prefieran.   Me inclino a pensar que las personas que han estado viniendo  a Omelas desde todos los puntos de la costa durante estos últimos días antes del Festival, lo hicieron en pequeños trenes muy rápidos y en tranvías de dos pisos, y que la estación de ferrocarriles de Omelas es el edificio más bello de la ciudad, aunque más sencillo que el magnifico Mercado Agrícola. Pero aún, concediendo que hubiera trenes, temo que, hasta ahora, Omelas produzca en algunos de mis lectores la impresión de una ciudad gazmoña y cursilona.   Sonrisas, campanas, desfiles caballos, garambainas.   En tal caso, agreguen una orgía.   Si les sirve una orgía no vacilen.   No obstante, no le pongamos templo que, con hermosos sacerdotes y sacerdotisas desnudos, casi en éxtasis, se hallen dispuestos a copular con quien sea, hombre o mujer, amante o extraño, por el deseo de unión con la profunda divinidad de la sangre, aunque ésa fue mi primera idea.   Pero sería mejor no levantar templos en Omelas, por lo menos templos habitados.   Religión, si.   Clero, no.    Por supuesto, los hermosos desnudos pueden deambular ofreciéndose como divinos suflés al hambriento del éxtasis de la carne.   Que se incorporen a los desfiles.   Que repiquen las panderetas sobre las cópulas y la gloria del deseo se proclame sobre los batintines y (un punto muy importante) que los vástagos de esos deliciosos rituales sean amados y atendidos por todos.   Sé que en Omelas hay algo que nadie considera delito.   Pero, ¿Que puede ser?   Al principio pensé si no serian las drogas, pero eso es puritanismo.   Para los que les gusta, la tenue y persistente fragancia del drooz perfuma las calles de la ciudad; el drooz, que al principio otorga una gran lucidez mental y fuerza a los miembros, y finalmente maravillosas visiones con las que penetras en los misterios y secretos más profundos del universo a la vez que excita el placer del sexo hasta lo indecible; y no crea hábito.   En cuanto a los gustos más modestos, creo que debería ser la cerveza.   ¿Qué otra cosa incumbe a la jubilosa ciudad?   Sin dudad, la sensación de la victoria, la evocación del valor.   Sin embargo, si suprimimos al clero, procedamos igual con los soldados.   El júbilo que se erige sobre crímenes impunes no es verdadero júbilo; nunca lo será; es horrendo e inútil.   Una satisfacción ilimitada y generosa, un magnífico triunfo que se experimenta no contra un enemigo de fuera, sino por la comunión de las almas más delicadas y hermosas de todos los hombres y el esplendor del verano del mundo es lo que inunda el corazón de los habitantes de Omelas y la victoria que celebran es la de la vida. En realidad, no creo que necesiten drogarse.
Casi todos los desfiles habían llegado ya  a los Verdes Campos.  Un delicioso aroma de manjares surge de las tiendas rojas y azules de los abastecedores.   Las caras de los niños pequeños están llenas de graciosos pringues; en la afable barba gris de un hombre, se han enredado unas cuantas migas de un rico pastel.   Los muchachos y muchachas han montado en sus caballos y comienzan a agruparse en la línea de salida. Una anciana, pequeña, gorda y sonriente, distribuye flores que saca de una cesta y un joven alto las prende en su cabello.  Un niño de nueve o diez años se sienta al borde de la multitud, solo, jugando con una flauta de madera.   La gente se detienes a escuchar y sonríe, pero no le hablan pues nunca deja de tocar ni tampoco los ve; sus ojos negros están totalmente absortos en la dulce y tenue magia de la melodía.
Termina y lentamente alza las manos sosteniendo la flauta de madera.
Como si ese breve y reservado silencio fuese una señal, se oye de pronto el toque de una corneta que surge del pabellón junto a la línea de partida: imperioso, melancólico, penetrante.   Los caballos se alzan sobre sus esbeltas patas traseras y algunos relinchan como respuesta.   Con semblante  sereno, los jóvenes jinetes acarician el cuello de sus monturas y las calman susurrando: <>   Ocupan sus puestos en la línea de salida.   A lo largo de la pista, los espectadores son como un campo de hierba y flores al viento.   El Festival de Verano ha comenzado.
¿Lo creen? ¿Aceptan el festival, la ciudad, la alegría? ¿No? Entonces, permítanme que lo describa una vez más.
En el subsuelo de uno de los hermosos edificios públicos de Omelas, o tal vez en el sótano de una de sus espaciosas casas particulares hay un lóbrego cuartucho. Tiene una puerta cerrada con llave y carece de ventanas.   Una tenue luz se filtra polvorienta entre las rendijas de la carcomida madera y que procede de un ventanuco cubierto de telarañas de algún lugar del otro lado del sótano.   En un ángulo del cuchitril un par de fregonas, con las bayetas tiesas, pestilentes, llenas de grumos, están junto a un balde oxidado.   El suelo está sucio, pegajoso como es habitual en un sótano abandonado.   El cuarto tiene tres pies de largo por dos de ancho: un simple armario para guardar las escobas y los enseres en desuso.   En el cuarto hay un niño sentado.   Podría ser un niño o una niña.  Aparenta unos seis años pero en realidad tiene casi diez.   Es retrasado mental.   Tal vez nació anormal o se ha vuelto imbécil por el miedo, la desnutrición y el abandono.   Se hurga la nariz y de vez en cuando se manoseo los dedos de los pies o los genitales mientras se sienta encorvado en el rincón más alejado del balde y de las bayetas.   Les tiene miedo.   Las encuentra horribles.   Cierra los ojos pero sabe que las fregonas siguen ahí, erguidas, y la puerta esta cerrada y nadie acudirá.   La puerta siempre esta cerrada y nunca viene nadie salvo en ciertas ocasiones - la criatura no tiene noción del tiempo y los intervalos - en que la puerta cruje espantosamente, se abre y asoma una o varías personas.   Entra una sola y de un puntapié  le obliga a levantarse.    Los otros jamás se le acercan sino que lo observan con ojos de horror y asco.   La escudilla de comida y el jarro de agua se llenan rápidamente, se cierra la puerta, los ojos desaparecen.   La gente que está en la puerta nunca habla pero  el niño, que no siempre ha vivido en el cuarto de los trastos y recuerda la luz del sol y la voz de su madre, a veces habla: <>   Jamás le responden.   Por las noches el niño gritaba pidiendo auxilio, gritaba muchísimo, pero ahora se limita a un débil quejido y cada vez habla menos.   Está tan flaco que las piernas carecen de pantorrillas y tiene el vientre hinchado; solo se alimenta una vez al día con media escudilla de gachas con sebo.   Va desnudo.   Las nalgas y muslos son una masa de dolorosas llagas pues continuamente está sentado sobre su propio excremento.
Todos saben que existe, todo el pueblo de Omelas. Algunos han ido a verlo, otros se  contentan únicamente con saber que está allí.   Todos saben que tiene que estar.   Algunos comprenden la razón, otros no pero ninguno ignora que su felicidad, la belleza de su pueblo, la ternura de sus amigos, la salud de sus hijos, la sabiduría de sus becarios, la habilidad de sus artesanos, incluso la abundancia de sus cosechas o el esplendor de su cielo dependen por completo de la abominable miseria de ese niño.
Se lo explican a los niños de ocho a diez años, siempre que estén capacitados para comprender, y casi todos los que van a verle son adolescentes, aunque con cierta frecuencia también un adulto acude y vuelve para ver al niño.   Por muy bien que se lo expliquen, al verlo experimentan un asco que habían creído superar.   A pesar de todas las explicaciones se les advierte furiosos, ultrajados, impotentes.   Quisieran hacer algo por el niño, pero todo es inútil.   ¡Qué hermoso sería si sacaran al sol a esa criatura, la limpiaran, le dieran de comer, la cuidasen.   ¡Pero si alguien lo hiciera, ese día y a esa hora, toda la prosperidad, la belleza y la dicha de Omelas quedarían destruidas.   Esas son las condiciones.   Cambiar todo el bienestar y la armonía de cada vida de Omelas por esa sola y pequeña rehabilitación: acabar con la felicidad de millares a cambio de la posibilidad de hacer feliz a uno: pero eso sería, por supuesto, reconocer la culpa, admitir el delito.

Las condiciones son estrictas y terminantes; no debe dirigirse al niño una sola palabra amable.
A veces los jóvenes regresan a sus casas llorando o con una furia sin lágrimas cuando han vista al niño y se han enfrentado a esa terrible paradoja.   Tal vez meditan sobre ello, semanas y años, pero a medida que transcurre el tiempo comienzan a darse cuenta de que aunque soltaran al niño, de poco le serviría su libertad; sin duda, una ligera, vaga satisfacción por el cuidado humano y el alimento, pero muy poco mas.   Se halla demasiado degradado e imbécil para comprender la auténtica felicidad.   Ha estado asustado demasiado tiempo para librarse del miedo.   Sus costumbres son demasiado zafias e inciviles para que responda al trato humano.   En efecto, después de tanto tiempo probablemente se sentiría  infortunado sin los muros que lo protegen, sin la oscuridad para sus ojos, sin el propio excremento para sentarse.   Sus lágrimas, ante la amarga injusticia, secan cuando empiezan a percibir la terrible justicia de la realidad y acaban aceptándola.   Sin embargo, tal vez sus lágrimas y su rabia, el intento de su generosidad y la aceptación de su propia impotencia son la verdadera causa del esplendor de sus vidas.   Su felicidad no es vacua e irresponsable.   Saben que ellos, como el niño, no son libres.   Conocen la compasión.   La existencia del niño y el conocimiento de esa existencia hacen posible la elegancia de su arquitectura, el patetismo de su música, la profundidad de su ciencia.   A causa del niño son tan amables con los niños.   Saben que si ese desdichado no lloriquease en la oscuridad, el otro, el flautista, no tocaría esa alegre música mientras los jóvenes jinetes se ponen en filas sobre sus beldades para la carrera que se celebra la primera mañana de estío.
¿Que piensan ahora de ellos?   ¿No son más dignos de crédito?   Pero todavía tengo algo más que contarles, y esto es totalmente increíble.
A veces, un adolescente, chico o chica que va a ver al niño, no regresa a su casa para llorar o enfurecerse, no , en realidad no vuelve más a su hogar.   Otras, un hombre o mujer de mas edad cae en un mutismo absoluto durante unos días.   Bajan a la calle, caminan solos y cruzan sin vacilar las hermosas puertas de Omelas.   Siguen andando por las tierras de labrantío.   Cada uno va solo, chico o chica, hombre o mujer.   Anochece; el caminante pasa por las calles de la ciudad, ante las casas de ventanas iluminadas, y penetra en la oscuridad de los campos.   Siempre solos, se dirigen al Oeste o al Norte, hacia las montañas.   Prosiguen.   Abandonan Omelas, siempre adelante, y no vuelven.   El lugar adonde van es aún menos imaginable para nosotros que la ciudad de la felicidad.   No puedo describirlo, en absoluto.   Es posible que no exista.   Pero parece que saben muy bien adónde se dirigen los que se alejan de Omelas.
Fin.
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Publicado por yosune en miércoles, enero 24, 2018 No hay comentarios:
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viernes, 28 de julio de 2017

Mujeres, cuidados y valentía. Un articulo de Lena de Mar!!!



Para leer y pensar!!

COMPARTO AQUÍ MI ARTICULO Y OS ANIMO A SUSCRIBIROS A LA REVISTA:
El cáncer no necesita ser un verbo para poderse (con)jugar. De hecho juega sin distinción ninguna. A veces gana, a veces pierde. Y cuando pierde, no se conforma y nos obliga a estar en vilo, por si decide abrir una nueva partida. Este símil del juego escenifica hasta qué punto puede llegar a ser cada vez más arbitraria esta pandemia.
En ocasiones se echa mano de la palabra “cáncer” para nombrar metafóricamente algún hecho o circunstancia cruel, persistente y sin solución. “Tal cosa es el cáncer de la sociedad”. Se banaliza. Otras veces se utiliza a las personas, sobre todo a las mujeres con cáncer, como un ejemplo de valentía, como si dependiera exclusivamente de nosotras sobrevivir a esta enfermedad, como si fuera obligatorio llevarlo bien, afrontarlo con buena actitud y prepararse para librar una batalla cuerpo a cuerpo. Si vencemos, nos convertimos en heroínas y lo habremos conseguido nosotras solitas. Y no es así. No va de eso el proceso del cáncer. No se trata de vencer. Otra analogía, la de la guerra, que victimiza, que nos obliga a combatir en el momento en que nuestras fuerzas más flaquean.
Ante la pregunta ¿cuál es la prevalencia de cánceres entre las mujeres? la ciencia y la evidencia, esta última no precisamente científica, pueden responder desde las estadísticas o desde las experiencias vitales y casi nunca resulta una ecuación exacta. Atreviéndome a dar un giro al interrogante y poniendo el foco en los cuidados, verdadero motivo de este artículo, me interesa hacer(me) otra pregunta: ¿cuál es la “prevalencia” de mujeres entre las cuidadoras de personas con cáncer? Y no me refiero solamente a las cuidadoras profesionales, que las hay y muy buenas, sino a las cuidadoras circunstanciales, las que cuidan aún sin saber que lo están haciendo, las que en su vida no han hecho otra cosa más que cuidar, las que si no cuidaran, este mundo se desmoronaría.
Hablo de hermanas, de sobrinas, de madres e hijas, de cuñadas. Hablo de parejas, como ha sido mi caso al tener una pareja que es mujer. Y más allá del parentesco, hablo de amigas, todas ellas “sororas”, conforman nuestra tribu escogida[1]. Conjugan el cáncer en primera persona del plural sin necesidad de vivirlo en sus cuerpos. Como escribió Susan Sontag “No debería suponerse un «nosotros» cuando el tema es la mirada al dolor de los demàs”[2]. Y yo añado, debería afirmarse un “nosotras”. A mi experiencia, me remito: mi dolor ha tenido mirada de mujeres.
Desconozco si ha habido algún estudio sobre los efectos secundarios en las personas allegadas a una persona con cáncer, a las cuidadoras que han invertido su tiempo y sus energías, que han puesto sus manos para dar calor, para quitar tensión, para acariciar cicatrices y para dibujar sonrisas aunque la incertidumbre o la ansiedad estuvieran devorando sus adentros. Todo ello intentando seguir con sus vidas al margen -e incluso más allá del margen- que otorga tener al lado una persona con una enfermedad que trastoca el orden de las cosas, transforma el entorno, las relaciones, las expectativas e incluso la manera de mirar. Porque no es sólo “mi”cáncer. Es “nuestro” cáncer. Porque… ¿quién no se ha sentido interpeladx en algún momento de su vida por él?
Las mujeres que hemos tenido un cáncer y podemos contarlo -entre las que, hasta hoy, puedo decir que me incluyo- no somos mejores ni peores antes, durante o después de este proceso. Como cualquier persona ante una enfermedad tan dura, no solamente nos hemos tenido que enfrentar a momentos de desconcierto, de rabia o impotencia, sino que el entorno muchas veces en lugar de ser un aliado se convierte en un generador hostil de expectativas mientras nos coloca en una posición vulnerable, invitándonos sutilmente a escoger entre ser víctimas o ser gladiadoras. Frente a esta siniestra metáfora[3], para algunas afortunadas, está la sororidad. Está nuestra gente: la que nos acoge, nos empodera y consigue que todo sea menos duro. Y mi tribu escogida ha estado formada por mujeres: mi pareja, mis dos hermanas, mis amigas.
5 sessió quimio 5.07.2013
Pie de foto: En mi quinta sesión de quimio en el Hospital de Dia de Son Espases, el 5 de julio de 2013, con la bandera del orgullo LGTBI, orgullosa de mis cuidadoras.
Desde mi experiencia de “cuidarme, dejarme cuidar y sentirme cuidada” siento que cuando empezamos a sanar de un cáncer en concreto es cuando los efectos secundarios en nuestras cuidadoras se acentúan. Porque hasta entonces ellas han sido las que nos han sostenido, las que se han mantenido despiertas mientras dormíamos, las que han llorado las lágrimas que nosotras no vertíamos. Nuestras cuidadoras no podían permitirse desfallecer. Mientras hemos necesitado tratamientos químicos y/o radiológicos (entre otros) no había nada para ellas, porque las cuidadoras invisibles tienen efectos secundarios invisibilizados a los que no dan (y a los que nadie les da) la importancia suficiente. La tarea de los cuidados se ha convertido en su única prioridad y en el preciso momento en que detectan que vamos mejorando es cuando, inconscientemente, se permiten relajar las alertas y les viene el bajón. Esto que parece ser “de manual” y que todo el mundo comprende, hay que visibilizarlo, hay que nombrarlo, hay que ponerlo en la agenda de las cosas importantes, hay que reconocerlo y legitimarlo y lo que es más importante: hay que prevenirlo para dotar de herramientas a las personas cuidadoras -la gran mayoría mujeres- y reconocer su aportación a nuestra mejoría. Porque no todo es obra y gracia de los tratamientos, sino de la sinergia de muchos factores saludables que interactúan. El factor humano es vital.
Yo he observado a gente sola en el hospital de día enchufada a la quimio o en salas de espera a punto de recibir en soledad un diagnóstico difícil de digerir y que tal vez tendrán que afrontar sin tribu. Me he sentido privilegiada de poder ir siempre acompañada al peregrinaje de las consultas hospitalarias y a las largas sesiones de tratamiento, porque mi tribu cuidadora se ha organizado para que no vaya nunca sola. He mirado a los ojos de acompañantes de personas hospitalizadas y he creído ver ternura, esperanza, temor… cuando yo misma estuve hospitalizada cada vez que miraba a los ojos de mis cuidadoras sentía, muy hondamente, su entrega incondicional.
Cuando las cuidadoras-acompañantes-a-las-consultas ya no pueden más y se atreven a sacar la rabia, se exponen a tener que escuchar de alguna voz-médica-hospitalaria-disonante-y-desafortunada reproches del tipo “esta actitud tuya no ayuda”. Como si no tuvieran derecho a expresar sus miedos, a tener dudas ante los diagnósticos, a quejarse de los largos plazos de espera hasta que al fin se inician los tratamientos o se realizan las pruebas. Como si no tuvieran razones suficientes para desconfiar de algunas decisiones, como si su rol fuera entorpecer, en lugar de ser el aliado imprescindible que es.
Se hace necesario reivindicar una ética de los cuidados que ponga el foco no en la carga individual (“yo solx me tengo que curar”, “yo solx te tengo que cuidar”), sino en la responsabilidad colectiva, para redistribuir los cuidados -más allá del género-  y para cuestionar el binomio espacio privado- espacio público. Aprender a integrar la responsabilidad de los cuidados y a ponerlos en valor es nuestro reto.
Gracias a lxs cuidadorxs, sobrevivir se hace más creíble y más cierto, como cierto es que la vida nos remueve y se recoloca durante el proceso de cualquier enfermedad como ésta. De nosotrxs depende saber aceptar, agradecer y devolver los cuidados hasta elevarlos a la categoría de artesanía emocional.
Porque hay que tener entereza para vivir un momento así:
13 de febrero de 2013 Hospital de Son Espases
Suena el teléfono en la habitación 107 donde yo había ingresado a primera hora sin un diagnóstico claro.
-“A simple vista tiene mala pinta, parece malo. El protocolo para cáncer de ovario es quitar los ovarios, el útero, el apéndice… ¿qué hacemos?”
Era una de mis cirujanas, que desde el quirófano -y mientras yo seguía anestesiada- se dirigía a Amapola, mi pareja, cumpliendo con lo que establece mi testamento vital.
-¿Cómo que cáncer?… ¿pero está confirmado?
Amapola se tambaleó, tuvo que poner los codos encima de la cama porque sintió que le daba vueltas la habitación. No estaba sola, en ese instante clavó su mirada en mi hermana mayor, Tere.
Puedo sentir esa mirada. Puedo imaginarme esa escena (que me narró Amapola). Ella decidió asumir la responsabilidad de comunicarme la noticia. Tambalearse no significa derrumbarse. Mi tribu, desde entonces, la admira mucho más de lo que ya la admiraba.
Es evidente que hubo una segunda llamada media hora después que confirmó el cáncer. De ese quirófano salí sin el adenocarcinoma de ovario con el que entré. La operación se llevó por delante todos esos órganos, aunque no pudo con el más poderoso: mi corazón, que persiste en seguir latiendo, que recuerda y llora todxs lxs amigxs perdidxs en el camino y que se enorgullece de poder seguir conjugando en femenino, en gerundio y siempre en presente nuestro verbo más hermoso y genuino: porque a amar, compañerxs, se aprende amando.
Lena Castells Torrens
Escrito en Palma, el 21 de mayo de 2017
[1] Aquí incluyo a mi amiga Eva, que forma parte de mi “tribu escogida” y ha inspirado este término.
[2] Susan Sontag “Ante el dolor de los demás” 2003.
[3] El término “siniestra metáfora” está extraído del libro citado anteriormente.


https://antropologicamar.wordpress.com/2017/07/26/el-cancer-en-primera-persona-del-plural/
Publicado por yosune en viernes, julio 28, 2017 No hay comentarios:
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jueves, 6 de julio de 2017

Proyecto en marcha!!

Después de este tiempo de movimientos retomo un proyecto que lleva dando vueltas en mi cabeza desde hace mucho. Ya va siendo hora de que salga...

"Talló los trazos de las sogas que aprendió a trenzar en Uskuar, la frontera con el Mundo de los Elfos. Una hilera de montañas imposibles de atravesar, rocas como cortadas a cuchillo, nieves eternas y sendas que no conducían a ninguna parte. El Paso había sido construido por los gigantes, en una época en la que caminaban por el mundo a centenares.
 El pueblo élfico se había ido retirando de las tierras abiertas y encontrado aquel resquicio de tierras libres. Las tensiones con los Hombres aumentaban conforme los Hombres se iban apoderando de más tierras y el pueblo élfico, cansado de las ofensas de los humanos optó por retirarse, la otra opción hubiera sido exterminarlos pero no se hallaba en su naturaleza terminar con especies enteras y decidieron dejar de compartir el espacio. Entre los dos países existía el paso de Uskuar. Un estrecho paso que atravesaba más de treinta kilómetros de montaña pero que de ancho apenas abarcaba diez pasos. Thron, el rey de los elfos llegó a un acuerdo con el Pueblo Amazonas, serían los guardias del paso y no permitirían la entrada de ningún ser humano sin el permiso de la guardia élfica que vigilaba el otro lado. La guardia Amazonas construyó cuevas a lo largo de la pared del camino, para vigilar y con el paso de los años, la amistad se trabó y afianzó entre elfos y Amazonas. Y las cuevas fueron llenándose de pergaminos con la historia de aquel mundo, de sus guerras y de sus habitantes. Allí Bárbara aprendería a leer y escribir.
Llegaron a la entrada del camino. Impresionada, Bárbara apenas alcanzaba a vislumbrar la cima de aquella enorme roca. Allí aguardaron y una soga apareció casi salida de la nada.
-Aquí nos despedimos, sube por la soga y habla con Sab. Él te seguirá enseñando.
Bárbara se enganchó el bastón, por aquel entonces, poco tallado, a su cinturón, se sujetó bien el carcaj y se echó a la espalda el arco y se izó directamente desde el caballo a la soga.
-    Adiós Roan- La chica dudó- Gracias.- Confusa no sabía muy bien qué decir.
-    Adiós niña, espero que no te mates por estas alturas.
Y sin más se alejó al galope.
Bárbara comenzó a subir. Iba despacio, no estaba muy segura de que pudiera llegar hasta arriba. La soga era mucho más gruesa que su mano y necesitaba sujetarse también con los pies. Así fue subiendo, hasta que una mano salida de la nada la sujetó y la empujó hasta la entrada a una cueva."
Publicado por yosune en jueves, julio 06, 2017 No hay comentarios:
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viernes, 17 de marzo de 2017

Texto ganador del Segundo Certamen de Relatos Mujer siglo XX. Es de Fatima Garcia... gracies por compartirlo!!! (Espero que lo disfruteis como lo he hecho yo)

Nací con la garganta llena de arena, era incómodo sentir esas piedras diminutas que me arañaban al llorar, tosía y carraspeaba de manera instintiva para ver si se esfumaban pero no lo conseguí hasta mucho tiempo después cuando el tiempo y mis propias lágrimas consiguieron limpiarme por dentro.
Al crecer y bucearme descubrí que esas piedras eran las lágrimas derramas de mi madre durante el embarazo…y las de mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela… el agua de mis mujeres se acumuló en mí y me rasgó, era la primera señal de sometimiento y asfixia.
Me reñían de un modo muy suave cuando buscaba mi propio placer como se les riñe a las niñas buenas, como si fuera un poco tonta e incapaz de entender las normas, así que me escondí y lo busqué en sueños tratando de recordar ejemplos de fuerza femenina para agarrarme cuando me perdía, pero mirase donde mirase solo encontraba sometimiento, mi abuela esperando a mi abuelo sentada en su sillón con el rosario entre las manos, mi madre mirando al suelo con sus redondos ojos negros, pequeñísima delante del hombre que la hizo creer que sin su amor era menos que la nada. 
Mujeres en la tele, disfrazadas de regalo para entretener a los hombres, mujeres devotas, madres con sueños rotos, mujeres tentáculo que llegaban a todo agotadas, mujeres cañón que explotaban de tristeza, mujeres vendidas al amor, al comieron perdices envenenadas, mujeres de verdad que no podían serlo, mujeres enormemente válidas que vivían al revés, mirándose de reojo por dentro sin salir al mundo. En ese entorno aprendí, copié y me mutilé, así la magia solo pudo hacerme a medias.
Una niña atragantada, una mujer rota que buscaba su alma en los ojos de los demás, una niña nunca suficiente, que reía tapándose la boca, que buscaba amor a través de historias tristes, una niña que solo escuchaba ruido y no encontraba paz.
Me atormenta la cantidad de mujeres que conozco criadas, como yo, a medias por culpa de esta sociedad hipócrita que nos mutila y nos silencia, me recuerdo buscándome en otros y me enfada tanta pérdida.
Recuerdo perfectamente mi punto de inflexión, Jimena y sus 42 pecas. Yo ya no era la niña, era la madre y nuevamente me sentí sola, asustada, inválida, perdida, desesperada, incompleta, absurda, pecadora y sucia, sumisa. 
Busqué, repitiendo mi guión de vida, otras vidas e imágenes de mí en los ojos de otros que me miraban, siempre, sin verme y en ese bucle de autodestrucción, cuando caía irremediablemente al vacío, alguien me agarró de la mano y me sacudió.
 Me rebeló secretos y me prometió que la culpa no existía, le conté mentiras y las convirtió en broma, me miró y me vio, en sus ojos el reflejo de mi cara me pareció precioso. Diseñamos un plan en donde yo era la protagonista principal, escribí un cuento donde no había princesas, me inventé mujeres valientes, les puse alas y les sequé las lágrimas a mis compañeras, me empeñe en transmitirle a Jimena su valor, como mujer, como persona, como niña que se ríe con la boca llena. Me reinventé para crear a una mujer a la que mi niña se pueda agarrar cuando esté perdida, mis ojos la miran siempre, en todo su valor, para que sus alas crezcan y no se quemen con el sol. 
Ahora soy madre también de Nuno, le debo una educación responsable para que se convierta, en un hombre fuerte con el alma blandita, que sepa abrazar, besar, mirar, respetar, bailar, llorar y cuidar y quererse, siempre…mucho.
Por eso en mi casa cuando entra la oscuridad la pinto de colores, por eso me esfuerzo tanto en quererme, porque sé que ellos me observan y no permiten grietas por donde se escape la autocompasión, la educación irresponsable, los actos monótonos y repetitivos de la vida gris. Cuidado! Ahora me cuido, me quiero, me respeto por ellos y por mí, por la mujer que nunca fui y por la niña que aprendió a odiarse, por mi madre que aún sin darse cuenta agacha la cabeza cuando está asustada, por mi abuela que reía bajito, por todas que necesitamos la fuerza conjunta de las mujeres bruja y los hombres buenos para crecer, romper y volar, porque no necesitamos más sometimiento ni más muertes, ni más putas ni más princesas, ni rosa y azul, ni madres “llegoatodo”, ni tener un florero como cuerpo, ni más santas, necesitamos esencia para vivir y ser sin mascara. 
Soy muy consciente del poder en mis manos, entregar al mundo dos seres que formen parte de un nuevo cambio donde no exista el otro sino el compañero, la amiga, el alma. Construir para ser, sanar para curar, mirar para vernos. Todos y todas, desde la misma perspectiva.

Fátima
Publicado por yosune en viernes, marzo 17, 2017 No hay comentarios:
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Etiquetas: activismo, historias para no dormir, mujeres que hablaron, relatos

viernes, 10 de febrero de 2017

Activismos y movimientos

Activismos y movimientos.

Me quejo, me canso y desbarro a veces. Pero no cambiaria nada de lo que hago, hecho desde las entrañas.  Con dolores de cabeza pero que consiguen pequeñas magias. Trabajar contra la injusticia social es un cuentagotas que crea mareas....
Publicado por yosune en viernes, febrero 10, 2017 No hay comentarios:
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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Prólogo.

En 2013 publicaba este comienzo de la historia (que habia escrito dos años antes ya).

Naná!- El grito recorrió el bosque y llegó a oídos de la niña, que intentaba por todos los medios no hacer ruido para que la descubrieran. Aguardó, aunque sabía que aquella voz no admitía esperas.
- ¡Naná! ¡La cena está lista!.-
La niña escuchó más voces llamando a sus amigos.
-¡Oriestes!¡A cenar!.-
-¡Candela! ¡La cena se te va a enfríar!.- Poco a poco, pequeñas figuras fueron saliendo de sus escondites, removiendo los arbustos, bajando súbitamente de los árboles. Naná se había refugiado en el hueco del tronco de un árbol seco y caído hacía muchos años.
-¡Has perdido, Candela!.- Los niños se dirigieron corriendo por la senda en dirección al pueblo.
-¡Mañana seguiremos jugando!- Naná intentaba sobrepasar a sus amigos corriendo y corriendo, riendo y saltando.
-¡Mañana!¡Mañana!- Canturreaban los gemelos Aran y Eran, mientras se restregaban las narices con las mangas de sus camisas raídas.
Naná fue sacándoles la lengua a sus amigos a medida que iban entrando en sus casas. La suya era la última, la más resguardada y la más segura de todo el pueblo.
El hombre avivaba el fuego en la chimenea con un palo.
- Naná, siempre tengo que llamarte. Sabes que tienes prohibido estar en el bosque tan tarde.
La niña se secaba las manos con un trozo de tela.
-Pero Romel, ¡Iba ganando! Erlan nunca es capaz de encontrarme aunque le esté haciendo burla delante de sus narices.
El hombre colocó el puchero directamente encima de la mesa y sirvió el plato de la niña con sus grandes manazas.
- Un día será un orco, o un ogro, o algo peor quien te encuentre y acabarás siendo servida en un puchero como éste. -
La niña comió rápido, intentando aplicarse en las normas de educación que Romel le enseñaba.
Una señorita no puede sorber la sopa haciendo ruido, ni comer con la boca abierta, ni darle vueltas a la carne entre las manos como si fuera un trozo de bosta. estas cosas se las repetía contínuamente. Has de comer como si comieras en compañía de reyes, damas y caballeros. Y la niña reía.
- Nunca he visto a ningún rey, ni a caballeros, ni siquiera a un soldado.
El hombre sonreía.
- Eso no quiere decir que no tengas que estar preparada para vivir en un gran castillo. A la niña no le gustaban esos comentarios.
- no me llevarás a servir a uno ¿verdad? – La angustia de la niña enternecía al hombretón, al que el paso de los años trabajando como leñador y el tiempo que había estado cuidando de aquella niña estaba empezando a ablandarse.
- Si sigues cumpliendo con tus tareas y no pasas tanto tiempo en el bosque, a lo mejor no tienes que ir. –El hombre apretó los labios en un gesto de seriedad.
La niña asintió.
_No quiero ser la sirvienta de una noble estirada.- La niña comía los trozos de queso que el hombre iba cortando cuidadosamente y colocando en su plato.
- Si nunca has visto a ninguna ¿cómo sabes que son estiradas?
-Porque me contaron que a los nobles de niños no los dejan jugar, ni correr por los bosques. Que siempre tienen que sentarse muy tiesos para comer, y que es una falta de educación el que se note que tienes hambre, aunque sus tripas rujan como leones. Me lo contó Orn.
-Orn debería dedicarse a ser un buen herrero dándole al martillo y no tanto a la lengua. – Anotó mentalmente que tendría que hablar con aquel hombre, para prohibirle hablar así de los nobles. No soportaba a los soldados que no respetaban a sus superiores.
La niña recogió los platos, a duras penas llegaba a la mesa, los limpió y se acostó, mientras Romel revolvía los rescoldos de la chimenea. La niña se acostó en su jergón y se tapó con su vieja manta. El hombre se la colocó y le revolvió el pelo.

- Que la Diosa proteja tu sueño. Que las magas te enseñen los colores de la vida. Que las hadas te cuenten historias alegres para dormir. Que las oscuridad no ahogue tu luz. Que duermas en paz, Naná. – El hombre colocó la palma de la mano en la frente de la niña. Y se dirigió a su jergón.
- Romel.-
- Duerme Naná, mañana tienes que ayudarme con la carreta.
-Solo una pregunta y me dormiré. Los ogros y los orcos no existen ¿verdad? Son sólo cuentos para que nos durmamos y no nos perdamos en el bosque ¿Verdad?
El hombre metió la mano debajo de su jergón y buscó el tacto conocido del cuero de la empuñadura de su espada.
-Ojalá no existieran Naná. Y ahora duérmete por la Diosa, o juro que mañana mismo te llevo a la Baronía a servir.
La niña cerró los ojos, nunca había visto un troll y no quería verlo nunca.
El hombre dejó descansar su mano sobre la empuñadura.
-Ojalá no existieran, Naná- Se dijo para sí- Y ojalá fueras una campesina de verdad. El hombre suspiró. Y, Naná,- pensando mientras cerraba los ojos- mañana sabrás que, en realidad, no te llamas Nana.

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Etiquetas: Labris

martes, 20 de diciembre de 2016

Historias para no dormir

¿os acordais de los capitulos que publique en este blog de la historia de la amazona?Pues ya me queda muy poco para acabar la primera parte aunque se encuentra en estado borrador, aun muy revisable y con falta de pulir algunos detalles. La historia de Labris y de las cosas que le acontecen esta creciendo, y de unas pocas hojas que publicaba de manera inconexa esta saliendo un relato largo...
Este es mi proyecto para el 2017, revisar y acabar esta historia que lleva rondandome por la cabeza durante años. Y quien sabe ¿Publicacion en el 2017?
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Etiquetas: historias para no dormir, Labris, ppro

martes, 31 de mayo de 2016

37!!!

Ya van 37. Y la última vez que me di cuenta de que cumplía años, que era consciente de lo que significaba, me quedaba un caho para llegar a la treintena... los 37 son rrrarrrros, porque ni estás en los 40 y ya pasaste los 30... estas ahí. Simplemente ahi. Una cosa no puede faltar en mis ahis(siempre pensativos, techudos, en los que me quedo mirando al techo dilucidando) y es la musica que no mueve los pies y las ideas. Ahís de ida y vuelta y remeneos. Siempre cumpliendo.


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Etiquetas: historias para no dormir, musica, pensamientos

jueves, 31 de diciembre de 2015

Desde el 2015 al 2016



Y este año que se va, con un montón de proyectos que terminé, que sigo y también que empiezo. Porque nada dura un año exactamente... 
Sólo podemos recapitular sobre lo vivido y ver y darnos cuenta, ser conscientes del tiempo que ha pasado y el que tenemos por delante.

Me gustaría que en este 2016 el Humedal se mantenga así de vacío, que no haya más asesinatos... que se note que el tiempo avanza para dejar la barbarie atrás, convirtamos la violencia en historia....en historias para no dormir. 

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sábado, 31 de octubre de 2015

Leyendo y pensando

En una de mis visitas libreras me topé con esta joya... publicado en 2011, se convirtió en lectura obligatoria de secundaria en Dinamarca.

La busqueda de significado de un grupo  de preadolescentes que intentan bajar del ciruelo a su compañero... buenísima lectura para pensar y para plantearse las cosas importantes que tenemos.



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Publicado por yosune en sábado, octubre 31, 2015 No hay comentarios:
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domingo, 9 de agosto de 2015

Recuperando espacios...

Y retomo este espacio, que a veces se toman su propio tiempo. Se recogen y descansan para llegar con mas fuerza, mas palabras y profundizar...

He llevado a cabo muchas lecturas en este tiempo, he llevado a cabo mas proyectos, mas vivencias y hay mas pensamientos y mas historias para contar.

Y ahora, en este hoy y en este momento, leo a Adrienne Reich, para recoger las palabras y el legado de esta mujer que visibilizo a las lesbianas en un tiempo muy dificil para todas las mujeres en general.



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Publicado por yosune en domingo, agosto 09, 2015 No hay comentarios:
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domingo, 16 de febrero de 2014

Tarde de poesía

Una tarde llena de juegos y de palabras... un libro que recomiendo.


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Publicado por yosune en domingo, febrero 16, 2014 No hay comentarios:
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jueves, 21 de noviembre de 2013

Hasta siempre, Angie.

http://amazonialibre.blogspot.com.es/   http://cursosdeangiesimonis.blogspot.com.es/

”Libre ante todo... Inconformista... Empeñada en cambiar un mundo que no cambia... Profunda y sensatamente REBELDE. Las palabras pueden cambiar el mundo, como siempre lo han hecho y las mujeres tenemos una gran responsabilidad en este nuevo siglo. En el anterior nos hicimos ver y oír, en este debemos actuar y luchar por la paz, la justicia y la igualdad de todos los seres humanos. No más guerra, no más niños muriendo de hambre, no más crímenes contra la Madre Tierra. No más valores que no valen nada, no más billetes manchados de muerte y dolor.”
Hoy te digo un hasta luego Angie y, desde  La ciudad de sal,  quiero rendirte un pequeño homenaje. Me acuerdo de aquel taller que diste para crear blogs, de aquel taller nace La ciudad de sal. De aquel taller donde explicaste paso a paso, cómo funcionar con bloguer y todos los demás, sobre las mujeres, sobre las representaciones culturales y la simbología y nos aportaste tu visión feminista de la vida  y también tu visión de la Diosa, aquella a la que decidiste darle la palabra.
 
 
Te dedico esta foto, en la que te presenté en unas jornadas hace unos años, aquí en Asturias.

¡Hasta siempre Angie!

Publicado por yosune en jueves, noviembre 21, 2013 No hay comentarios:
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La ciudad de sal

Este es mi espacio. La ciudad de sal.

El lugar donde todo puede ocurrir,

cuando desaparacen los edificios y llega

el olor del mar trayendo

consigo otros mundos y

otras vidas.

La ciudad de sal,

en la que sus habitantes saben y

huelen a sal...


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Me basta así (Ángel González)

Si yo fuera Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso; entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día, a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio. Oigo constelaciones: existes. Creo en ti. Eres. Me basta.

Bitácora (Cristina Peri Rossi)

No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.

(Lingüística general, 1979)

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