domingo 15 de noviembre de 2009

Capítulo 4

Capítulo 4 “La espera”

La expedición al desierto no acababa de volver y los soldados se mostraban muy tensos. Sin armas estaban perdidos, no serían capaces de rebatir ningún ataque.

En otras zonas también se habían organizado, la voz de alarma había llegado a todo el continente y, de manera misteriosa, había incluso atravesado el océano

El huerto comenzaba a lucir un aspecto desaliñado. Sin gente para cuidarlo, habían optado por mantener la parte que estaba a punto de dar fruto y abandonar el resto. Ya no tenían más hierro fundible para fabricar flechas. Las pocas armas que tenían brillaban, relucientes para evitar que se encasquillen. Y las municiones contadas y recontadas. Empezó a correr el rumor de que la expedición no volvería. Que habrían sido atacados por algún grupo zombi. Tony y Roberto, pero sobre todo Roberto, estaban muy nerviosos.

-Si no vienen no podremos mandar más coches, no podemos derrochar la poca gasolina y los pocos vehículos que quedan.

-Tienen que volver. Los gemelos siempre lo hacen.

-Ya pero no cuando están muertos, si se han encontrado con una emboscada no habrán podido con ellos.

La espera era horrible. Los únicos que estaban entretenidos eran Freak y sus amigos, los cuales llamaron a Luna cuando terminaron la catapulta.

-¿Ves? Ya está. Vamos a probarla.

Cargaron una piedra, tensaron la cuerda y la soltaron. La piedra estuvo a punto de aplastar al vigilante que, subido a una gruesa pared de hormigón, oteaba el horizonte.

-Necesitamos algo que la haga saltar más rápido un... un....-

-Un muelle- Alan apareció por detrás limpiándose las manos a su mandil. Se dirigió a la catapulta y la estudió dando vueltas a su alrededor.

-Un muelle de unos 10 centímetros de grosor puede servir, que mida unos tres metros y la colocáis aquí.- Y señaló un punto.- La cacerola debe ser más pequeña, que pese un poco menos y así lanzáis a más altura.

Todos le miraron alucinados.

-Era físico antes que cocinero- Y se encogió de hombr os.

Al día siguiente tenían hechos los arreglos y Alan les enseñó a calcular la distancia a la que podrían lanzar.

-Es cuestión de relacionar el peso de la piedra con el ángulo de lanzamiento, veréis...-

Tony observaba con un leve rictus de sorpresa en la cara, Luna fumaba sentada con los pies apoyados en la mesa.

-Al final sus esfuerzos valdrán para algo y míralos, están más fuertes que nunca.

El ejercicio de cortar, acarrear y montar la madera amén de transportar las piedras había dotado a los chicos de unos prominentes músculos en los brazos y en el pecho. Malik los llamó para su entrenamiento de tiro al arco.

-Y hombre.- Luna aspiró el humo- A alguno pillarán debajo, digo yo.-

Alan les concedió dos días de vida más a las vacas para que pudieran transportar más rocas.

-Si llenáis el cazo de piedras pequeñas también, crearéis el efecto de una lluvia, también eso puede hacer mucho daño.

Así que se dedicaron a llenar sacos de piedras del tamaño de una mano.

Ya no tenían más trucos, ni trampas ni nada.

La situación era agobiantemente peligrosa pero no se les ocurría nada más que pudieran hacer. Quedaban 15 días para el ataque. 15 días de espera, de espesa y tensa espera. La tensión era enorme y necesitaban romperla de alguna manera.

-Hagamos una fiesta.

En el cobertizo todos miraron a Alan.

-No podemos hacer nada hasta que los gemelos vuelvan, así que podríamos disfrutar un poco, por un día. Hacer un baile, un concurso de algo.... no sé.

Anne apoyó la idea y Adrian por supuesto. Los demás se miraron desconcertados.

-De acuerdo.

Se sacrificó una vaca para el convite. Algunos llevaron timbales y flautas. Y Alan llevó dos bidones llenos de cerveza.

El protagonista de la fiesta fue Adrian, que entre comida y cerveza se encontraba en su salsa. Hicieron un pequeño concurso de tiro al arco, quedando como finalistas Anne y Luna que disfrutaron de aquel reto, y lo dejaron empate. Y luego un campeonato de pulsos en el que Adrian se hizo el rey indiscutible. La cerveza corría. Ann eno permitía que el vaso de Luna estuviera vacío ni la dejaba un momento tranquila. Sabía que su pensamiento estaba con Débora y con los que habían huido al desierto. Cuando los timbales dejaron de sonar, se sentaron en el suelo de la choza. Luna escondió su rostro en el cuello de Anne.

-Anne, tú podrías ver si está bien Débora...- Anne asintió, sabría que se lo pediría. Apoyó su mano en la pulsera que Luna llevaba, se la había regalado Débora-

-Veo un edificio... todo es arena, y está bien. Tiene al niño de Aliana en brazos y sonríe...-

Luna suspiró y borracha, se durmió en brazos de Anne, que la abrazó como a una niña pequeña. Si la hubiera conocido antes de la llegada a Marte, no se habría fijado en ella nunca. Lo sabía porque Luna le había contado que antes era una estudiante de derecho. Anne no podía imaginársela con camisa y pantalones elegantes, ni con el pelo largo. Siempre había conocido a la guerrera Luna desaliñada, con el pelo corto, pantalones militares y camisa gris, siempre vigilante y expectante. Sólo medía un metro sesenta pero aprovechaba su baja estatura para escurrirse y luchar de una manera que ni Ann eni nadie había visto nunca. Y también era a la vez, capaz de reírse a carcajadas con las tonterías que le contaba Freak, una niña que se transformaba en la mejor luchadora cuando la situación lo requería. Le encantaban aquellos ojos capaces de tornarse en la mirada de una fiera y pasar al segundo a sonreír, en silencio. No podía imaginársela con gafas y cara de estudiante, como Luna le había contado que era antes. Ella siempre había sido así. Antes había sido motera, trabajaba en un garaje y los fines de semana se dedicaba a viajar de aquí para allá, como ahora.

Y ahora Luna había vuelto a ser la luchadora de siempre.

La fiesta se prolongó al amanecer, cuando Anne y Luna dormían abrazadas.

Pero el descanso no duró mucho.

Primero se oyó, lejano y atenuado, como un run-run. El vigilante levitó para observar quienes eran los que producían aquel ruido y se dirigió corriendo a la torre de control. Allí hizo sonar una sirena y se dirigió corriendo hacia la puerta.

-¡Ya vienen!

Durante un segundo todo el mundo creyó que eran los zombis y salieron corriendo, colocándose los cinturones con los espadines. Pero el vigilante ya había abierto la puerta.

-La expedición ya está aquí.- Y todos respiraron tranquilos.

Los gemelos se posaron orgullosos de un enorme trailer.

-La base estaba llena de zombis y acabamos con todos.

Arian le entregó un papel arrugado a Roberto.

-Están todas las cantidades aquí.

Al administrador se le iluminó la cara.

-Bazocas, ametralladoras, minas...

El administrador se subió al camión y comenzó a distribuir el arsenal.

Xuga se lanzó hacia la jarra de agua que Alan le llevó.

-Falta Ander.

-Una emboscada- Se limitó a decir Orion, mientras bebía directamente de la jarra.

Ander fue la primera baja que sufrieron antes de comenzar la lucha.

Delimitaron varias zonas del llano que rodeaba el poblado para colocar las minas y se repartieron las armas en función de las capacidades y habilidades de cada uno. Los gemelos recibieron a sus novias con los brazos abiertos y luego se dirigieron a la torre de mando. Orion tenía un fajo de papeles que le tendió a Tony.

-Guiamos a los que huían al desierto a la base, se esconden allí ahora. Pero lo mejor es esto...-

“Proyecto Marte”.-

El proyecto Marte era una misión de investigación mandada a Marte. Se le dio una gran importancia y aquel día todo el mundo estaba pegado al televisor.cd

Desde aquella base militar, por lo que Tony iba leyendo, se había organizado la seguridad del proyecto, pero lo que encontraron los gemelos no sólo era el sistema de vigilancia sino un experimento sobre la aplicación de rayos ondas a través de la televisión. Y cómo incidía en un determinado gen, regulador de las radiaciones psíquicas del cerebro humano. Tony leyó aquellos papeles durante toda la noche, mientras los demás organizaban la defensa del campamento.

La llegada a Marte era una manera de mantener a la gente delante del televisor. Por eso se dio tanto bombo a la llegada a Marte de la nave investigadora. Las ondas llevaban una programación muy clara, se crearía una conexión mental de todo el mundo, conexión comandada por un equipo de científicos. El experimento consistía en crear aquel hilo entre todas las mentes durante unos minutos, pero algo falló y millones de personas quedaron mentalmente anuladas, sólo el instinto permaneció. De un plumazo todos los recuerdos y conocimientos fueron anulados. Entre los papeles había un diario, una especie de cuaderno de bitácora de aquel experimento. Lo había escrito uno de los científicos.

“Durante años llevamos haciendo estos experimentos, con ratas de laboratorio y primates con resultados muy satisfactorios. Al experimentar con humanos, los resultados fueron más que excelentes, puesto que el cerebro humano es mucho más grande y deja menos espacio para el instinto y controles básicos y más espacio para la memoria y el aprendizaje, justo la parte que el gen controla y la parte que podemos controlar a partir de los rayos ondas. Gracias a la experimentación pudimos concluir algo que en la ficción se había explotado: la existencia de la telepatía. La capacidad del cerebro para comunicarse con otro a través de señales mentales, y la capacidad para controlar el tiempo y el espacio. ”

Ahora Tony se explicaba de dónde salía la capacidad de levitar y los poderes de los humanos.

“Durante años luchamos para hacer que la comunicación mental pudiera reproducirse para todos los humanos y gracias al señor T, la investigación puede extenderse a todo el grueso de las personas”

“El 15 de mayo lanzaremos los rayos a través de televisión, en la emisión de la llegada a Marte de una nave”

Tony se saltó los preparativos y buscó el momento en que aquellos rayos se emitieron por la tele.

El señor Laudan, director de la investigación, debía apretar el botón que permitiría que los rayos llegaran a todos los satélites para que la señal llegara a todas las televisiones. La señal estaba programada para lograr una interacción total de todos los cerebros de las personas que en aquel momentos vieran la tele, esta interacción duraría unos minutos, lo suficiente para recabar información para seguir investigando.

Pero algo sucedió. El señor Laudan parecía muy tenso y nervioso, en el momento de lanzar la señal me puse pálido, el disco que había introducido no era el programado por nosotros, yo era el único que me había dado cuenta. Sobre todo porque había sido yo quien había diseñado aquel disco y quien había introducido la información necesaria, me había pasado meses dándole vueltas a aquel disco, perfeccionándolo, buscando el material adecuado, y el disco que el señor Laudan había introducido en el ordenador no era el que le había entregado. Cogí a Laura del brazo y tiré hacia Laudan, le dije que por qué no había introducido mi disco y simplemente apretó el botón. No sabía qué información podía contener pero sabía que no había nada bueno, si no Laudan hubiera informado de un cambio a última hora y no lo había hecho. Mis colegas me sujetaron, sin saber qué ocurría, y les grité que pararan el programa. Todos, incluida Laura me miraban extrañados, pero Laudan apoyó mis palabras al sacar del bolso un revólver y apuntarnos con él. Quédense quietos y no hagan ninguna tontería. Todos le miramos entre sorprendidos y extrañados, y ocurrió. También nosotros estábamos sujetos al experimento, pero procuré no mirar a la pantalla. Los hombres que me sujetaban comenzaron a gritar y a apretarse la cabeza como si algo se la estuviera presionando. Laudan entonces, consciente de lo que ocurría, paró el programa a duras penas y la emisión no llegó a lanzarse completamente, pero el daño ya estaba hecho. Nos quedamos encerrados en el laboratorio, los soldados habían visto la emisión y corrían por los pasillos, como locos, disparándose y matándose entre ellos. Sólo unos pocos no habían visto la televisión, y murieron sin saber porqué sus compañeros les atacaban.”

A partir de aquí el relato contaba cómo habían intentado sobrevivir y cómo al final los soldados consiguieron entrar en el laboratorio.ojo

Tony salió de la choza y aspiró el aire nocturno, demasiadas cosas para una noche, al día siguiente les explicaría qué era lo que había ocurrido. El corte de la emisión era lo que había provocado que algunos no se hubieran vueltos locos, y que desarrollaran los poderes que ahora tenían. Recordó aquella llegada a Marte, estaba sentado en el sofá, haciendo tiempo para celebrar un funeral, no había notado nada extraño... hasta que salió a la calle. Y también se explicaba porqué algunos no tenían poderes ni se habían vuelto locos, como Adrian. Simplemente no habían visto la retransmisión.

Al día convocó una reunión y les explicó lo sucedido. Todos se asombraron, pero no tenían tiempo para lamentaciones, tenían que defenderse de aquella gente. Pero Tony estuvo a punto de sufrir un ataque de nervios, los días posteriores a aquel suceso, había estado a punto de volverse loco, buscando una explicación a todo lo que estaba ocurriendo. Y ahora, después de cinco años en los que había aprendido a no cuestionarse lo que ocurría y simplemente sobrevivir, descubría el porqué de toda aquella locura que había sacudido al mundo. Luna posó una mano en su hombro.

-Lo que ha ocurrido ya no puede solucionarse.

-Pero son millones, millones de personas anuladas por un experimento, por un triste y ruin experimento. Es... increíble.- Y suspiró.

Luna sabía que si dejaba que Tony se derrumbara, los demás también lo harían. También ella estaba enfadada, no sabía qué pensar ni qué sentir, pero lo último que les hacía falta era pasar por aquello ante el ataque inminente de los zombis. Necesitaban toda su fuerza física pero también la fuerza moral para sobrevivir.

-No puedes abandonar ahora Tony, te necesitamos. Esas personas no son culpables de lo que ocurre, pero no podemos hacer otra cosa aparte de defendernos, son ellos o nosotros.

Tony salió del cobertizo mientras que los papeles que había leído iban pasando por las manos de los sorprendidos soldados.

Faltaban cuatro días para la fecha del ataque que el Oráculo había predicho. Doblaron las guardias y comenzaron a llegar coches de otras comunas. Habían concluido que unidos tendrían más probabilidades de sobrevivir. Dejaron los caminos plagados de minas y de trampas.

Freak enseñaba su catapulta la cual contrastaba con las armas que los soldados portaban. Habían reforzado el muro que protegía el poblado con hormigón que encontraron en una cantera abandonada, la comuna era prácticamente inexpugnable.

Tony se encerró en su choza, y los demás decidieron dejarlo tranquilo y seguir con los preparativos.

El huerto, que tanto habían cuidado, estaba ocupado por los coches. Si los zombis lograban entrar tendrían que huir y los dejaron a punto para irse.

La última noche Luna y Ann durmieron abrazadas. Freak y sus amigos se quedaron en la catapulta y Malik les dio su última clase como soldado. Había fabricado unos pequeños colgantes con el dibujo de la cruz roja que tenían como insignia y unos cuchillos que les entregó.

Adrian sorteó unos cuantos cuerpos que dormían en el suelo para llegar a la choza de Tony. Se encontró con la misma imagen, desaliñada y desencajada de hace cinco años. No llevaba el alza-cuellos pero estaba arrodillado ante una cruz de madera. Y Adrian se alegró de no haberlo matado la primera vez que lo vio. Lo había confundido con un zombi. Con aquel pelo largo y aquella mirada perdida. Pero en el último momento se dio cuenta de que aquello no era locura sino tristeza. Ahora volvía a ver aquel hombre, triste porque no entendía qué le ocurría al mundo. Pero su mirada era diferente, tenía un brillo diferente.

Tony se levantó y comenzó a prepararse.

sábado 14 de noviembre de 2009

IV Jornadas de Políticas Lésbicas

Sigo sin hacer una valoración, pero este vídeo es un resumen de las actividades del Área de Políticas Lésbicas de la FELGTB, enchufad los altavoces y subid el volumen….

jueves 12 de noviembre de 2009

Una historia para el invierno

elhobbit

Una historia para el invierno, El hobbit, una novela gráfica que cuenta las andanzas de Bilbo y Gandalf. Perfecta para leer al abrigo de la estufe, la manta y en el sofá…

sábado 7 de noviembre de 2009

Amar en los tiempos de cólera

Título muy famoso de Gabriel García Márquez. La primera vez que lo escuché me pareció que hablaba del amor en los tiempos de adolescencia, por ser éste período un estado de cólera semi constante…

Hoy estuve mirando las cosas que tenemos que recoger para hacer la mudanza, ésta es la enésima ya. Y siempre me pasa lo mismo, cuando llego a las libretas donde descargaba mis inquietudes, sueños y reflexiones en mi adolescencia. Siempre comienzo  las mudanzas  con un “hoy todo a la basura, paso de estar con todo este trasterío de mudanza en mudanza”, idea que se va en cuanto abro una de las libretas y releo aquellas historias que escribía mientras sentía a mi madre preparar la cena en la cocina de carbón en mi Macondo personal, ese pueblín del interior, surrealista y mágico donde pasé mi niñez y adolescencia. Me siento ridícula, y me río a la vez que me sonrojo, por lo mal redactadas que están las historias y las poesías, y  por las cosas que sentía. Pero ahí están y por mal expresado y escrito que esté, era lo que sentía y lo que me tocaba sufrir en aquellos años. La verdad es que nunca se me habría ocurrido publicar, ni enseñar ni leer estos escritos a nadie, pero hace unos años, después de este furor adolescente y antes de conocer a mi compañera Soraya, una amiga mía me dijo que era lesbiana de una manera muy particular. Ella ya sabía que yo era bollín pero no se atrevía a decirme que ella también. Un día en su casa nos quedamos hasta las tantas de la noche hablando. Y hablando y hablando me contó que tenía unas cartas que había escrito cuando tenía dieciséis años. Le pedí que me leyera alguna pero se negaba, se moría de la vergüenza, le juré que no me reiría y que no diría ni mu y entonces accedió. Las cartas iban dirigidas a una chica de la que estaba enamorada. Juro que en la primera carta, no me reí ni nada, en la segunda miré para otro lado  tapándome la cara para no echar la carcajada y en la tercera acabamos retorcidas a las cuatro de la mañana en el sofá llorando de la risa. A ella se le quitó la vergüenza en cuanto vio que yo había pasado por lo mismo y que no me reía de ella, sino de aquellos años de silencio y de tener que escribirlo todo en libretas secretas porque no te atrevías a contarle a nadie que te habías enamorado de una chica, le dije que se riera, que no íbamos a recuperar aquel tiempo y que lo mejor que podíamos hacer era reírnos y mirar hacia adelante. Por eso ahora me gustaría compartir este manuscrito con vosotr@s, para que os riais conmigo, para que recordéis vuestros amores de la adolescencia y para que no se os olviden nunca.

 

folio3folio4

Ocho libretas mas un montón de hojas sueltas. Eso es lo que ocupan mis escritos hasta que los ordenadores llegaron a  la biblioteca pública de Macondo y ya podía meterlos en disketes.

Éstas son dos hojas de libreta escaneadas, en ella cuento una historia. Una historia de amor adolescente, una historia iniciática sobre la literatura y sobre la vida….

Paso a transcribirla, ya sé que mi letra es horrible, ya no la entiendo casi ni yo…

La época es en la facultad con veinte años o quizás veintiuno, sé que fue antes de irme de Macondo.

Cuando escribí esto no existían los blogs ni el multimedia 2.0, pero si hubiera existido, este blog sería  ya kilométrico, habría vertido todos mis pensamientos y mis historias…en fin, seguirán en mis libretas  de cuadrícula y mis hojas sueltas.

“Conocí la poesía a la vez que me enamoraba por primera vez. De hecho me enamoré de mi profesora de literatura. Cuando leíamos a Antonio Machado me parecía que todas las poesías iban dirigidas a ella. Y cuando leíamos a Juan Ramón Jiménez yo cambiaba el sonoro nombre del amor del poeta: Zenobia, por el de mi profesora, más prosaico y menos… ocurrente: Mercedes.

No la conocía, pero absorbía sus palabras, me … (no entiendo esta palabra) en aquellas clases de literatura. Las metáforas, onomatopeyas, símiles… se me ocurrían ejemplos de todas las figuras literarias con sólo pensar en su pelo, en su sonrisa, en aquella mirada enfurecida a veces.

Imaginaba miles de situaciones por las que podía acercarme a ella y declararme. Pero la realidad siempre va mucho más deprisa que los sueños, cosa que aprendí muchos años después , cuando el rechazo es ya una costumbre para mí. Y es que, las poetas no están destinados en el mundo para ser (… otra palabra que no entiendo), solo para amar. Por ella, por Mercedes, me hice poetisa. Imité a Lorca, temblé ante la claridad de Cernuda, descubrí la sencillez del mundo de la mano de Neruda.. la metafísica de Borges y de W. Blake. La soledad de Herman Hesse…El saberme no entendida con Silvia Plath y Anne Sexton.

Ahora, todos mis amores me parecen cabos ridículos de aquellos ojos. Ella era mi musa y la correctora de mis poemas. Nunca supo que aquel torrente de palabras eran para ella. Pero supo de mi amor. A la vez que me di cuenta de que era un desastre escribiendo cartas de amor.

Y ahora ya pasó. Me hice mayor, pero no se me olvidaron las palabras de los y las grandes. Ella ya no está en mi vida. Tardé demasiado tiempo en olvidarme. Y es que el recuerdo impone créditos a muy largo plazo, difíciles de pagar.

Sigo leyendo y sigo escribiendo. Ya no pienso en ella. Sólo cuando me siento triste y vacía aparece su recuerdo. No sé por qué, pero llega y se instala en mi alma.”

lunes 2 de noviembre de 2009

Capítulo 3 Preparativos

Ayer terminaron las jornadas pero estoy muy cansada para hacer una valoración… prometo un post con fotos y comentarios ok???

Sigo dando la tabarra con el relato… jajaja.

ciudad abandonada2

Al llegar, el comedor estaba repleto de gente del poblado y también de fuera. Y siguieron llegando al correrse la voz entre las comunas.

En tres días estuvieron allí los jefes de defensa de cinco comunas.

Tony y Adrian estaban desbordados.

Luna contó lo que sabía en el comedor y muchos hablaron de huir hacia el desierto. Intentaron convencerse los unos a los otros y algunos llegaron a las manos. Tony impuso orden y habló en contra de su costumbre.

- Nadie está obligado a quedarse, quien quiera irse puede hacerlo.

Y varias familias se levantaron para hacer los preparativos.

Los jefes de defensa acordaron volver en cuanto hubieran tomado una decisión en sus respectivos poblados.

Luna se fue a su choza, estaba agotada más que por el viaje, por las discusiones en el comedor. Aún no había saludado a Débora y se la encontró preparando una bolsa de viaje.

- No quiero dejar sola a Aliana con el niño. Los caminos son muy duros.

Luna se sentó en su cama.

- Si os vais, os encontraréis a merced de los zombis en zona descubierta, y esta vez están armados.

- Si vamos al desierto no nos encontrarán. - Las dos sabían que sería muy difícil la vida en el desierto y que muchos morirían.

Luna abrió un pequeño baúl que había debajo de su cama y sacó una foto suya, de hace muchos años, en la cual ya no se reconocía, ni a ella ni a las personas que también estaban. Se la entregó a Débora y ésta comenzó a llorar.

- Ya no me necesitas Luna- Se sonó la nariz.

- Siempre te necesitaré Débora y aquí estaré.

Débora la abrazó, cogió sus cosas y salió sin mirar atrás. Luna la observó mientras se prometía a sí misma que no permitirían que los zombis llegaran al desierto.

A la mañana siguiente pocos estaban en los campos. Tony y Roberto hacían el recuento de los que se habían quedado.

- Somos 123.- El administrador apuntaba cantidades de comida disponibles.

- Luego empezaré por las armas y las municiones. Ya han empezado a fabricar más flechas.

Para cuando llegaran las otras comunidades tenían que tenerlo todo preparado para realizar un cálculo sobre las posibilidades de éxito y de supervivencia, aunque no era necesario, mucha gente, armas y municiones que llegaran, no podrían soportar un ataque de aquel calibre. Roberto intentaba no pensar en ello.

- Podríamos hacer una expedición a la base militar que está a treinta kilómetros de aquí. Es posible que aún queden armas y municiones utilizables.

Tony seguía contando.

- Puede resultar peligroso, los zombis también estarán buscando armas.

- Sólo con arcos y flechas no hacemos nada.

Tony levantó la cabeza y sacó de un pequeño armario un mapa.

- Hay una base militar a unos cincuenta kilómetros de aquí, en el desierto. Es un punto estratégico o hace años lo era.

- No sabíamos nada de eso.

- Lo reservaba para una situación como... ésta.

- Es decir, desesperada. Pues muy bien, iremos.

Luna estudió el mapa. Cualquier cosa que pudiera ayudar se tornaba imprescindible. Su mirada se perdió un segundo. La sensación que durante años había tenido de peligro e inseguridad volvió de repente. Pero se centró de nuevo en el mapa. Necesitaban armas de largo alcance.

Freak llegó corriendo con un montón de papeles amarillos.

- Tengo algo que puede ayudarnos si podemos construirlo.

Las hojas pertenecían a un antiguo libro de historia medieval y en él aparecían las armas que se usaba en aquella época, entre ellas una catapulta.

Luna sonrió y Tony abrió la boca dispuesto a reprobarlo por hacerle perder el tiempo en tonterías, pero Luna se le adelantó.

- Bien Freak, tú y tus compañeros podéis trabajar en eso, pero debéis buscar los materiales por vuestra cuenta y sin interferir en las órdenes que os dé Malik ¿De acuerdo?-

El muchacho asintió y salió corriendo a contárselo a sus compañeros. Tony miró a Luna contrariado.

- Tranquilo, funcionen o no funcionen esas ideas es una manera de mantenerlos entretenidos, si se dan cuenta de lo que nos vienen encima, acabarán yéndose al desierto o pelearán asustados. Además así no estorbarán a los demás y será un buen entrenamiento, por lo que pude ver en el dibujo tendrán que cortar un montón de leña.

Tony asintió con la cabeza.

- Mientras sigan construyendo flechas, me parece bien.

Durante los siguientes días llegaron emisarios de todas las comunas. Aquella se había convertido en el centro de operaciones.

Se propuso hacer la expedición en busca de armas y otra a Ciudad Zinc para ver qué hacían los zombis. Lucas y Marian habían llegado aquel mismo día y se presentaron voluntarios para ir a la ciudad.

Los mejores luchadores de la zona habían ido a la comuna.

Los gemelos Arian y Orion de la comuna Este, de unos 25 años, muy musculosos y atractivos. Xuga una atraedora de objetos que aprovechaba su talento para luchar.

Ander, del poblado Azul que veía de noche y Jana del poblado Sur, excelente rastreadora.

Arian y Orion se ofrecieron para ir a la base militar, también Xuga y Ander. Dos coches salieron para allá.

Para ir a Ciudad Zinc irían Adrian y Luna, solos. El peligro obligaba a intentar reducir las bajas al mínimo. Adrian y Luna habían estado en muchas ciudades y conocían la manera de pasar inadvertidos. Pero a Anne no le gustó la idea.

- Hay un montón de gente dispuesta a hacer ese trabajo, no vayas.

- Lo sé pero tengo que ir. Esto no es proteger una caravana, está en juego muchas cosas.

Como respuesta le dio la espalda y se dirigió a su choza.

Adrian lo tenía preparado todo y el otro coche ya había salido.

En el bosque que se encontraba a unos trescientos metros, vieron cómo Freak y los chicos más jóvenes derribaban árboles y los acarreaban hasta la comuna.

A diez kilómetros de la ciudad escondieron el coche y siguieron a pie por las antiguas autopistas, llenas de coches parados desde hacía años.

En los suburbios se encontraron con algunos zombis, pero ocurría una cosa curiosa. Veían muy poco pero podía escucharse el griterío de miles de ellos. Sentían gruñidos y les daba la sensación de que no estaban solos, pero en los edificios medio derruidos no había nadie. Luna se agachó y aplicó el oído a una alcantarilla.

- Están ahí abajo.

Adrian resopló.

- Debe ser que aquí no hay suficiente mierda y tienen que bajar a buscarla.

- Pues tendremos que bajar.

Se taparon con unas mantas andrajosas y se untaron la cara de barro para pasar inadvertidos.

Luna aspiró aire fresco antes de bajar por la alcantarilla. Se adentraron en la oscuridad, y llegaron al lugar donde se encontraba la auténtica ciudad.

Había miles, miles de zombis hacinados allí abajo. Se pegaban a las paredes, se sentaban en el suelo mojado, y emitían aquellos gruñidos guturales. Preparados para un ataque fortuito, se sorprendieron al ver que no hay peleas ni riñas. Eran cientos, miles allí abajo hacinados... y armados hasta los dientes.

Adrian se arrimó a Luna .

-Voy a vomitar, esto está irrespirable.

-Aguanta un poco.- A medida que iban adentrándose por un pasillo escuchaban, de manera más nítida una voz, gutural y horrible y la luz exterior cayó sobre ellos proveniente de una alcantarilla abierta por la que salía en fila india un montón de zombis. Subieron ellos también y aparecieron en una plaza en la cual miles de zombis estaban sentados en el suelo, escuchando aquella voz.ciudad abandonada

-El mundo es nuestro. Haremos desaparecer a los humanos...-

La pareja le escuchaba sentada en el suelo. Junto a Luna un niño de unos diez años se sentaba. Sus dientes eran negros y los mocos se le caían por los dientes. Tenía un montón de calvas en la cabeza. En algún momento de su vida había sido rubio. Permaneció allí sentado, quieto, como si alguien o algo bloqueara su cerebro. Del centro de la plaza surgió una figura que se elevó, levitando, por encima de sus cabezas. La pareja lo miró atónita.

- ¿Puede levitar?

Pero la demostración no había concluido, con un movimiento de manos hizo que las armas de los que estaban más cerca fueran atraídas hacia él.

Parecía comprobar el estado de su truculento ejército, emitiendo sonidos guturales, pero perfectamente entendibles, sobre cómo estaban las armas.

El hombre se posó en el suelo. No parecía zombi, iba bien vestido con un traje de cuero negro, el pelo corto y rubio y sus andares eran normales y acompasados.

Pero la voz tan inhumana que salía de él y aquellos ojos brillantes... se fijaron un segundo en Luna, la cual palideció y tirando del brazo de Adrian se dirigió arrastrándose hacia una de las salidas.

- Vámonos, Adrian, y rápido.

Salieron cuidadosamente de allí y echaron a correr por entre las calles vacías. Al llegar a la autopista de nuevo, hicieron un alto.

-¿Qué ha ocurrido para que saliéramos así?

-A ese tipo lo conozco... bueno sale en mi sueño. Pero no tenía esos ojos, ¡Dios! Es horrible. Es el hombre del que habla la Profecía.

-Pero es imposible. Antes de la llegada a Marte no había zombis y la llegada fue hace cinco años sólo. Ese tipo tenía unos cuantos más.

-Te digo que es él.

-¿Y qué hace en tu sueño?

-Nada, solo pedirme fuego.

Salieron de allí en busca de los coches. Salieron a gran velocidad mientras encendían un cigarro.

De repente una bala atravesó el cristal trasero y cruzó entre ellos pasando también por el delantero. Un coche les perseguía a gran velocidad por la autopista. Luna sacó una ametralladora mientras Adrian seguí concentrado en la carretera para esquivar los coches abandonados. Luna fue a la parte de atrás y soltó una ráfaga que rompió el cristal delantero y acribilló al conductor. Los dos coches iban pegados. Luna dio una patada al cristal y saltó a la capota del otro, se sujetó con una mano, mientras con la otra ya había desenfundado una espada con la que atravesó al copiloto que intentaba controlar el coche. Los zombis que estaban sentados detrás soltaron otra ráfaga de ametralladora, pero Luna ya se había soltado, rodando por la carretera mientras el coche sin control chocó contra una valla publicitaria. Adrian frenó en seco y dando marcha atrás paró justo al lado de Luna, abrió la puerta y sujetándolas por los pantalones tiró de ella hacia dentro. La dejó tumbada a su lado echa un ovillo.

-¡Luna, Luna! - El hombre la sacudió. Luna intentó abrir los ojos y le miró con ellos entrecerrados.

-Dame un poco de agua, se me ha metido arena en los ojos y no veo nada.

El fortachón le tendió su cantimplora. Al desatar el pañuelo que llevaba siempre al cuello, Luna vio su mano izquierda ensangrentada y llena de pequeños cristales, se limpió los ojos como pudo y con el mismo pañuelo mojado se vendó la mano. Un imponedor de manos se la curaría en condiciones.

-Chica, cada día me sorprendes más. Mira que lanzarte al coche... podrías haberles disparado simplemente ¿No?

-¿Y gastar más munición? Además sabes que no me entiendo con las metralletas. Soy de la antigua escuela.

-Sí- Repuso Adrian- De las que se matan subida al capó de un coche.

Tenía el pelo y la ropa llena de polvo y se sacudió. Luego cogió el resto de cigarro que había dejado encima de la guantera y lo encendió de nuevo.

-Acelera, solo tengo una mano para defendernos de otro ataque.

Dos horas más tarde ya estaban en el poblado. Un imponedor de manos le sacó uno a uno todos los cristales visibles y se la vendó. Luego aplicó sus manos a las vendas.

- Enseguida se te cerrarán las heridas.

Adrian entretanto les estaba contando lo sucedido a los demás en el comedor.

Tony estaba pálido. catapulta

-No podemos enfrentarnos a un tipo que controla zombis y que tiene poderes. Y menos a un demonio.

Nadie era capaz de encontrar una explicación a todo aquello. Al entrar Luna habló.

-Shine tenía razón, mi sueño tiene que ver con todo esto, pero no sé por qué. ¿Aún no ha llegado la expedición del desierto?

-No. – Respondió Tony. – Pero no tardarán mucho.

Al anochecer, Luna se dirigió a la choza de Anne, la marcha de Débora y la llegada de más gente al poblado hizo que la dejara abierta para que la ocupara quien quisiera. Anne aguardaba afilando un cuchillo con una piedra.

Luna se desnudó y se lavó a conciencia. Anne tocó su espalda.

-La tienes llena de arañazos. Espera.

Sacó un bote con una crema y se la untó por los arañazos. Buscó en los brazos y se la untó. Luna se acercó para besarla pero Anne cerró el bote y se tumbó en la cama. Luna se puso una camiseta e hizo lo mismo a su lado. La abrazó.

-Tengo que soñar con ese A- Non para recordar quién es. Ayúdame. -Y Anne posó una mano en sus ojos. Aquella noche soñarían juntas.

Luna se levantó sudorosa y asustada y Anne al contrario, tranquila y serena.

-No sé por qué te angustia tanto ese sueño. Sólo se ve gente y la ciudad, no hay peligro.

-¿No has visto al tipo que me pedía fuego? Ese es A-Non, estoy segura.

Luna se levantó en medio de la oscuridad y miró por la única ventana de la choza. Desde allí divisaba las sombras de los vigilantes que veían de noche. La luna llena proyectaba luz y sombras en todo el poblado.

-Luna, tienes que recordar por qué te asusta tanto ese sueño.- Y se durmió. Luna encendió un cigarro y se quedó allí dejando que el rocío le bajara la fiebre.

Al día siguiente todos se levantaron con el ruido de hachas y de martillos golpeteando. Adrian gruñó desde su choza. Freak y sus compañeros comenzaban a construir la catapulta y empezaban con una plataforma con ruedas.

Luna le dedicó una enorme sonrisa al pelirrojo, al pasar a su lado. Al contrario de Alan que los echó de allí. Estaban muy cerca de la cocina.

-¿Es que queréis llenarme la comida de virutas de madera?

Freak corrió detrás de Luna con unos papeles.

-Verás, esto es lo que queremos hacer. Con la madera que tenemos nos parece que es suficiente. En tres días estará terminada.

Luna prestó atención al papel.

-¿Y ya tenéis los proyectiles? ¿Qué son piedras? Pues tienen que ser grandes.

El rostro de Freak palideció.

- Claro, claro. Los proyectiles.- Frenó en seco y volvió hacia sus compañeros para iniciar una discusión. Ninguno había pensado en cómo iban a conseguir las piedras. Luna siguió su camino hacia la torre de vigilancia, mientras sonreía.

Malik les gritó que necesitaba ayuda con las flechas desde la entrada de la choza y los chicos fueron hacia allí discutiendo y gritando. Luna seguía sonriendo pero se puso seria al momento. En la torre de control no estaban las cosas para humores. La mesa aparecía llena de papeles desparramados.

-Ya está- Tony comprobó los papeles que Roberto le entregó.

En total, contamos con la ayuda de 7 comunas con una media de unas 120 personas por cada una. O sea que somos... 960, frente a unos... 2 millones de zombis, tirando por lo bajo. Tocamos a dos mil ochocientos tres cada uno.

Roberto se limpió el sudor que aún no le había salido en la frente.

-Es una locura. No podemos parar un ataque así.

-Antes eran mucho más y nosotros no estábamos organizados y pudimos con ellos ¿no?

-Sí pero antes no tenían armas ni venían preparados.

Freak entró en la sala.

-Tony tengo que pedirte algo. Necesitaríamos los coches para acarrear las piedras que usaremos como proyectiles para la catapulta...- Pero no tuvo tiempo de acabar.

-Imposible, necesitamos toda la gasolina disponible.

-Pero, pero... – La mirada de Tony le hizo desistir. Luna se lo llevó aparte.

-Van a matar a las vacas para hacer acopio de víveres, pedídselas a Alan, ellas podrán con las piedras.

-Está bien- Y salió como una exhalación.

Cargados con picos y azadas y tirando de las vacas se dirigieron al bosque en busca de rocas grandes. Llevaron unas antiguas redes de pesca para sujetar las piedras a las vacas. Aquella tarde llevaron más de quince.

En la choza Luna se cambió la venda por una nueva y se examinó las heridas casi cerradas. Algún cristal se le había quedado dentro, pero no le dolían. No había visto a Anne en todo el día. Se lo había pasado arreglando el coche de Adrian, que después de la visita a Ciudad Zinc, había quedado un poco maltrecho.

Entró agotada.

-Han dejado las piedras apiladas al lado de la cocina. Habrá que ver si ese trasto que han construido de madera funciona.

jueves 22 de octubre de 2009

Esta semana y la siguiente no habrá posts… estaré aquí…

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Os animo a todas a que participéis, a que vengáis a la inauguración de estas jornadas, planteadas como una oferta a la formación de aquellas mujeres que quieren trabajar por lo que es suyo, por lo que es nuestro, nuestra libertad para ser y sentir lo que nosotras queramos. Por nuestros derechos y por los de todas aquellas mujeres que viven en una situación de discriminación … si tú también quieres cambiar el mundo… ven a estas jornadas¡¡¡¡¡

http://www.xega.org/xega/documentacion/lesbianas/jornadas_de_politicas_lesbicas, pincha aquí para tener toda la información¡¡¡¡

¡¡¡Aiii, qué nervios!!!

domingo 18 de octubre de 2009

Castillos en el aire

Soraya y yo nos compramos una papeleta para jugar el Euromillón que tiene de bote 43 millones de euros, casi ná¡¡¡

Siempre que compramos algún boleto comenzamos a soñar, primero por lo más urgente, un pisín curiosín, un coche para poder andar pá allá y p´a cá… y luego  me pongo a pensar y me encantaría tener un castillo. No uno de esos pijos y aburridos tipo Buckhingam  (creo que se escribe así) no  un palacio de nueva rica, sino un castillo de piedra, con sus almenas, sus pasillos, sus sótanos  y habitaciones secretas, con caballerizas y caballos, una zona de tiro al arco, con un montón de espadas (melladas), escudos…y montar en verano campamentos para niños, con temática medieval, aprender a convivir con el medio ambiente, reflexionar sobre la historia medieval, qué pasaba con las jerarquías estamentarias y con la sociedad. Por qué las mujeres cumplían un papel y los hombres otro e intentar recrear de manera equitativa y construir un mundo de fantasía, cooperativo, participativo e igualitario. Y hacer juegos de rol reales por el castillo.  Y luego en invierno, convertirlo en un balneario y una especie de casa rural, con conciertos de música celta por la noche y veladas a la luz de la luna…

Es un bonito sueño, sobre todo porque con el suficiente dinero podría montarse para niños que vienen de familias sin recursos, sin que les cueste nada…

De momento y hasta que no toque una cuantiosa lotería es sólo un castillo en el aire…

castillos1  castillo4

 castillo3