miércoles 2 de diciembre de 2009

Capítulo 8

Capítulo 8 “la intuición”

Pasaron varios meses, en los que reconstruyeron por completo la comuna. Las relaciones entre el poblado y el Oráculo se estrecharon puesto que los demás poblados habían desaparecido por completo y la población había menguado considerablemente. La mayoría de los soldados volvieron al trabajo en el huerto y a cuidar el poco ganado que les quedaba.

La vigilancia de Ciudad Zinc en un principio reforzada con los telépatas, fue relajándose cada vez más, hasta que, aparte de Shine y algunos más todos volvieran a su rutina.

En el poblado únicamente la catapulta recordaba aquellos días sangrientos. Todo había vuelto a la normalidad.

El niño de Aliana ya casi sabía andar. Freak era lo suficientemente independiente y enseñaba a cazar a los niños más pequeños. Había empezado a relacionarse con un chica vidente, Ariadna, huérfana como él.

Ann y Luna vivían juntas. Luna aún tenía pesadillas algunas noches y Ann estaba preocupada, no veía muy convencida a Luna de que si se encontraban con A- Non deberían acabar con él. Además Aliar se comportaba de manera muy extraño desde que habían ido en busca de A-Non. Todos los días lo encontraba, al atardecer, paseando en dirección Ciudad Zinc, y por unos momentos se quedaba mirando fijamente hacia allí, en silencio. Anne, se dio cuenta de que no observaba simplemente, se estaba comunicando o esa sensación daba al menos. En más de un ocasión lo rozó con las manos para intentar tener una visión sin resultados. Había decidido vigilarlo pero el paso del tiempo y la tranquilidad permitieron que bajara la guardia.

Aliar esperaba la señal. A-Non enseguida se repondría de sus heridas y les atacaría. Para llevar a cabo su plan necesitaba atacar por sorpresa al poblado. En los demás lugares del mundo iniciaría un ataque para acabar con los últimos focos de resistencia humana. El destino había querido que la mayor amenaza para los humanos y también el único que podía evitar el desastre, vivieran a escasos kilómetros de distancia.

Shine se convirtió en aquellos meses, en un experto cazador. Sus poderes, unidos a las enseñanzas de Freak y los consejos de Adrian terminaron por convertirlo en un buen guerrero y cazador. Disfrutaba con el esfuerzo físico. En el Oráculo había pasado por enormes esfuerzos mentales, como parte de su formación, pero no le habían permitido nunca cazar, ni manejar ningún arma. Aquello le hizo pasar de un muchacho larguirucho, débil y torpe a un hombre, con músculos prominentes, ágil y sobre todo más alegre y animado. El encuentro con A-non le obligó a madurar rápidamente y a aprender a vencer sus miedos. El único vestigio de aquella lucha eran sus ojos, completamente blancos.

Adrian descansó durante aquellos meses. Pero la inactividad le indujo a preparar un coche y una bolsa de viaje. Quería viajar a otras comunas para saber lo que ocurría en ellas y para echar una mano en lo que pudiera. Nadie objetó nada. Sabían que siempre volvía en el momento más oportuno. Sólo Débora se quedó callada y apartada mientras los demás se despedían de él.

El fortachón la abrazó sonriendo.

- No te preocupes. Volveré. Siempre lo hago.- Débora permaneció en silencio.

- Te traeré un regalo.- Y se giró para no ver la mirada, triste, de Débora.

El coche salió a toda velocidad. A pesar de estar acostumbrado a irse de todos los sitios, las despedidas siempre le emocionaban.

Avanzó por el llano, aminorando la marcha a medida que el poblado se empequeñecía detrás de él. Y de repente, unos 50 kilómetros ya de distancia del poblado, apareció la espectacular visión de una enorme marea de zombis que se encaminaban por la antigua carretera comarcal hacia el poblado. Frenó en seco y rápidamente dio media vuelta, fue perseguido por varios coches, pero su pericia como conductor le permitió dejarlos atrás rápidamente.

En la comuna le abrieron las puertas. Tony, sorprendido bajó de la torre.

- ¡Zombis! Son miles y vienen hacia aquí.- La noticia fue recibida con un silencio estupefacto. Luna sintió un enorme vacío en el estómago. Los levitadores aún no veían nada y los videntes no captaban ninguna señal peligrosa.

- ¡Están ahí y se acercan!.- Algo extraño ocurría en el poblado. Y, rápidamente Tony comenzó a dar instrucciones. Los soldados- agricultores fueron corriendo en busca de sus armas. Y Roberto fue a preparar el camión para una huida inminente.

Ann fue en busca de Aliar, ahora sabía lo que ocurría. Y Shine y Freak llegaron corriendo al percibir el peligro en la comuna.

En aquel momento de incertidumbre en el que todos corrían de acá para allá, todos menos Luna que no podía reaccionar, Aliar pasó en un coche hacia la puerta de salida, frenó justo a la altura en la que se encontraba Shine y éste se vio arrastrado hacia el interior del coche, para salir en un acelerón que levantó una gran columna de polvo. Adrian gritó a Luna y ésta echó a correr en dirección del coche de Adrian. Los dos salieron detrás de Aliar y Anne se les unió en otro coche. En el poblado, Freak se quedó en la puerta, observando el polvo que levantaron los coches al pasar, sin entender nada de lo que ocurría.

Aliar se dirigía directamente hacia Ciudad Zinc. A Ann no le sorprendió el rumbo que tomaba el coche y se desvió por un atajo, dejando que el coche de Adrian le persiguiera. De todas maneras, no podrían atravesar la línea zombi y Adrian retrocedería cuando llegara el momento.

El destartalado vehículo castigó sus ya castigadas ruedas al atravesar un bosque. A unos metros aparecieron por fin, Adrian y Luna. Éstos se prepararon, traían detrás de ellos varios coches de zombis y tenían que cubrir a Anne, para que consiguiera llegar a Ciudad Zinc. No sabían que ocurría pero la huida de Aliar con Shine no les daba una buena impresión.

El ejército dejó un camino libre para que el coche de Aliar pasara sin problemas y sin tener que aminorar la marcha. Daba demasiados bandazos, Aliar más que con el volante, poco acostumbrado a conducir, lo controlaba con la mente. Shine no podía moverse.

- ¡Suéltame Aliar! ¡Estás loco!-

Aliar se mantuvo en silencio.

Entraron en la ciudad por la entrada Este. Las calles estaban vacías, todos los zombis se encontraban camino de la comuna. Aliar aminoró la marcha, siguiendo la señal.

-Aliar, si me entregas me matará.-

- No lo hará. Tenemos un trato.- Shine lo miró.

- ¿Qué es que lo que te ha ofrecido para que nos traiciones así.- Y la imagen que Aliar guardaba de su antigua vida apareció delante de Shine.

- Pero, tú sabes que esto no es real. Ese mundo ya está muerto. Tú me lo dijiste hace mucho tiempo. Fuiste el que me enseñó a no soñar con esa vida.

Aliar mantenía la mirada al frente.

- Estoy cansado Shine, de luchar, quiero mi vida, la real. No esta pesadilla de la que nunca te despiertas..- Shine se removió en su sitio.

- Ésta es la vida real, la de mentira es que la que quiere darte A- Non. ¡Nos matará!

Aliar aceleró, a duras penas podía mantener quieto al chico. Condujo a locas por la ciudad hasta que al llegar a una solitaria plaza, A-Non se posó en el techo del coche. El hombre y el muchacho se quedaron quietos, sintiendo las pisadas por encima de sus cabezas. Y los pies de A-Non resbalaron por el cristal delantero, quedándose sentado en el capó.

- Muy bien Aliar, has hecho tu parte. – Se elevó por encima del coche y los dos hombres salieron despedidos por el cristal. Aliar lo miró desde el suelo, con la cara ensangrentada.

- El trato era que nos dejarías en paz, y que me devolverías mi vida.

A-non sonrió, sus ojos brillaban más que nunca. De su herida mortal sólo quedaban dos cicatrices a ambos lados del cuello. Levantó los brazos.

- Mira esto.¿Crees que puedo devolverte tu vida! Este es un mundo de zombis y para zombis. – Aliar se apoyó en Shine, el cual mentalmente se preparaba para luchar. Sintieron el ronroneo de unos motores y los coches, primero el de Anne y luego el de Adrian aparecieron.

Luna dudaba. Tenía que contener aquel miedo o no podría ayudar a Shine. Suspiró y bajó del coche. Anne y Adrian permanecieron en el interior. Sabían que A-Non no les permitiría salir.

- Um, has sobrevivido.- A-Non se acercó a Luna. Ésta notó cómo su cuerpo no podía moverse. De repente, volvió a ser la estudiante de derecho que no había empuñado un arma en su vida. Se vio con una camisa azul y unos pantalones vaqueros, y notó el peso de sus antiguas gafas. A-Non la izó junto a él.

El plan no planeado era entretener al monstruo mientras Shine lanzaba su ataque. Pero todos se hallaban paralizados. Aliar respiró hondo y puso a prueba todo aquello que enseñaba a los chicos en el Oráculo. Al notar la resistencia, A-Non redobló su control y entonces, Shine lanzó una descarga eléctrica. Una lucha mental comenzó. Los pelos de la cabeza de Shine se erizaron y sus ojos empezaron a chisporrotear y a iluminarse. A-Non comenzó a aullar y Anne aprovechó para salir del coche y lanzarle una espada a Luna, ésta la cogió por el mango y le asestó un golpe a A-Non. Pero se notó torpe, como la primera vez que había cogido una cuando Adrian le enseñó a defenderse. Alzó el arma sobre su cabeza, pero no calculó su fuerza y tastrabilleó en el aire hacia atrás. Sin embargo logró voltear la espada contra A-Non, y ésta se clavó en el hombro. Al sentir la punzada de dolor, él y Luna cayeron al suelo. Luna sintió una sacudida y A- Non creó una bola de energía entre sus manos dispuesta a lanzarla contra Shine. Aliar se interpuso entre aquella bola y el chico y cayó hacia atrás empujando a Shine y cayendo los dos de espaldas.

Adrian y Anne se habían escondido detrás de los coches, con sus arcos preparados para disparar. Habían aprovechado el ataque de Luna. Ahora sólo estaban ellos para atacar a A-Non, tenían que darles tiempo a los otros para que se repusieran. Salieron corriendo, cada uno en una dirección disparando a la vez flechas que sabían que no llegarían a darle a A-Non, los dos salieron despedidos por una ráfaga de aire invisible pero aquellos segundos fueron aprovechados. Shine se recompuso a duras penas del golpe estaba al borde del agotamiento. Luna seguía tendida en el suelo. Ahora estaba él solo contra el monstruo.

Llamó mentalmente a Luna, ésta se encontraba otra vez en la pesadilla, ahora recibiendo descargas eléctricas, pero consciente de que era un sueño, se desabrochó las correas e hizo lo mismo con Lujan, que se hallaba tendido a su lado. Entonces un sorprendido A-Non y Shine observaron una sorprendente imagen mental.

Luna abrió las puertas del laboratorio, sujetando a un débil Lujan. El sol bañó aquel rostro aún no desfigurado y éste abrió los ojos. Y la reacción en el Lujan del pasado y en el A-Non del presente fue la misma. Un inmenso aullido retumbó por las calles de la ciudad semidestruida, recorrió el interior de las alcantarillas y se paseó por los pasillos vacíos de los edificios. La ciudad entera tembló. Comenzó a moverse el suelo y los edificios  a caerse.

A unos cuantos kilómetros de allí los zombis que ya habían comenzado el ataque, se convulsionaron en el suelo, uniendo sus aullidos en uno solo, que hizo temblar los oídos de los soldados. Éstos observaron, agazapados y sorprendidos, aquel atroz espectáculo.

En el sueño, Luna obligó a Lujan a mirar el sol, pero ya era demasiado tarde. En el sueño, Lujan moría ahogado por la locura y daba paso a la existencia de un monstruo loco.

Y durante un segundo, Luna se vio en aquella playa de la ciudad de sal con un Lujan sonriente, abrazándole y cogiéndole de la mano cariñosamente. Luna le besó en la mejilla mientras se despedía de aquellos ojos tan vivos. Un coche negro aparecía detrás de la figura de Lujan y su cuerpo retrocedía empujado por un hombretón hacia el interior del coche, sin que Luna pudiera hacer nada.

La ciudad se derruía. Los zombis morían incapaces de soportar aquella presión en sus mentes. Adrian y Anne corrieron de nuevo, en busca de sus arcos y Shine y Aliar se elevaron a varios metros por encima del tembloroso suelo. Por fin, A-Non dejó de gritar, y un silencio, aún más aterrador que el grito, se apoderó de la ciudad.

Se prepararon para el que sabían que era el último ataque. A-Non rugió esta vez, mientras el pelo revuelto en la cabeza de Shine siguió la fuerza del ataque. Los dos lanzaron una carga eléctrica. Shine esperó, mientras la bola se acercaba rápidamente, respiró como le había enseñado Freak, y justo en el momento en el que la bola rozaba su ropa se agachó dejándola pasar. A-Non había esquivado su ataque moviéndose en el aire unos metros hacia la derecha, dejando un ángulo perfecto, para lo que Shine iba a hacer. Ocupado en esquivar el golpe A-Non no se fijó en cómo lo hacía Shine, suponía que también se movería hacia la derecha y preparó otro golpe para lanzarlo. La micronésima de segundo que tardó en advertir que Shine no se había movido fue el tiempo que necesitó Shine para sacar el cuchillo que Freak le había regalado y lanzárselo, poniendo toda su fuerza mental y física. El cuchillo atravesó el aire con un trueno, A-Non no pudo esquivarlo y el cuchillo atravesó su garganta justo por las cicatrices de su antigua herida. Pero en esta ocasión no era un simple cuchillo lo que se le había clavado, era un arma cargada de fuerza eléctrica que recorrió su cuerpo y cayó al suelo, jadeando mientras sus manos y sus pies se movían como desmadejados y los dedos se calcinaban.

Luna despertó en el mismo momento en el que A-Non dejó de moverse. Anne y Adrian lo atravesaron con sus espadas, no podían arriesgarse a que resucitara de nuevo.

Una nube de polvo había sustituido a la ciudad. Luna sintió el sabor reseco y salado de la arena en sus labios, mientras escuchaba a lo lejos las voces de Anne y de Adrian intentando despertarla. Durante unos segundos volvió a disfrutar de su antigua vida, aspirando los olores tan echados de menos de su casa y finalmente abrió los ojos al presente.

Shine estaba agachado al lado de Aliar. Ya no podía hacer nada por él, podía imponer las manos pero no resucitar a los muertos. Y comenzó a escalar las montañas destrozadas para salir de allí. Los demás le siguieron a distancia, conscientes de que quería estar solo. El cuerpo calcinado de A-Non se quedó allí solo, con el cuchillo aún humeante clavado en su garganta.

Los zombis murieron, absolutamente todos. También en los otros lugares del mundo, ante las miradas atónitas de los humanos que, a miles de kilómetros de allí, luchaban sin entender nada de lo que ocurría.ciudaddestruida

Freak y Tony salieron en busca de los supervivientes en sendos coches. Se los encontraron en las afueras de la ciudad, Anne sujetando a Luna y Adrian llevando a hombros a Shine el cual, momentos después de lo ocurrido se había desmayado.

Nadie en el poblado conseguía imaginarse lo que Adrian contaba. Los zombis habían muerto. Todos, de un plumazo. Tony quemó los papeles del Proyecto Marte y la comuna recobró la actividad rutinaria, abandonando la vigilancia puesto que ya no era necesaria.

 

EPÍLOGO

Adrian y Débora fueron padres de un niñito que heredó de su madre la sensibilidad para la tierra y de su padre su estatura y su complexión.

Anne con la ayuda de Freak y Shine construyó una moto, pieza a pieza que iban encontrando entre los restos de la ciudad destruida, en secreto. El manillar era imponente y dibujó con cuidado y con esfuerzo la palabra “Harley” que para la mayoría de los habitantes de la comuna era ya una palabra olvidada.

Una mañana le lanzó una mochila a Luna, la cual estaba en la cama aún.

- Nos vamos.´-

- ¿A dónde?-

- Pues a tu ciudad de sal, creo que sé cuál es.-

En dos días llegaron a la costa y tardaron otro en dar con la ciudad. Entraron directamente en el paseo de la playa. Luna abrazaba a Anne por la espalda mientras el aire y el sol acariciaban sus ya morenos rostros. Pararon junto a una rampa que daba a la playa. Las gaviotas chillaban y el sol comenzaba a esconderse. El olor a salitre trajo un montón de recuerdos a Luna, mientras paseaban entre la basura, último recuerdo de los zombis. Los edificios estaban semi-derruidos allí también y las calles estaban vacías.

Luna le pidió a Ann que se fueran de allí.

- Volvamos al poblado. Ésta ya no es mi ciudad, ni mi mundo.playa

FIN

 

Espero que os haya gustado. Me enteré Su, de tu conversación con Soraya, recojo las ideas para reescribir el relato, reinventando los personajes y metiendo ¿algo de sexo?  ( esto lo dijo Soraya )jajajja, me gusta que me digáis eso, la verdad es que cuando escribí este relato no sabía mucho sobre eso (el sexo) y me quedé con las ganas de escribir una tórrida aventura entre Anne y Luna, pero en el relato corregido aparecerá¡¡¡ y será todo un placer hacerlo¡¡ jajaja (escribir la escena digo). Es un relato de adolescencia, le veo muchos fallos, cosas que se pueden mejorar, ahondar en los personajes… y hay una segunda parte¡¡¡ pero está un poco desmadejada, escrita a la carrera, prometo publicar un adelanto…Como veréis los zombis son una excusa, para hablar de otros temas. Por eso me gusta la ciencia ficción, los temas y personajes futuristas, lo apocalíptico y  la fantasía, son excusas para hablar de lo posible, de un nuevo modelo de mundo. Para mejorar el que ya tenemos. En algún sitio leí que los zombis de existir, serían los últimos y más terroríficos cazadores y depredadores del mundo, ni vampiros, ni hombres lobo ni alienígenas ni ná de ná. Sólo nosotros, transformados en otra cosa que sólo quiere comer. Ni superpoderes ni inmortalidad, ni infinitud ni nada parecido. Los zombis son cosas, muchas y juntas, que quieren comer… (no os suena a algo relacionado con los recursos naturales y lo que estamos haciendo los humanos con la naturaleza?)

martes 1 de diciembre de 2009

Capítulo 7

Capítulo 7 “Falsas esperanzas”

En el Oráculo muchos lloraban. Los videntes más poderosos habían desaparecido. La última señal que percibían los situaba cerca de Ciudad Zinc pero a partir de allí ya no oían nada. Pero aquella tarde volvieron a sentirla al ver el camión acercarse.

Tendieron a Luna y a Shine en camas paralelas. Shine dormía agotado y Luna soñaba aquella vida que no era la suya.

Todos los videntes y telépatas intentaron ayudarla para guiarla en el camino de vuelta de aquel sueño.

Adrian y Jana esperaban afuera sentados en el suelo. Ahora les preocupaba más la incertidumbre sobre la muerte de A-Non.

-Es imposible sobrevivir a una caída así con una flecha clavada en el cuello.- Jana negaba con la cabeza. Pero Adrian se sentía menos escéptico.

Ese tío es muy poderoso y también tendrá poder para curarse a sí mismo. Pero tendremos que esperar a que Shine se despierte para saberlo.

-¿Y si Shine no se despierta?- La pregunta de Jana quedó flotando en el aire. Adrian no podía responderle.

En la base militar, sufrieron un ataque que resistieron con relativa facilidad. Freak y sus compañeros habían conseguido poner en marcha los misiles y los usaron. En varios kilómetros a la redonda quedaron desperdigados un montón de cuerpos inertes.

En mitad de la batalla, cuando los primeros salvajes ya habían llegado a las barreras de defensa, se volvieron más locos y empezaron a atacarse entre ellos.

Tony observaba.

-Han matado a A-Non.

Los soldados respiraron tranquilos, a partir de aquel momento, terminar con ellos fue mucho más sencillo.

Luna se encontraba en un laboratorio. Tumbada en una camilla y atada a ella con correas. Un hombre de bata blanca manipulaba unos cables colocados en su cabeza. Miró a su derecha y vio a Lujan, en su misma situación. Comenzó a gritar, aterrorizada, al notar una gran presión en el cerebro.

Al lado del hombre de bata blanca aparecieron dos mujeres con camisas hechas de lino y sombreros de tela en la cabeza, comenzaron a hablarle a Luna pero ésta no podía oírlas. Y cerró los ojos, desmayándose en su propio sueño.

Las dos mujeres de camisas de lino miraron a Aliar.

-No puede oírnos. - Y salieron de la choza,compungidas.

Sólo Shine podría ayudarla pero hasta que no se despertara no podían hacer nada... y no sabían cuándo ocurriría eso, ni en qué situación se encontraría.

Adrian y Jana fueron a la base militar. En el Oráculo no podían hacer ya nada y no sabían si habían sobrevivido al ataque.

Se encontraron a todos preparándose para volver al poblado del sur. Anne y Débora se dirigieron al Oráculo en cuanto Adrian les contó lo sucedido.

Las mujeres viajaron en silencio, cada una con sus pensamientos. Ann ese culpaba por no haber ido a Ciudad Zinc con ella y Débora tenía miedo. Luna había sido su hija y su sustento desde la llegada a Marte. La sentía del mismo modo que a la tierra. Captaba sus miedos aunque no hablara de ellos y percibía aquella añoranza por la vida que llevaba antes de la locura.

En el Oráculo Anne también quería ayudar a Luna, pero Aliar se lo impidió.

-Puedes perderte tú también. No estás preparada.- Y en aquel momento se arrepintió por no cuidar su don y no haberse preparado más para aquellas situaciones. Salió a fumar un cigarro mientras Débora con la mano de Luna cogida, notaba como sus flujos vitales se iban apagando. Algunos imponedores de manos se turnaban para no dejarla sola en ningún momento.

Pasaron varios días sin que ni Shine ni Luna se despertaran. Empezaron a perder la esperanza, pero Ann y Débora no se apartaron de su lado. Al sexto día, Shine despertó. Se levantó en un movimiento frenético, aún creía que estaba en la azotea. Anne se lanzó sobre él para sujetarlo.

-¡Llama a Aliar!- Débora salió corriendo pero el hombre ya se encaminaba hacia allí.

Anne colocó su mano sobre la frente del chico.

-Tranquilo, ya ha pasado todo.

El muchacho miró a su alrededor, reconociendo su choza. Se relajó y Anne lo soltó. Se levantó con dificultad y Anne se asustó. La mirada del telépata era completamente blanca. No se distinguían las pupilas. Aliar entró corriendo.

¿-Estás bien?- Y palideció al ver sus ojos. El muchacho se apoyó en él para salir en busca de luz. Todos los habitantes del Oráculo ya se habían concentrado delante de su choza, en un gesto invisible y silencioso de acogida.

Pero Shine comenzó a sollozar.

-Todavía no está muerto.-

De vuelta al interior colocó sus manos en la frente de Luna.

Luna se encontraba en un cuarto, a oscuras, acuclillada en una esquina con la cabeza apoyada en las rodillas, llorando. Lujan estaba a su lado haciendo lo mismo. Y Shine apareció a su lado.

-Vamos, tenemos que irnos, A-Non no ha muerto.- Pero Luna no podía moverse.

-Es un sueño Luna. Ésta no es tu vida y no está ocurriendo. Si no vienes conmigo A- Non acabará con tu poblado.- Lujan emitió un gruñido

-Luna, no me dejes aquí solo, tengo miedo.- La chica empezó a llorar.

-Ya no sé qué es real, Shine.-

-Ya no puedes hacer nada. Esto es un recuerdo, un triste y terrible recuerdo de A-Non, Lujan murió hace tiempo… se quedó encerrado entre estas paredes. Pero allí fuera, en Ciudad Zinc está A-Non y es real y muy peligroso. Tienes que ayudarme Luna, no puedo hacer esto yo solo.- Shine la abrazó. Luna miró a Lujan, con dificultad se levantó y le dio un beso en la frente.

¡No te vayas! Me dejarás solo otra vez. ¡Quédate conmigo! ¡Luna!.- Con gran esfuerzo la chica se abrazó a Shine y se encontró en una oscuridad agradable. Dejó de sentir miedo y dolor. Su cuerpo se hallaba agradablemente entumecido. Recordó los sábados, cuando en su antigua vida en la diferencia de los días tenía un sentido. Cuando se quedaba en la cama hasta tarde. Aquella era la misma sensación de sosiego y de paz. A lo lejos escuchó la voz de Shine.

-Ya puedes abrir los ojos, te estamos esperando.-

Y se encontró en la choza, con Anne y Débora observándole. Tenían sus manos cogidas. Shine quitó las manos de su frente. En un segundo recordó lo ocurrido.

-No está muerto. Aún no.- Y volvió a cerrar los ojos esta vez para sumirse en un sueño reparador.

Al día siguiente se levantó y se apoyó en el quicio de la puerta de la choza, permitiendo que el sol, ya alto, acariciara su rostro. No puedo reprimir un suspiro. Lo que le habían hecho a Lujan… era horrible. Aquello fue lo que le convirtió en el monstruo que era ahora. Comprendió que los zombis no estaban anulados, sino que la señal que A-Non había mandado por la retransmisión de la llegada a Marte era lo que estaban viviendo. Si hubiera seguido en aquel estado, ella misma se hubiera convertido en uno de ellos. Era una señal de sufrimiento y de dolor. Los había llevado a su infierno particular y les había robado no ya sus mentes como sus almas.

Sabía que A-Non no había muerto. Cómo había sobrevivido a aquella caída, nadie lo sabía pero lo había hecho, de eso no tenía la menor duda. Estaba en algún sitio escondido, reponiéndose de sus heridas para atacar de nuevo, estaba segura.

Vio a Anne sacando agua de una fuente. Se dirigió hacia ella con unas irreprimibles ganas de abrazarla y besarla. Y lo hizo. El agua se quedó llenando el caldero solo hasta que lo rebasó. Anne acarició su rostro, apartando el pelo, sucio y desaliñado para mirarla a los ojos.

-Necesitas un baño. Ven.- Con mano tiró suavemente de ella y con la otra alzó el cubo rebosante de agua.

En el interior de aquella choza, la chimenea chisporroteaba. Una gran olla con agua hervía sujeta a unos palos. Anne la sacó y vertió su contenido en una vieja bañera.

Estaba esperando a que te despertaras.

Luna se desnudó y se metió en la bañera. Sus músculos entumecidos agradecieron el contacto con el agua caliente. Anne le tendió un vaso de leche, que Luna bebió con gran avidez. Su estómago le reclamaba el alimento que no había obtenido durante aquellos días. Anne la lavó suavemente. Luna observaba el agua, y veía el reflejo del Lujan que ella había conocido.

-Sufrió mucho y yo le abandoné.-

-No le abandonaste. Borraron tus recuerdos y no podías hacer nada. La culpa no es tuya.-

-Pero podríamos ayudarle ahora. Buscar una manera de…curarlo.- Annele cortó.

-Lujan está muerto. A-Non es un monstruo y tenemos que acabar con él.

Anne pasaba un paño con jabón por la espalda de Luna. Ésta se inclinó hacia atrás y se sumergió por completo en el agua durante unos segundos. Anne le lavó el pelo y Luna sintió un estremecimiento por todo el cuerpo al sentir el contacto de las manos de Anne.

Al salir de la bañera, Anne le tapó con una manta enorme y Luna comenzó a besarla.

-Tengo hambre. ¿Aquí solo se vive de visiones?

Anne sonrió.

-Espera te traeré ropa limpia. Débora te está preparando la comida.- Y el estómago de Luna rugió al pensar en los alimentos que Débora preparaba.

Con Luna recuperada, organizaron la vuelta a la comuna, llevando alimentos y material para reconstruirla. Allí, los supervivientes levantaban de nuevo las construcciones destruidas. Los alrededores fueron limpiados e hicieron piras con los cuerpos de los muertos. No daban abasto. Había miles desperdigados por el llano. Algunos agricultores se encargaron de revitalizar el huerto, su principal fuente de alimento.

Freak encontró el cuerpo de Malik, destrozado tumbado cerca de la catapulta. Decidieron que aquel armatoste sería el símbolo de aquella lucha.

Se alegraron al ver la comitiva que provenía del Oráculo. Roberto les agradeció que llevaran madera y semillas.

Así terminaremos antes. La mayoría de las chozas están ya reconstruidas, pero la cocina y el cobertizo aún necesitan arreglos.-

Adrian le dio un abrazo tan fuerte a Luna que le dejó sin respiración.

-Me vas a romper los huesos. – Adrian la levantó en el aire y la volteó dejándola boca abajo.

-Niña, eres como los gatos, ¡ no hay quien pueda contigo!.- Y la bajó con gran cariño.

-¡Hagamos una gran fiesta, de supervivientes!.- Roberto protestó.

Aún queda mucho por reconstruir Adrian. No hay tiempo ni alimentos…- Pero se encontró hablando solo, mientras los demás vitoreaban la idea.

Adrian mostró a Luna su choza, la cual estaba llena de velas encendidas.

Todos los días venían unos cuantos y ponían una vela… para ti.- Fue Luna quien se abrazó a la barrigota del fortachón, lo cual dejó a éste un poco aturdido.

Bailaron y cantaron durante toda la noche. No había cerveza, pero celebrar la supervivencia después de todo por lo que habían pasado no necesitaba de nada.

Freak enseñó a Shine a manejar el arco. El joven telépata no necesitaba defenderse físicamente, pero Freak insistió.

- Verás, si un día te quedas sin fuerza mental, siempre tendrás los brazos.

Aliar se dirigió hacia ellos con intención de alejar a Shine del arco para que no se hiciera daño, y Luna, que se había dado cuenta de que lo trataba como a un niño, se le acercó.

- Déjale. Así estará entretenido y descansará de todo lo que ha ocurrido..

Freak le estaba enseñando a calcular la fuerza del viento y la distancia a la que podía disparar. Shine, concentrado no tenía tanta fuerza como Freak, y le costaba trabajo mantener tanto tiempo el arco tensado. Los dos se rieron cuando Shine soltó el arco y éste se mantuvo en el mismo lugar, flotando en el aire, mientras él sacudía los brazos cansados.

Aliar agachó la cabeza y acompañó a Luna a la torre de mando.

Tony observaba el campo, ya despejado de cuerpos.

- He ideado un plan, pero esta vez, necesitaremos a los videntes del Oráculo. Si no actuamos juntos y coordinados no lograremos acabar con A-Non.

Aliar asintió. No podía seguir manteniendo a su poblado al margen de aquella lucha por más tiempo.

Tony explicó su plan.

- Los telépatas y los videntes rastrearán la señal de A-Non. No podemos esperar demasiado tiempo, si no acabará recuperándose y entonces sí que tendremos un gran problema. Cuando encontremos la señal, Shine y los soldados lo matarán.

Adrian golpeó la mesa con su puño.

- Así me gustan los planes, directos y sencillos. Vamos, no podemos perder más tiempo.

Todos los habitantes del Oráculo, menos los niños y algunas mujeres se encaminaron a Ciudad Zinc junto con los soldados. Se quedaron apostados en los coches, en las diferentes entradas por las autopistas.

En un grupo estaban Aliar, Luna, Anne y Adrian. En un segundo, Shine, Freak y cuatro soldados más. Freak le tendió un cuchillo, mientras se dirigían hacia el lugar que habían elegido de vigilancia.

- Toma, si alguna vez te quedaras sin fuerza ya mental, puedes usar esto. – Y le enseñó dónde tenía que esconderlo y cómo tenía que usarlo.- Los ojos sin pupilas de Shine, seguían atentamente los movimientos de Freak.

Los demás coches se repartieron de manera que todas las salidas de la ciudad quedaron controladas.

Aliar se sentó en el capó del coche, mientras los demás componentes de su grupo, descansaban tumbados en la hierba, al lado de la carretera. Escuchó atentamente, buscando señales distorsionadas.

Luna apretó su mano contra el suelo y cerró los ojos. Estaba muerta de miedo aunque intentaba que no se notara. No estaba segura de poder terminar aquel viaje hacia los terrores de A- Non y tampoco estaba segura de que pudieran acabar con él. Aún seguí viendo a Lujan, a su amigo y se sentía culpable por lo que había ocurrido. Adrian comenzó a roncar sonoramente a su lado.

- No pienses en eso Luna. Nosotros te ayudaremos.- La voz de Anne, suave sobresaltó a Luna.

- No sabía que estabas usando tus poderes ahora.- Anne que estaba tumbada hacia arriba, se giró y quedó apoyada en el hombro de Luna.

- No lo estaba haciendo.- Luna suspiró por respuesta y comenzó a amodorrarse. Llevaban dos horas esperando y nadie había captado nada proveniente de Ciudad Zinc.

A- Non se recuperaba a duras penas. Después de la caída logró controlar las mentes de cuatro zombis que intentaron atacarle. Le trasladaron en un destartalado autobús al edificio más alto de la ciudad. Tenía 30 pisos y lo instalaron en el más alto. Uno de los zombis, una mujer trastabilleante, le arrancó mientras los demás le sujetaban, la flecha, chupándola con avidez, luego A-non, a punto de desmayarse y consciente de que si eso ocurría los zombis le devorarían sin miramientos, se auto-impuso las manos. Se quedó en aquella postura, con las manos en su cuello, día tras día, mientras notaba cómo la herida del cuello se iba cerrando y los huesos que se habían roto en la caída se iban soldando. Los zombis le traían carne, probablemente de algún zombi que encontraban y mataban. A-Non jadeaba sin poder parar, emitiendo sonidos guturales, el aire se le escapaba por la herida abierta. Los huesos acabaron por encajarse del todo. Para él, el dolor era el mejor signo de que estaba vivo, a pesar de su poder aún se despertaba cubierto de sudor, cuando conseguía dormir. Por que los sueños lo trasladaban a aquella vida feliz, al lado de Luna, estudiando y saliendo los fines de semana. Aparecía en aquel mundo, sin dolor, ni cables ni experimentos, y siempre revivía el recuerdo de aquella ciudad con olor a sal, en la que tanto había disfrutado con Luna, tanto en la playa como en las noches. Aquella ciudad de luz y color, de gente proveniente de todos los lugares del mundo. De aquella ciudad que se había olvidado de él, maniatado en una cama, durante años.

Encerró su mente entre las paredes del edifico, no podía permitirse otro encuentro con Shine, no por el momento, tenía que recuperarse del todo, y volver a lanzar otro ataque zombi. Así que aquel edificio guardó y soportó su telekinesia hasta que empezó a captar a los humanos. Percibió a Shine a Aliar y a los demás videntes.

Vio el miedo de Aliar, su responsabilidad hacia Shine. Veía que no estaba de acuerdo en colaborar con los otros humanos y sus ansias de preservar todo aquello por lo que había luchado y conseguir todo lo que las visiones le habían prometido. A-Non rió, si antes su sonrisa era cavernosa, ahora el sonido que provenía de su garganta era indescriptible. Sacudió la cabeza, el gran jefe y maestro Aliar no había aprendido la lección mas importante de las visiones sobre el futuro: éstas en cuanto se tenían, ya cambiaban solo por el mero hecho de conocerlas de antemano.

Las visiones de Aliar se basaban en la reconstrucción de manera parcial del mundo anterior a la llegada de Marte. Una vez eliminados los zombie, sólo quedaría volver a reagruparse en las ciudades, recuperar los edificios, los coches, los ordenadores... abandonar las armas y llevar la vida tranquila y sosegada que tenía antes. Y A-Non y Aliar habían compartido una visión, en la que el mismo A- Non devolvía la cordura a los zombis. Esto tenía algo que ver con el hecho de Shine no tendría que haber ido a Ciudad Zinc, A-Non supuso que Luna habría conseguido ayudarlo, pero el ataque lo había complicado todo. A-Non sonrió ante la posibilidad de que hubiera ocurrido aquel presente paralelo al de ahora. ¡Él restituyendo las mentes de los zombis¡. Le habría gustado saber cómo le habrían convencido.

Le mandó una señal a Aliar, pero éste no dio la alarma, iniciaron un juego telepático sin que los demás lo supieran.

En la noche, todos dormían ya. Llevaban unos días apostados ya y no tenían ninguna pista que seguir para encontrar a A-Non. Los telépatas se turnaban, estaba exhaustos y los guerreros, después de aquellos días de batallas y tensiones acogieron con buena gana aquellos días se asueto, relajándose y descansando.

En el grupo de Aliar dormían también, todos menos él mismo que siguió tumbado en el capó del coche, aunque en realidad no estaba allí. Estaba en una piscina, flotando boca arriba, el agua estaba tibia, y tenía la mente totalmente en blanco. Hizo unos cuantos largos y salió de ella, totalmente relajado. Recobró su vida de hombre rico, sin preocupaciones, que todos los días nadaba en su piscina particular, totalmente climatizada. Roger, su secretario personal le tendió una toalla y vaso con zumo de naranja, luego se retiró en silencio. Cogió la toalla con una mano y con la otra se llevó el vaso a la boca, saboreando bien su contenido.

En aquella noche revivió toda su vida.

En un restaurante, observaba cómo los niños jugaban en un parque que había al lado. Pensaba en cuándo encontraría una mujer para casarse y tener niños. Cuando giró la cabeza hacia el plato que el camarero acababa de ponerle delante, se fijó en que había una mujer bellísima sentada en la mesa de enfrente y a su lado estaba A-Non fumando un enorme puro y comiendo con las manos.

Al segundo aparecieron los tres sentados en la misma mesa. Aliar sintió miedo, no podía apartar la mirada de aquella mujer... y A-Non se echó a reir.

- ¿Te gusta mi amiga?- Aliar sacudió la cabeza afirmativamente.-

- Pues todo esto y ella pueden ser tuyas si me ayudas.- Y Aliar se sentó firmemente en la mesa, como buen hombre de negocios, dispuesto a escuchar la propuesta de aquel monstruo.

Anne se despertó en mitad de la noche. Vio a Aliar allí tumbado y sospechó que algo ocurría, pero sin visiones no podría convencer a los demás. Posó su mano en el manto de Aliar, pero no vio nada, aquel hombre era demasiado poderoso para ella. En aquel momento, se arrepintió de no haber intentado desarrollar más sus poderes. Ahora podría usarlos de manera más efectiva. Volvió a tumbarse con la convicción de que algo ocurría, pero no sabía qué era.

Shine comenzaba a cansarse. Sabía que A- non no habría salido de la ciudad, estaba escondido pero en los túneles subterráneos no estaba ni en el juzgado donde se habían enfrentado. Le pidió a Freak un plano de la ciudad.

- ¿Si tú tuvieras que esconder una mente poderosa, a dónde irías?- Freak se quedó pensativo, él no tenía una mente genial, era bastante normalito.

- No sé. Yo tengo una mente pequeña y supongo que mis pensamientoe son pequeños también. Pero los tuyos y los de A- non pueden viajar a muchos kilométros, necesitaríais un sitio muy grande.- Shine sonrió resplandeciente.

- Dime cuáles son los edificios más altos y grandes de Ciudad Zinc, Freak, ¡eres un genio¡.- Entre todos hicieron una lista de los edificios más importantes de la ciudad, eran demasiados para ir uno a uno.

- Tenemos que arriesgarnos Freak e ir a dos.- Redujeron las posibilidades a dos, el museo natural y la torre Quira que tenía 30 pisos. Decidieron ir a la torre Quira primero.

- Tenemos que avisar a los demás - Shine se quedó callado.

- Vale, ya está en marcha.- Aliar empalideció al oír a Shine, pero tenía que ir si no quería levantar sospechas.

Shine quiere ir a la torre Quira, cree que A-Non puede estar allí.

- ¿Lo ha captado?. – Adrian se puso al volante del coche mientras Luna y Ann corrían a meterse en el otro.

- No. Dice que son suposiciones de Freak y suyas.- Adrian rió ruidosamente.

- ¡Este Freak es un portento! Ahora también tiene poderes telepáticos.-

Aliar se frotaba las manos, nervioso. Tenían que llegar primero que Shine para ayudar a A- Non a tapar su señal, instó a Adrian para que acelerara.

- Este trasto no puede ir más deprisa.

Por suerte para Aliar, al llegar no encontraron a los demás, mentalmente cubrió el edificio de silencio para que no se oyera a A-Non .Los soldados cubrieron la calle y el coche de Shine y Freak apareció.

Aliar y Shine se colocaron juntos, frente a la puerta del edificio y solo hubo silencio. Shine se mostró desconcertado.

- Iremos al parque natural y probaremos allí. – Una pequeña gota de sudor recorrió el cuello de Aliar.

- Está bien.- Y salieron de allí. Aliar no pudo evitar mirar hacia el edificio mientras los coches se alejaban y pudo ver en una ventana una sombra que adivinó sonriente. En el parque natural no hallaron nada tampoco.- Adrian palmeó la espalda de Freak.

- Todos podemos equivocarnos, aparecerá ya veréis.-Decepcionados volvieron a a la comuna.

domingo 29 de noviembre de 2009

Capítulo 6

 

Bueno sólo voy a decir que sigo publicando el relato porque Soraya y Su están empeñadas en seguir leyéndolo… y porque la MUJER EN BARRICADA me dijo que le gustaba… pero por lo demás,  na de naaaaa… jo nunca me comentáis ná del relato (ya sé que no lo leéis pero yo sigo en mis trece).

Capítulo 6 “Esperanzas”

Viajaron durante la noche, y en la base fueron recibidos entre una mezcla de alegría y de tristeza por los que no habían conseguido llegar.

Los pocos soldados que no estaban heridos prepararon la defensa, estaban seguros de que los zombis les atacarían en cuanto los encontrasen.

Cardigan lideraba el funcionamiento de la base.

-Venid, hay un búnker. La capacidad es para 500 personas y es inexpugnable. Está diseñado para resistir ataques nucleares.

Les condujo por un pasillo que se iba ahondando cada vez más. La luz eléctrica había dejado de funcionar hacía años y portaba una pequeña antorcha. En el interior, algunos agricultores colocaban mantas y cargaban alimentos secos.

-Lo estamos acondicionando para cuando lleguen los zombis. El problema es el agua. Tenemos que traerla en bidones y no sabemos si serán suficientes.

Luego les condujo a un gran almacén y señaló cuatro artefactos en forma de tubo.

- Esto son misiles. Estamos estudiando su funcionamiento. Y si es necesario... utilizarlos.- Luna observó aquellos artefactos que alguna vez había visto por la tele. Tenían inscripciones de color rojo ya casi borradas por el tiempo.

- Pero estaréis agotados- Prosiguió Cardigan.- Así que id a descansar. Nosotros haremos la guardia y si ocurre algo os avisaremos.

En un gran barracón los soldados que habían llegado con ellos ya dormían, en el suelo y tapados con mantas. Ellos se tumbaron también.

Débora no había hablado aún con Luna. Simplemente se miraron a su llegada, desde lejos, y Débora se asustó. Luna tenía la misma mirada salvaje. Una mezcla entre odio y miedo, con la que había llegado a la comuna hacía unos años. Era la mirada de una luchadora incansable pero que a su vez, en su interior siempre se cuestionaba todo lo que ocurría a su alrededor y que le impedía dormir, siempre vigilante y que a base de paciencia y cariño, Débora había conseguido relajar.

Recordó el día que la llevó al huerto por primera vez. Luna llevaba un mes en el poblado y no salía de la torre de mando. En un descanso la arrastró bajo el pretexto de un dolor de espalda, para que la ayudara a sembrar unas semillas. Le explicó cómo se hacían los agujeros y cómo tenía que taparlos luego. Luna empezó a hacerlo de manera mecánica, no se fijaba en lo que hacía y Débora sujetó sus manos entre las de ellas.

-Cierra los ojos. ¿Sientes el calor? Es la vida de la tierra.- Y entre las dos hicieron un pequeño agujero. Luna la miraba extrañada.

- Coge las semillas y siéntelas, ellas te sienten a ti.-

Y con los días observó cómo Luna se relajaba y aprendía a disfrutar con la tierra.

Débora odiaba a los zombis. Habían obligado a mucha gente a esconder sus sentimientos, a ser luchadores sin capacidad para vivir ni para sentir.

Y ahora aquella mirada había vuelto a Luna y a todos los demás, cuando ya habían conseguido llevar una vida medianamente normal, aunque no se pareciera en nada a la que llevaban antes de la llegada a Marte.

Pasaron unos días tranquilos, sin ataques, exprimiendo la bomba de agua que los proveía y llenando unos tanques que encontraron para llevarlos al búnker. Conseguir alimento era un problema también, en el desierto no había mucha caza y no tenían suficientes víveres para todos, así que empezaron a racionar la comida.

Luna volvió a soñar. Ahora era de día. La playa estaba llena de bañistas y ella caminaba por el paseo marítimo. Llevaba una bolsa al hombro y unas sandalias rojas, unos pantalones piratas y una camiseta sin mangas.

El aire salino acariciaba su rostro. Y de repente, A-Non apareció. Le sonreía y, para su sorpresa, le besó en la mejilla. Él sonreía sin aquel brillo horrible en los ojos. Parecía más joven y llevaba puesto un bañador y portaba una bolsa a la espalda. Le dijo algo que Luna no alcanzó a escuchar y bajó por una de las rampas que daba a la playa. Luna se quedó allí petrificada, rodeada por su luminoso sueño y Anne le despertó.

- Estabas gritando.

El sudor le corría a Luna por la frente. Salió del barracón observada por algunos de los soldados que se habían despertado por sus gritos y en las escaleras se sentó para fumar un cigarro, descalza, con el pelo y la camiseta mojada. Anne se sentó a su lado y encendió también un cigarro.

- Conozco a A- Non. Lo conozco desde antes de la llegada a Marte y creo que éramos amigos.- Anne la abrazó y pasó su mano por la frente febril de Luna sin decir nada.

El Oráculo no sufrió ningún ataque. Simplemente los zombis pasaron sin verlo. Los videntes los cegaron telepáticamente. Sabían que pocas comunas resistirían los ataques. Pero no hicieron nada por ayudar al resto de los poblados. Por alguna razón no podían hacerlo, sus visiones les obligaba a ello. Ahora el destino estaba en manos de los supervivientes del desierto.

Sabían que volverían a visitarlos. Tenían muchas preguntas que hacerles. Shine lloraba desconsolado en su choza. Veía lo que estaba ocurriendo en el mundo. Una niña de unos cinco años le observaba en silencio, de pie junto a él. Le acarició la cabeza y salió corriendo. Aliar se sentó a su lado.

- Las cosas no pueden ocurrir de otra manera Shine. Es el único modo de acabar con A-Non.

- Pero nosotros podemos enfrentarnos a su poder. Los luchadores no tienen tanta fueras, morirán muchos incluso antes de conseguir llegar hasta él.

- No podemos intervenir directamente, es muy peligroso.

- Ellos lo hacen- Y le presentó a Aliar la visión de la base militar.

- Mueren por intentar encontrar una solución y ¡ nosotros estamos aquí sin hacer nada!

Su maestro y padrastro lo miró en silencio.

La situación no era nada favorable para los supervivientes. La única fuente que había no daba abasto. Necesitaban todo el agua posible e intentaban cazar los pocos animales que habitaban el desierto. Roberto, uno de los administradores hacía cálculos apresuradamente cuando una columna de polvo se dirigía hacia ellos.

- Dentro del búnker podemos sobrevivir unos quince días.- Tony observó el horizonte empañado por la arena levantada ante miles de pies.

- No se irán hasta que no acaben con nosotros.-

En la base aún quedaban armas y municiones, pero no estaban en condiciones de rechazar muchos ataques.

- Tenemos que matar a A- Non- Luna lo dijo haciendo acopio de valentía. Con sólo mencionar a aquel ser que se le aparecía en sueños le ponía la piel de gallina.

Tony convocó una reunión urgente.

Adrian y Anne secundaron el plan de Luna.

- Iremos Adrian, Jana y yo.- Ann ese levantó para protestar. No quería dejar a Luna ir sola. Pero ésta no le dejó opción.

- Iremos nosotros tres. Aquí te necesitan Anne. Freak y lo suyos también protestaron, querían ir a Ciudad Zinc pero Luna los convenció para que se quedaran.

- Lleváis desde que llegasteis intentando averiguar cómo funcionan los misiles. Si hay que usarlos vosotros sabréis cómo.- Suspiraron y asintieron.

Rápidamente se organizaron, mientras Adrian, Jana y Luna preparaban el camión. Sujetaron las puertas traseras de manera que quedaran abiertas e instalaron una ametralladora.

Salieron evitando encontrarse con el ejército zombi. Aún así varios coches les siguieron, pero les resultó relativamente fácil deshacerse de ellos.

Muy lejos de allí Shine paseaba por su choza frenético. Aliar intentaba tranquilizarle sin conseguirlo.

- Tenemos que enfrentarnos a A-Non. Si vamos todos acabaremos con él.

- Intenta dormir un poco, y aplicó a la frente del chico sus manos hasta que se durmió. Salió de la choza donde varios videntes lo esperaban. Ellos también querían ir.

- Si vais moriréis.- Uno de ellos, muy poderoso también, se adelantó.

- Shine tiene razón, si vamos todos tendremos una oportunidad.- La autoridad de Aliar se tambaleaba ante aquella situación, pero no podía evitar que se marcharan y lo hicieron.

Eran unos treinta, repartidos en varios coches. Entraron en la ciudad sin ser atacados. Sus poderes les permitían pasar inadvertidos y siguieron la poderosa señal de A-Non hasta un edificio que antiguamente era un juzgado.

Al salir de los coches, un hombre salió levitando del edificio y se quedó flotando a unos metros por encima de sus cabezas.

-¿Creéis que podéis acabar conmigo?-

Lágrimas y sudor se mezclaban en los rostros de los videntes. Sus cerebros estaban siendo presionados por una mano invisible a la cual no podían contrarrestar de ninguna manera. Algunos cayeron exhaustos y otros lograron entrar en los coches y salir de allí. Pero sus poderes estaban anulados y sin armas, no consiguieron salir de la ciudad sin ser atacados. Los que se quedaron tirados en la calle tampoco lograron sobrevivir.

Aliar salió de su choza, aún a distancia percibió que sus compañeros habían muerto. Sentado debajo de un pequeño árbol lloró. Cuando por fin paró fue a buscar a Shine, pero éste no estaba, y tampoco logró localizarlo mentalmente. Empalideció. Shine había ido solo a Ciudad Zinc.

La ciudad hervía. Desde las salidas de las autopistas se podían ver las concentraciones de zombis y se escuchaban sus aullidos y gruñidos.

En el camión que llegaba de la base habían tapado la ametralladora con una manta. Sus ocupantes se ensuciaron la cara y se echaron al hombro mantas raídas.

Dejaron el camión en una callejuela poco transitada, y echaron a andar.

Luna se encontraba tensa. Tony captó una señal telepática diferente a la de los zombis y la siguieron. Era una señal muy potente que provenía de un solo ser. Se paró en medio de la calle.

-No puedo seguir avanzando o notará mi presencia, si no se ha dado cuenta ya.- Les indicó dónde tenían que ir y volvió al camión. Anne volvió con él. Aunque no era telépata su videncia empezaba a distorsionarse con aquella señal.

Adrian, Jana y Luna siguieron corriendo. Luna presentía que aquel día averiguaría porqué conocía a A-Non y cuál era la relación que los unía.

Entraron por la puerta de atrás. Se encontraron los cuerpos mutilados y medio devorados de algunos videntes que reconocieron por las vestiduras.

Jana se quedó apostada en la entrada trasera mientras Adrian iba a la principal. En cuanto A- Non supiera que estaban allí seguramente los zombis irían. Luna subió por las escaleras con sigilo. Buscando en cada sala y en cada despacho. Todo estaba revuelto, con papeles y cosas imposibles de identificar tiradas por el suelo. Una sutil capa de polvo lo cubría todo y todas las ventanas estaban rotas. Llegó a un gran despacho y se dio cuenta de que aquel había sido utilizado. Había un gran mapa mundi pegado a la pared, con un montón de banderitas pinchadas. Se fijo y reconoció varias banderas pinchadas en los lugares donde había comunas. Había cientos colocadas. Encima de una mesa había dos revólveres, comprobó que estaban cargados y los cogió, sujetándolos a la correa de su espadín.

Siguió subiendo pisos sin encontrarse con nadie. Hasta que llegó a la azotea.

Con cuidado acercó una mano al picaporte, pero la puerta se abrió sola. En aquel momento le llegó la nítida imagen que había visto, hacía muchos años, en una película de terror. Aquello significaba que aquello que estuviera detrás de aquella puerta sabía que estaba allí y que la estaba esperando.

La azotea era grande, antes era un pequeño helipuerto y estaba todo despejado. Menos aquel sofá ocupado por A-Non. Luna sintió un pequeño escalofrío. Desenfundó los revólveres pero no pudo usarlos. Se quedó congelada, apuntando al hombre, sin poder mover ni un centímetro de su cuerpo.

El hombre sonrió cavernosamente.

-Hola Luna. ¿Ya no te acuerdas de mí?- Luna se sentía encerrada en su propio cuerpo. Las imágenes llegaban a su mente, todas aquellas que había soñado. Pero no conseguía recordar qué era lo que les unía.

Una fuerza invisible la arrastró hacia el sofá y la obligó a sentarse al lado del hombre. Él le miró a los ojos y entonces ella empezó a recordar, como si estuviera en una película.

Vio su habitación, sus pósters de cantantes y libros, aquella habitación que había perdido su sentido el día en que su madre entró intentando clavarle un cuchillo. Estaba mirándose al espejo y vio a aquella chica que había sido una vez, más delgada, con el pelo mucho más largo y arreglado. Vistiendo pantalones tejanos y una camiseta ajustada. Se estaba poniendo unos pendientes y el teléfono sonó. “¿Diga? Ah, si, tranquilo en diez minutos estoy allí”. Cogió un monedero y con pasos rápidos fue a la cocina a despedirse de su madre. En la estación un chico, que era como A-Non pero con ojos sonrientes y vivos, le esperaba y le daba un beso en la mejilla. Luego los dos entraban en el tren y fueron hablando de cosas banales.

Fueron a los bares de techos altos, pasearon por aquella playa observando el amanecer cuando los ojos estaban ya rojos del alcohol y del cansancio. Paseaban hablando de la vida y un coche se paró al lado de ellos. Dos hombres se posaron y los obligaron a entrar, ante la mirada entre curiosa e indiferente producto del alcohol de las demás personal que paseaban por allí.

Viajaron durante mucho tiempo. Con los ojos tapados y amordazados. Llegaron a un laboratorio y tras administrarles algunas pastillas, les pusieron delante de una tele. Luego Luna durmió en una habitación con una cama por todo mobiliario. Y se despertó en su cama, sin recordar nada de Lujan.

Luna entonces recordó a Lujan. Su amigo y compañero de clase. Aquel con el que había salido tantas veces de noche, y que tantas otras habían estado estudiando para algún examen final. El que le contó cómo se había enamorado por primera vez y con el que compartía su afición por el cine. Recordó todos aquellos años sin poder explicarse cómo de la noche a la mañana había borrado de su mente todo aquello.

Pero al despertar y encontrarse en la azotea supo que aquel hombre no era el Lujan que ella conocía.

-¿Qué te ha pasado? Tú eres Lujan. – La mirada del hombre no se relajó.

-“Era” Lujan. Ahora me llamo A-Non, rey de los zombis y éste- señaló a la ciudad.- Es mi reino.

-Pero tú has hecho que los zombis ataquen a las comunas. –

A-Non se puso en pie.

-Fuimos un experimento Luna. Tú te fuiste enseguida, pero yo estuve dos años encerrado allí. Yo tenía algo que tú no tenías. Y a ti te dejaron ir.

-Pero ¿qué te hicieron?- El hombre la miró.

-¿Quieres saberlo?Vamos a recordar juntos. – Y Luna entró en trance.

-Ahora sabrás lo que te perdiste Luna.-

En aquel momento, Shine entraba por la puerta principal del juzgado. Adrian lo llamó.

Luna está buscándolo.-

-Ya lo ha encontrado ¡Vamos! No podemos perder tiempo.

Los dos subieron directamente a la azotea. Adrian jadeaba al lado del muchacho. La puerta de la azotea estaba abierta y Shine entró, pero Adrian fue empujando para atrás por una fuerza invisible y la puerta se cerró delante de sus narices.

Allí se estaba produciendo el encuentro entre las personas más poderosas del mundo. Los dos telépatas más fuertes, enfrentadas. El cuerpo de Luna se elevó y se quedó flotando en el abismo a unos dos metros de la azotea. Shine sudaba asustado, pero no se amilanó. Tenía que anular a A- Non como fuera. Sintió como una fuerza enorme intentaba aplanar su cerebro pero luchó contra ella, lanzándola contra A-Non. La señal telepática de A-Non se volvió casi insoportable, pero puso en práctica los consejos de Aliar para amortiguar el ataque. Así estuvieron un buen rato. A-Non no las tenía todas consigo y Luna empezó a descender a medida que A-Non necesitaba toda su fuerza contra el chico.

Adrian había bajado a buscar a Jana y desde la calle vieron el cuerpo de Luna flotar inerme. Subieron al tercer piso y desde allí con un palo intentaron atraerlo enganchándolo por la correa del espadín. Cuando lo consiguieron, Jana se la cargó a los hombros y la llevó al camión. Adrian volvió a subir a la azotea. Intentó abrir la puerta que al tercer empujón cedió y se encontró a los telépatas enfrentándose. Habían creado un campo eléctrico en el espacio que había entre ellos. Un campo muy intensos de colores violáceos del cual salían pequeños chisporroteos. Adrian observó a Shine y se dio cuenta de que no podría aguantar más así que preparó una flecha y apuntó directamente al cuello de A-Non, colocándose de manera que la flecha no tuviera que atravesar el campo. La flecha se clavó en su objetivo, A-Non, desconcertado, ni siquiera se había dado cuenta de la presencia del fortachón y tambaleándose, cayó al vacío. El campo eléctrico se rompió y Shine cayó al suelo desmayado. Adrian lo cargó a sus espaldas y bajó todo lo rápido posible. El cuerpo de A-Non yacía en el suelo, pero vio que su mirada seguía brillando. Dudó en si debía rematarlo pero el camión entró en la calle seguido de un montón de zombis que la ametralladora iba barriendo y no se lo pensó. Prácticamente lanzó el cuerpo del chico hacia la parte de atrás y subió justo cuando Tony cambiaba la marcha y se ponía a casi cien km por hora, para salir de allí.

En una de las salidas de la autopista encontraron a Aliar que caminaba solo. Subió al camión y se arrodilló al lado de Shine.

-Sólo está agotado.- Luego miró a Luna y su rostro se ensombreció.

Tenemos que llevarla al Oráculo, yo sólo no puedo ayudarla. Está atrapada en la memoria de A-Non y no puede salir de ella.- Adrian abrió una pequeña ventanita que daba a la cabina del conductor y le dijo a Tony que tomara rumbo hacia el Oráculo. Y se tumbó exhausto por toda aquella tensión.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Lo esencial es invisible a los ojos

 

petit     Esta célebre frase de El Principito, es la frase que para mí resume lo que significa vivir. Éste es el auténtico sentido de la vida y por ello, siempre se nos escapa.

 

A veces la vida se me parece más a esto… una eterna escalera que crees que te conduce a alguna parte…

182926

Así me siento hoy, (como ayer y  antes de ayer, y antes de antes de ayer, y todos los antes de todos los ayeres) en interrogante que nunca cerraré.

mafalda

domingo 22 de noviembre de 2009

Capítulo 5

Capítulo 5 “La batalla”

La comuna estaba en silencio y los levitadores oteaban desde lo alto. A mediodía avistaron columnas de humo provenientes de las alejadas comunas, las trampas y las minas funcionaban. En el poblado del sur, habían colocado una carga explosiva en un lugar complicado, de manera que para cuando alguien llegara allí el poblado ya estuviera ocupado. Y los zombis murieron haciendo lo que sabían hacer tan bien, destrozando el campamento.

A medida que se iban acercando las columnas de humo eran más visibles, a cada momento, hacían explosión las minas que habían colocado en los bordes de las carreteras.

Tomaron posiciones, los telépatas se distribuyeron para que Tony, desde la torre, pudiera ver lo que ocurría y organizarlos mejor desde allí.

Las trampas funcionaron, cuando llegaron habían dejado en el camino a casi la mitad del ejército.

Freak y sus compañeros ya tenían cargada la primera piedra en la catapulta. Elías, uno de los chicos, se había apostado en la valla, para guiar la dirección de la catapulta.

Pasaron dos horas, hasta que llegaron.

Primero se apostaron los francotiradores, que ante el montón de gente que llegaba, no necesitaban dedicar mucho tiempo para apuntar, simplemente disparaban con los rifles de larga distancia y caían sin parar. Los bazocas hicieron lo propio, barriendo varios metros de un solo disparo. En quince minutos la sangre y los cuerpos inertes cubrían el campo. Durante dos horas mantuvieron a ralla a los zombis, que no conseguían acercarse al muro. Entre los humanos también se producían bajas, víctimas de los disparos de los zombis. Los imponedores de manos hacían su trabajo relativamente rápido. Los heridos graves eran atendidos por los más veteranos.

En cuatro horas murieron unos 100 hombres. Las municiones empezaron a escasear ante aquella marea de cuerpos que no se acababa nunca. Las flechas sucedieron a las balas y la situación empezó a volverse angustiosa cuando empezaron a llegar los primeros a las vallas.

En la torre Este Adrian disparaba a gran velocidad sus flechas, cubriendo a Ander que cubría grandes extensiones con ráfagas de una enorme ametralladora anclada en el suelo.

Los levitadores desde lo alto observaban las zonas en las cuales había más concentración de zombis y dirigían la defensa. Las ametralladoras mantenían a ralla la ola. Los cuerpos caían y comenzaron a crearse montículos de gente muerta. La sangre corría por el campo.

Luna y Orion y recurrían a un bazooca medio oxidado , el cual descuartizaba todo lo que se encontraba a su paso. Habían una hilera de ellos y todos disparaban sin vacilar.

Durante unas horas mantuvieron a ralla a unos cuantos metros a todos. Pero las municiones comenzaron a escasear.

En la comunidad los heridos y moribundos se trasladaban con rapidez a las chozas para que los imponedores de manos los curasen. Sacaban las balas con cuidado, procurando que fueran haciendo el mismo recorrido que en la entrada, luego aplicaban sus manos y tapaban la herida con telas limpias.

Pero aún así seguían produciéndose bajas y muchos estaban heridos.

Roberto corría de un lado para otro, desde todos los lugares le pedían munición. Hasta que sólo quedaron las flechas y las espadas. La situación empezó a volverse angustiosa.

En el huerto, protegido en su zona exterior con una valla electrificada, tampoco iban muy bien las cosas. Los cuerpos calcinados se apilaban contra la valla y los zombie subían unos encima de otros, hasta el punto que algunos ya conseguían saltar la valla. Anne se acercó corriendo, Xuga y otros soldados ya casi no podían contrarrestar a los que conseguían saltar la valla. Anne cogió una lata de gasolina y subiéndose con una escalera roció la montaña de cuerpos. Xuga lanzó varias flechas en llamas y los cuerpos comenzaron a arder. Aquello les impediría saltar la valla durante un tiempo.

En la zona de Adrian empezaron a producirse muchas bajas, no daban abasto con los heridos. Tony mandó una veintena de soldados para allá.

Roberto se acercó a Tony.

-Sólo quedan flechas.

Tony recibía ese mismo mensaje, telepáticamente desde las torres. Pero de repente, los zombis dejaron de atacar y se alejaron corriendo.

Muchos no se dieron cuenta y seguían disparando. Luna se quedó atónita. Aún quedaban millares que ya empezaban a subir sobre las montañas de muertos, pero se fueron.

Tony se levantó sobresaltado.

-Ya se van.- Roberto se quedó sorprendido y se asomó por el balcón de la torre.

Luego bajaron corriendo y se subieron a las torres desde las cuales los demás observaban lo que aún no se acababan de creer.

Un levitador se posó al lado de Tony.

-Van en dirección sur. Hacia Ciudad Zinc.

Luna se secó el sudor y se miró las manos. Las tenía ensangrentadas a causa de las rozaduras que producía tensar el arco tantas veces.

Las mojó y se las curó, sin preocuparse de lo que ocurría fuera de las vallas. Se sentó en el suelo y miró hacia el cielo. Durante cinco segundos no pensó en nada. Y buscó con la mirada a Anne, la cual ayudaba a una muchacha herida en una pierna. Se miraron durante un momento. Y subió de nuevo a la valla, para ver cómo se alejaban los zombis.

Hicieron un recuento de bajas. Había unos 57 heridos, 230 habían muerto. Sacaron las flechas de los cuerpos inertes de los zombis y cogieron sus armas. Freak y sus compañeros recogieron las piedras las cuales se hallaban desperdigadas por todo el campo. En su grupo no se produjo ninguna baja, exceptuando Elías. Se le había metido una esquirla de bala en un ojo. Pero nada grave.

Alan sacó grandes jarras de agua, de las cuales todos bebían directamente.

Ignorantes de que aquella batalla se había producido en todas las partes del mundo, prepararon los coches para arrastrar los cuerpos que cubrían el llano e hicieron piras. Si no lo hacían, en unos días el hedor sería insoportable y si sufrían otro ataque, los cuerpos facilitarían la escalada a las vallas.

Al atardecer más de 50 piras ardían mientras el sol acariciaba el horizonte. Entre sus bajas se encontraba Xuga y muchos amigos de Luna y Adrian. Éste abrazó a Luna. A pesar del tiempo que ya había pasado, no se había acostumbrado a las matanzas.

Y se fueron a dormir, excepto algunos levitadores y algunos que veían de noche, para evitar sorpresas.

En otros lugares y países las consecuencias de aquellas batallas habían sido bastante diferentes. Los zombis barrieron miles de comunas. Sólo unas pocas habían sobrevivido como las del poblado Sur.

Y la mente que había conseguido movilizar al poco mundo civilizado que quedaba se acomodaba en un viejo sofá. A su lado una chica zombi, no muy descuidada le ofrecía grandes trozos de carne cruda que el hombre saboreaba. Había rehabilitado las mentes de cuatro antiguos generales para dirigir a los zombis, y en aquel momento le daban las noticias.

-Algunas de las comunas han sobrevivido al ataque.- A- Non, así se llamaba el hombre que comía la carne cruda ni se inmutó.

-Pues lanzad otro ataque. ¿a que esperáis?

-Pero, pero...- El instinto de conservación del militar influía demasiado.

-Hemos perdido a la más de la mitad de la población

El hombre le miró con ojos brillantes.

-¿Y qué? ¿A quién le importa esos descerebrados?

-Pero no tienen municiones ni...- Pero no terminó la frase, A- Non lo miró fijamente y éste cayó muerto al instante.

Miró al otro.zombis

-Encárgate tú.

Y el general no pronunció ni una sola palabra, cogió a su compañero muerto por los hombros y lo arrastró fuera de la sala.

A- Non siguió comiendo la carne cruda en silencio.

En el poblado del Sur se preparaban para otro ataque. Volvieron a poner más trampas y rescataron todas las flechas que les fue posible.

Tumbados y tapados con mantas, intentaron descansar, sabiendo que la voz de alarma sonaría muy pronto.

Luna y Ann, abrazadas intentaban hacer lo mismo. Adrian roncaba plácidamente a su lado y Luna no podía reprimir suspiros de impaciencia.

-Odio esta situación.

Nadie alimentaba la esperanza de que el ataque no se repitiera. Sabían que los zombis no dejarían a nadie vivo.

Volvieron al amanecer. El soldado apostado al lado de Anne, no podía evitar un jadeo incontenible que acabó por ponerla nerviosa.

-Lo siento. No puedo evitarlo, también a mí me pone nervioso.

Estaba muerto de miedo, como todos. Anne no le dijo nada, se limitó a apretar la mandíbula. A Elías le sucedió Freak en su puesto de apuntador. Tumbado, con unas gafas de sol desgastadas para evitar que le ocurriera lo mismo que a Elías, buscaba un objetivo grande.

Las trampas surtieron de nuevo su efecto. Y algunas minas que no habían sido pisadas en el anterior ataque funcionaron.

Descerrajaron las pocas municiones que les quedaba que eliminó la primera hilera. Los zombis dispararon y se quedaron sin munición también. Una hilera de arcos apuntaban a los desarmados zombis.

Tony dio la orden telepáticamente desde la torre y se sucedieron las andanadas de flechas. Freak hizo encarar la catapulta hacia una ametralladora con un cañón enorme que habían conseguido arrastrar los salvajes hasta allí. Alzó la mano y la bajó. Una enorme piedra pasó rozando la ametralladora aplastando a un grupo de salvajes. Freak hizo que la catapulta virara un par de centímetros y en el siguiente disparo le dieron de lleno a la ametralladora. Luego cargaron una saca de piedras del tamaño de una mano, avisaron a los que estaban apostados en la valla para que se agacharan y una lluvia de piedras barrió una pequeña extensión del campo.zombies

Así pasaron dos horas y los cuerpos volvieron a amontonarse en las vallas, lo cual propiciaba la escalada de los que llegaban detrás. Una hilera de soldados con lanzas y espadas se colocó delante de los arqueros que ya no daban abasto. En las chozas habían comenzado a evacuar a los heridos al camión traído de la base militar y a preparar lo s coches para una huida inminente.

Y comenzó una lucha cuerpo a espada mientras unos pocos arqueros intentaban, desde las torres refrenar la marea que escalaba por las vallas.

Luna desenfundó su espadín y empezó a repartir mandoblazos espalda contra espalda de otro soldado para poder protegerse mutuamente.  El sonido de un cuerno dio la señal de huida hacia los coches. Había unos diez más el camión, el cual sería el primero en salir para facilitar la huida de los coches.

Lucas que conducía el camión hizo sonar la bocina y arrancó, arrastrando la valla y la montaña de cuerpos que se apoyaba en ella.

El coche que inmediatamente le seguía era conducido por Adrian. En el último Anne esperaba impaciente a que Luna llegara, la cual lo hizo con un telépata. Sin dilación cogió velocidad mientras los cuerpos se agolpaban a su alrededor.

A unos diez kilómetros dos coches conducidos por zombis les siguieron. Luna con medio cuerpo fuera intentaba acertar en las ruedas con las flechas, pero era poco menos que imposible, así que le pidió a Anne que parara el coche. El telépata se preparó, y los dos salieron y se subieron al capó. Los coches los rodearon, los zombis estaban desarmados, pero aquello no les impidió acercarse corriendo. Luna saltó mientras atravesaba con el espadín la garganta de una mujer enorme, sucia y enmarañada, mientras le daba una patada en el estómago a un viejo. Ann abrió la puerta del coche justo en el momento en que un tipo se acercaba por detrás al telépata, dejándolo fuera de combate. El telépata corrió hacia uno de los coches y montándose siguió la hilera de humo que los supervivientes dejaban. Luna hizo lo mismo.

Durante el viaje por el desierto, más coches-zombis los atacaron, pero sin armas. Éstos no resultaban peligrosos y les fue fácil eliminarlos.

Aquella batalla los había dejado con menos de la mitad de soldados. En total quedaban unos 250, hacinados en su mayoría en el camión.

Freak buscó a Malik por los coches, en una parada que hicieron al atardecer. Como él muchos buscaban a sus amigos o familiares. La última vez que lo había visto, estaba subido a la cazuela de la catapulta protegiendo la huida de los chicos.

-¡Malik! ¡Malik!

Muchos lloraron aquella noche. Tony no hizo de jefe aquella vez, se arrodilló en dirección a la comuna y comenzó a recitar una oración que creía que había olvidado con los años, muchos le acompañaron.

Luna se frotaba los ojos con las manos llenas de heridas y ampollas y Ann ayudaba a los imponedores de manos limpiando heridas.coches

Luna se metió en el coche e hizo sonar el claxon, luego se subió a la capota.

-Vamos a la base militar, allí están los que se marcharon antes de la batalla, aún nos queda una oportunidad.

Nadie estaba en condiciones de pensar, agotados o heridos, se dejarían llevar. Luna tampoco podía pensar con claridad, pero tenían que encontrar una solución rápida y aquello fue lo primero que se le ocurrió.

viernes 20 de noviembre de 2009

Orgullo y prejuicio y zombies

Alaaaaaaaaaaaa toma tomatazo de libro http://servidor.edicionesurano.com:8500/i_Avance/600000217/Avance.pdf. Éste es el enlace del primer capítulo. que fuerte me parece¡¡¡ Soy friki pero esto me supera un poco¡¡¡ y lo peor es que lo pillaré y me lo leeré, que fuerteeeeeeeeee¡¡¡¡

domingo 15 de noviembre de 2009

Capítulo 4

Capítulo 4 “La espera”

La expedición al desierto no acababa de volver y los soldados se mostraban muy tensos. Sin armas estaban perdidos, no serían capaces de rebatir ningún ataque.

En otras zonas también se habían organizado, la voz de alarma había llegado a todo el continente y, de manera misteriosa, había incluso atravesado el océano

El huerto comenzaba a lucir un aspecto desaliñado. Sin gente para cuidarlo, habían optado por mantener la parte que estaba a punto de dar fruto y abandonar el resto. Ya no tenían más hierro fundible para fabricar flechas. Las pocas armas que tenían brillaban, relucientes para evitar que se encasquillen. Y las municiones contadas y recontadas. Empezó a correr el rumor de que la expedición no volvería. Que habrían sido atacados por algún grupo zombi. Tony y Roberto, pero sobre todo Roberto, estaban muy nerviosos.

-Si no vienen no podremos mandar más coches, no podemos derrochar la poca gasolina y los pocos vehículos que quedan.

-Tienen que volver. Los gemelos siempre lo hacen.

-Ya pero no cuando están muertos, si se han encontrado con una emboscada no habrán podido con ellos.

La espera era horrible. Los únicos que estaban entretenidos eran Freak y sus amigos, los cuales llamaron a Luna cuando terminaron la catapulta.

-¿Ves? Ya está. Vamos a probarla.

Cargaron una piedra, tensaron la cuerda y la soltaron. La piedra estuvo a punto de aplastar al vigilante que, subido a una gruesa pared de hormigón, oteaba el horizonte.

-Necesitamos algo que la haga saltar más rápido un... un....-

-Un muelle- Alan apareció por detrás limpiándose las manos a su mandil. Se dirigió a la catapulta y la estudió dando vueltas a su alrededor.

-Un muelle de unos 10 centímetros de grosor puede servir, que mida unos tres metros y la colocáis aquí.- Y señaló un punto.- La cacerola debe ser más pequeña, que pese un poco menos y así lanzáis a más altura.

Todos le miraron alucinados.

-Era físico antes que cocinero- Y se encogió de hombr os.

Al día siguiente tenían hechos los arreglos y Alan les enseñó a calcular la distancia a la que podrían lanzar.

-Es cuestión de relacionar el peso de la piedra con el ángulo de lanzamiento, veréis...-

Tony observaba con un leve rictus de sorpresa en la cara, Luna fumaba sentada con los pies apoyados en la mesa.

-Al final sus esfuerzos valdrán para algo y míralos, están más fuertes que nunca.

El ejercicio de cortar, acarrear y montar la madera amén de transportar las piedras había dotado a los chicos de unos prominentes músculos en los brazos y en el pecho. Malik los llamó para su entrenamiento de tiro al arco.

-Y hombre.- Luna aspiró el humo- A alguno pillarán debajo, digo yo.-

Alan les concedió dos días de vida más a las vacas para que pudieran transportar más rocas.

-Si llenáis el cazo de piedras pequeñas también, crearéis el efecto de una lluvia, también eso puede hacer mucho daño.

Así que se dedicaron a llenar sacos de piedras del tamaño de una mano.

Ya no tenían más trucos, ni trampas ni nada.

La situación era agobiantemente peligrosa pero no se les ocurría nada más que pudieran hacer. Quedaban 15 días para el ataque. 15 días de espera, de espesa y tensa espera. La tensión era enorme y necesitaban romperla de alguna manera.

-Hagamos una fiesta.

En el cobertizo todos miraron a Alan.

-No podemos hacer nada hasta que los gemelos vuelvan, así que podríamos disfrutar un poco, por un día. Hacer un baile, un concurso de algo.... no sé.

Anne apoyó la idea y Adrian por supuesto. Los demás se miraron desconcertados.

-De acuerdo.

Se sacrificó una vaca para el convite. Algunos llevaron timbales y flautas. Y Alan llevó dos bidones llenos de cerveza.

El protagonista de la fiesta fue Adrian, que entre comida y cerveza se encontraba en su salsa. Hicieron un pequeño concurso de tiro al arco, quedando como finalistas Anne y Luna que disfrutaron de aquel reto, y lo dejaron empate. Y luego un campeonato de pulsos en el que Adrian se hizo el rey indiscutible. La cerveza corría. Ann eno permitía que el vaso de Luna estuviera vacío ni la dejaba un momento tranquila. Sabía que su pensamiento estaba con Débora y con los que habían huido al desierto. Cuando los timbales dejaron de sonar, se sentaron en el suelo de la choza. Luna escondió su rostro en el cuello de Anne.

-Anne, tú podrías ver si está bien Débora...- Anne asintió, sabría que se lo pediría. Apoyó su mano en la pulsera que Luna llevaba, se la había regalado Débora-

-Veo un edificio... todo es arena, y está bien. Tiene al niño de Aliana en brazos y sonríe...-

Luna suspiró y borracha, se durmió en brazos de Anne, que la abrazó como a una niña pequeña. Si la hubiera conocido antes de la llegada a Marte, no se habría fijado en ella nunca. Lo sabía porque Luna le había contado que antes era una estudiante de derecho. Anne no podía imaginársela con camisa y pantalones elegantes, ni con el pelo largo. Siempre había conocido a la guerrera Luna desaliñada, con el pelo corto, pantalones militares y camisa gris, siempre vigilante y expectante. Sólo medía un metro sesenta pero aprovechaba su baja estatura para escurrirse y luchar de una manera que ni Ann eni nadie había visto nunca. Y también era a la vez, capaz de reírse a carcajadas con las tonterías que le contaba Freak, una niña que se transformaba en la mejor luchadora cuando la situación lo requería. Le encantaban aquellos ojos capaces de tornarse en la mirada de una fiera y pasar al segundo a sonreír, en silencio. No podía imaginársela con gafas y cara de estudiante, como Luna le había contado que era antes. Ella siempre había sido así. Antes había sido motera, trabajaba en un garaje y los fines de semana se dedicaba a viajar de aquí para allá, como ahora.

Y ahora Luna había vuelto a ser la luchadora de siempre.

La fiesta se prolongó al amanecer, cuando Anne y Luna dormían abrazadas.

Pero el descanso no duró mucho.

Primero se oyó, lejano y atenuado, como un run-run. El vigilante levitó para observar quienes eran los que producían aquel ruido y se dirigió corriendo a la torre de control. Allí hizo sonar una sirena y se dirigió corriendo hacia la puerta.

-¡Ya vienen!

Durante un segundo todo el mundo creyó que eran los zombis y salieron corriendo, colocándose los cinturones con los espadines. Pero el vigilante ya había abierto la puerta.

-La expedición ya está aquí.- Y todos respiraron tranquilos.

Los gemelos se posaron orgullosos de un enorme trailer.

-La base estaba llena de zombis y acabamos con todos.

Arian le entregó un papel arrugado a Roberto.

-Están todas las cantidades aquí.

Al administrador se le iluminó la cara.

-Bazocas, ametralladoras, minas...

El administrador se subió al camión y comenzó a distribuir el arsenal.

Xuga se lanzó hacia la jarra de agua que Alan le llevó.

-Falta Ander.

-Una emboscada- Se limitó a decir Orion, mientras bebía directamente de la jarra.

Ander fue la primera baja que sufrieron antes de comenzar la lucha.

Delimitaron varias zonas del llano que rodeaba el poblado para colocar las minas y se repartieron las armas en función de las capacidades y habilidades de cada uno. Los gemelos recibieron a sus novias con los brazos abiertos y luego se dirigieron a la torre de mando. Orion tenía un fajo de papeles que le tendió a Tony.

-Guiamos a los que huían al desierto a la base, se esconden allí ahora. Pero lo mejor es esto...-

“Proyecto Marte”.-

El proyecto Marte era una misión de investigación mandada a Marte. Se le dio una gran importancia y aquel día todo el mundo estaba pegado al televisor.cd

Desde aquella base militar, por lo que Tony iba leyendo, se había organizado la seguridad del proyecto, pero lo que encontraron los gemelos no sólo era el sistema de vigilancia sino un experimento sobre la aplicación de rayos ondas a través de la televisión. Y cómo incidía en un determinado gen, regulador de las radiaciones psíquicas del cerebro humano. Tony leyó aquellos papeles durante toda la noche, mientras los demás organizaban la defensa del campamento.

La llegada a Marte era una manera de mantener a la gente delante del televisor. Por eso se dio tanto bombo a la llegada a Marte de la nave investigadora. Las ondas llevaban una programación muy clara, se crearía una conexión mental de todo el mundo, conexión comandada por un equipo de científicos. El experimento consistía en crear aquel hilo entre todas las mentes durante unos minutos, pero algo falló y millones de personas quedaron mentalmente anuladas, sólo el instinto permaneció. De un plumazo todos los recuerdos y conocimientos fueron anulados. Entre los papeles había un diario, una especie de cuaderno de bitácora de aquel experimento. Lo había escrito uno de los científicos.

“Durante años llevamos haciendo estos experimentos, con ratas de laboratorio y primates con resultados muy satisfactorios. Al experimentar con humanos, los resultados fueron más que excelentes, puesto que el cerebro humano es mucho más grande y deja menos espacio para el instinto y controles básicos y más espacio para la memoria y el aprendizaje, justo la parte que el gen controla y la parte que podemos controlar a partir de los rayos ondas. Gracias a la experimentación pudimos concluir algo que en la ficción se había explotado: la existencia de la telepatía. La capacidad del cerebro para comunicarse con otro a través de señales mentales, y la capacidad para controlar el tiempo y el espacio. ”

Ahora Tony se explicaba de dónde salía la capacidad de levitar y los poderes de los humanos.

“Durante años luchamos para hacer que la comunicación mental pudiera reproducirse para todos los humanos y gracias al señor T, la investigación puede extenderse a todo el grueso de las personas”

“El 15 de mayo lanzaremos los rayos a través de televisión, en la emisión de la llegada a Marte de una nave”

Tony se saltó los preparativos y buscó el momento en que aquellos rayos se emitieron por la tele.

El señor Laudan, director de la investigación, debía apretar el botón que permitiría que los rayos llegaran a todos los satélites para que la señal llegara a todas las televisiones. La señal estaba programada para lograr una interacción total de todos los cerebros de las personas que en aquel momentos vieran la tele, esta interacción duraría unos minutos, lo suficiente para recabar información para seguir investigando.

Pero algo sucedió. El señor Laudan parecía muy tenso y nervioso, en el momento de lanzar la señal me puse pálido, el disco que había introducido no era el programado por nosotros, yo era el único que me había dado cuenta. Sobre todo porque había sido yo quien había diseñado aquel disco y quien había introducido la información necesaria, me había pasado meses dándole vueltas a aquel disco, perfeccionándolo, buscando el material adecuado, y el disco que el señor Laudan había introducido en el ordenador no era el que le había entregado. Cogí a Laura del brazo y tiré hacia Laudan, le dije que por qué no había introducido mi disco y simplemente apretó el botón. No sabía qué información podía contener pero sabía que no había nada bueno, si no Laudan hubiera informado de un cambio a última hora y no lo había hecho. Mis colegas me sujetaron, sin saber qué ocurría, y les grité que pararan el programa. Todos, incluida Laura me miraban extrañados, pero Laudan apoyó mis palabras al sacar del bolso un revólver y apuntarnos con él. Quédense quietos y no hagan ninguna tontería. Todos le miramos entre sorprendidos y extrañados, y ocurrió. También nosotros estábamos sujetos al experimento, pero procuré no mirar a la pantalla. Los hombres que me sujetaban comenzaron a gritar y a apretarse la cabeza como si algo se la estuviera presionando. Laudan entonces, consciente de lo que ocurría, paró el programa a duras penas y la emisión no llegó a lanzarse completamente, pero el daño ya estaba hecho. Nos quedamos encerrados en el laboratorio, los soldados habían visto la emisión y corrían por los pasillos, como locos, disparándose y matándose entre ellos. Sólo unos pocos no habían visto la televisión, y murieron sin saber porqué sus compañeros les atacaban.”

A partir de aquí el relato contaba cómo habían intentado sobrevivir y cómo al final los soldados consiguieron entrar en el laboratorio.ojo

Tony salió de la choza y aspiró el aire nocturno, demasiadas cosas para una noche, al día siguiente les explicaría qué era lo que había ocurrido. El corte de la emisión era lo que había provocado que algunos no se hubieran vueltos locos, y que desarrollaran los poderes que ahora tenían. Recordó aquella llegada a Marte, estaba sentado en el sofá, haciendo tiempo para celebrar un funeral, no había notado nada extraño... hasta que salió a la calle. Y también se explicaba porqué algunos no tenían poderes ni se habían vuelto locos, como Adrian. Simplemente no habían visto la retransmisión.

Al día convocó una reunión y les explicó lo sucedido. Todos se asombraron, pero no tenían tiempo para lamentaciones, tenían que defenderse de aquella gente. Pero Tony estuvo a punto de sufrir un ataque de nervios, los días posteriores a aquel suceso, había estado a punto de volverse loco, buscando una explicación a todo lo que estaba ocurriendo. Y ahora, después de cinco años en los que había aprendido a no cuestionarse lo que ocurría y simplemente sobrevivir, descubría el porqué de toda aquella locura que había sacudido al mundo. Luna posó una mano en su hombro.

-Lo que ha ocurrido ya no puede solucionarse.

-Pero son millones, millones de personas anuladas por un experimento, por un triste y ruin experimento. Es... increíble.- Y suspiró.

Luna sabía que si dejaba que Tony se derrumbara, los demás también lo harían. También ella estaba enfadada, no sabía qué pensar ni qué sentir, pero lo último que les hacía falta era pasar por aquello ante el ataque inminente de los zombis. Necesitaban toda su fuerza física pero también la fuerza moral para sobrevivir.

-No puedes abandonar ahora Tony, te necesitamos. Esas personas no son culpables de lo que ocurre, pero no podemos hacer otra cosa aparte de defendernos, son ellos o nosotros.

Tony salió del cobertizo mientras que los papeles que había leído iban pasando por las manos de los sorprendidos soldados.

Faltaban cuatro días para la fecha del ataque que el Oráculo había predicho. Doblaron las guardias y comenzaron a llegar coches de otras comunas. Habían concluido que unidos tendrían más probabilidades de sobrevivir. Dejaron los caminos plagados de minas y de trampas.

Freak enseñaba su catapulta la cual contrastaba con las armas que los soldados portaban. Habían reforzado el muro que protegía el poblado con hormigón que encontraron en una cantera abandonada, la comuna era prácticamente inexpugnable.

Tony se encerró en su choza, y los demás decidieron dejarlo tranquilo y seguir con los preparativos.

El huerto, que tanto habían cuidado, estaba ocupado por los coches. Si los zombis lograban entrar tendrían que huir y los dejaron a punto para irse.

La última noche Luna y Ann durmieron abrazadas. Freak y sus amigos se quedaron en la catapulta y Malik les dio su última clase como soldado. Había fabricado unos pequeños colgantes con el dibujo de la cruz roja que tenían como insignia y unos cuchillos que les entregó.

Adrian sorteó unos cuantos cuerpos que dormían en el suelo para llegar a la choza de Tony. Se encontró con la misma imagen, desaliñada y desencajada de hace cinco años. No llevaba el alza-cuellos pero estaba arrodillado ante una cruz de madera. Y Adrian se alegró de no haberlo matado la primera vez que lo vio. Lo había confundido con un zombi. Con aquel pelo largo y aquella mirada perdida. Pero en el último momento se dio cuenta de que aquello no era locura sino tristeza. Ahora volvía a ver aquel hombre, triste porque no entendía qué le ocurría al mundo. Pero su mirada era diferente, tenía un brillo diferente.

Tony se levantó y comenzó a prepararse.