martes, 23 de diciembre de 2008

Quiero este libro para Reyes...ya lo tengo pedido....y este año fui güena...


I
La profecía
La tierra tembló bajo sus pies y ella ahogó un grito de pánico, al tiempo que un destello bestial
rasgaba el cielo, que respondía con un aullido ronco. Era como si los dioses, furibundos, hubieran
entrado en combate y entrechocaran sus hierros, escargando golpes capaces de aniquilar de un
tajo a todo un ejército de mortales. El aire olía al humo de algún incendio cercano. La luz parecía
haber huido en pleno día. Resultaba difícil adivinar la causa de semejante cólera, pero algo grave
debían haber hecho los hombres para despertar tamaña ira. Mal presagio…
Obligándose a demostrar una calma que estaba lejos de sentir, Naya, Hija del Río, se detuvo bajo
las ramas de un fresno, musitó una oración a la Madre rogándole que intercediera por ellas ante
Tárano, y buscó los ojos de la criatura que se agarraba a su mano como el dolor se agarra a los
huesos de los ancianos.
—¿Falta mucho?
Más que una pregunta, era una súplica, formulada con la extraordinaria serenidad que
caracterizaba a la niña desde que llegara al mundo, dos años atrás, en aquella noche extraña en
que un manto oscuro cubrió a la Diosa hasta velar su resplandor, precisamente cuando Naya
empezaba a sentir los primeros dolores del parto. Ella nunca había contemplado un prodigio
semejante. En realidad, únicamente el Guardián, a cuya morada secreta se dirigían madre e hija
en ese momento, había sido capaz de tranquilizar a los habitantes del castro después del
aterrador fenómeno, asegurándoles que la luna saldría airosa del trance y volvería a reinar en el
firmamento nocturno. Pero para entonces el miedo ya había hecho presa en todos los corazones.
La Madre se había mostrado hasta ese momento singularmente propicia. Los primeros síntomas
del alumbramiento habían llegado con la luna nueva, señal inequívoca de abundancia y buena
fortuna para la pequeña que estaba a punto de nacer. No en vano su pueblo había reverenciado
desde antiguo al astro de la noche en su fase primera, renovada y pura, como máximo exponente
del infinito poder de la vida para perpetuarse a través de las generaciones y abrirse paso hasta el
mañana entre las trampas de la muerte.
La criatura que pugnaba en esas horas por salir del vientre que le servía de hogar, a fin de
comenzar su andadura por el mundo, venía bendecida por un destino favorable. Ésa era la opinión
común entre las mujeres de la aldea mientras ayudaban a Naya a calmar sus jadeos y su
respiración, para entonces ya quebrantada por la enfermedad, soportar el suplicio de las
embestidas del bebé y hacerlo pasar a través de sus caderas primerizas, sin quejarse, como
manda la tradición. Ellas parían en silencio, por pundonor y dignidad, en medio del sembrado o
con la guadaña en la mano, si así se presentaban las cosas. Eran mujeres fuertes, recias,
valerosas, justa contrapartida a la autoridad que habían ejercido siempre en sus familias. Mujeres
de una pieza, tanto a la hora de luchar como en el trance de dar la vida, fuente y origen de ese
respeto sagrado que habían sentido por ellas los hombres… hasta que los dioses venidos de lejos
empezaron a cambiar las cosas.
No fue aquél un parto laborioso, sino todo lo contrario, especialmente considerando que era el
primero de Naya. La Diosa lo rodeó desde el comienzo con su abrazo protector e iluminó con su
luz tenue a la niña mientras se asomaba al mundo, hasta que de pronto empezó a palidecer. No la
niña, sino la Diosa. Fue poco antes del alba, tras una noche estrellada y limpia como pocas veces
se veían por allí. No se divisaba una sola nube en el cielo, pero sin previo aviso la luna se fue
cubriendo con una capa oscura, ominosa y densa, que pronto apagó su brillo. Y un murmullo de
estupor se elevó desde todas las gargantas, rogando a Lug que tuviese piedad con ella y se la
devolviese a sus hijas.
Dos de ellas, una recién nacida y otra aturdida aún por la emoción de tenerla en sus brazos, eran
las escogidas de la fortuna para protagonizar el acontecimiento, pero estaban demasiado absortas
la una en la otra como para darse cuenta de ello. Tampoco las gentes de su alrededor les
prestaron mucha atención. Nadie se fijó en la pequeña desde el momento en que la luna comenzó
a desaparecer tras ese manto de niebla negra que parecía anunciar el fin de los tiempos. Todas las
miradas se desviaron hacia el cielo y todas las palabras se hicieron oraciones. Únicamente la Hija
del Río siguió contemplando ese minúsculo pedazo de carne surgido de sus entrañas, musitando
ternuras nunca antes imaginadas, completamente ajena a la agitación desatada por el eclipse.
Al despuntar el día, un emisario partió a caballo hacia la morada oculta del Anciano, único capaz
de descifrar el misterio, para pedirle una explicación sobre lo sucedido. Tras consultar a los
espíritus y buscar su respuesta en las cenizas de la hoguera, aquel a quien los cristianos llamaban

jueves, 18 de diciembre de 2008

Feliz Añuu

CARATULALAPRINCESAPROMETIDAFINAL conan

¿Quién no se ha emocionado con esta película, La princesa prometida? ¿ O corrido por aquella caverna llena de misterio con los Goonies, aquellos amigos que hacían reflotar un antiguo barco pirata? goonies-poster04 Gremlins, Gizmo... llega la Navidad y con ella una época de fantasía, de auténtica fantasía... Hace mucho que sé quiénes son los Reyes Magos, y los niños de ahora saben que los Reyes Magos tienen que tirar mucho de cartera para darles lo que quieren (me pongo mala de ver lo que se les regala ahora a los niños, pero como no son hijos mios...) Yo me acuerdo de mis Navidades pegada a la tele viendo estas pelis, llenas de magia, fantasía, trolls, dragones...

gremlins

¿Que es una Navidad sin Willow o sin Mary Poppins? (yo me acuerdo de ella y de la píldora aquella que le daba a los niños, cada vez que tengo que limpiar mi habitacíon)

Mary-Poppins-mv03 willow willow_1 Sin prisas ni agobios, turrón y una buena peli... ahora ya no sé si es lo mismo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Dato biográfico. Ángel González

Dato biográfico -Ángel González-.


Cuando estoy en Madrid

las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio,
lugar hacia el que
—por oscuras razones—,
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,
les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que —lamento decirlo—
hablan poco a favor de esos ortópteros.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Si la Luna se quedara al paro

SI LA LUNA SE QUEDARA AL PARO

Si la luna se quedara al paro
( como tantos otros, en estos
tiempos que corren, nadie te asegura
ni te pagan todas las horas que trabajas)
se quedaría alucinada, pero no
alunizada
ya no podría...

... sería tan extraño....

Andaríamos, las simples mortales, confusas y desorientadas.
Sin ninguna razón para alzar la cabeza
hacia el cielo en la noches extrañas.

En esas noches en las que emprendes la búsqueda.

Búsqueda de amores y de amantes.
Búsqueda de razones, sin saber razonar
teniendo eso sí, siempre la razón,
nunca estamos equivocadas
no sé por qué pero todo el

mundo
parece tener siempre la verdad.

La búsqueda que acaba
devolviéndote a casa derrotada, de nuevo por
la soledad y por ese amor nunca saciado.

Búsqueda que encontraba su aliada en la luna.

Pero a la luna se le acabó el contrato
5.000 millones de años, más o menos.
(Bueno menos que más porque ésta es la edad del Universo
la luna como satélite, es lo equivalente en nuestro
sistema familiar a la nieta. Una nieta estelar
de alguna oronda y cana estrella, a la que
se le irá la olla y lanzará más que luz, destellos
pequeños guiños a los ojos invisibles
del resto de estrella y planetas)

Quizás, las simples mortales no necesitamos ya de luna.
( Y eso que solo llevamos dos millones y medio de años en la tierra)

Hemos considerado que algo menos que 5.000 millones de años es
bastante. Y que a partir de ahora ya
sabemos ir, llegar, solas a casa.

Que encontraremos nuestros amores a la primera.
( Que nos daremos cuenta de todo)
Y ya no necesitaremos que la luna esté ahí
para que nos devuelva con su luz las
interrogaciones con las que le increpamos.

Lunáticas empedernidas, simples mortales
que como siempre y como nunca
no nos enteramos de nada.
No sabemos de qué va esto de vivir.
Y ya nos cansamos hasta de alunizar....



Y la luna se buscará una nueva casa.
Se hará un plan de pensiones.
Preparará currículos para las más diversas ocupaciones.
Y se encogerá de hombros, eso sí,
siempre sin decir nada.

martes, 2 de diciembre de 2008

Macondo

A veces, mi mundo recibe el nombre de un pequeño pueblo del interior... es mi Macondo personal. Cada vez que voy, a ver a mi familia o a mis amigos, es como si cambiara de Universo. Cambia el olor, cambia el sabor de las cosas y cambia hasta la luz... lentregu

El viaje en el autobús se convierte en un ritual, un camino entre montañas, un viaje no sólo en el espacio, sino, también en el tiempo. Porque a pesar de todo, cuando estoy allí, vuelvo a sentirme como si tuviera dieciséis años. Y escucho a mi familia hablando de lo mismo, una y otra vez: quién se casó, quién se murió y quién tuvo hijos. Divorcios, cuernos, drogas y enfermedades... y cuando me preguntan por mi vida, por lo que hago, a veces me da la sensación de que me lo invento todo a medida que hablo. Es como si les hablara de otro universo, universo que conocen, pero que les queda lejos, inconmensurable...ininteligible por supuesto, aún puedo leer en la cara de mi madre el reproche por haberme ido; lo suficientemente lejos como para no tener que vernos todos los días. Puedo leer en su cara lo que me decía hace años, que no me fuera, que ahorrara, que me buscara un buen trabajo, que acabara la carrera, que me comprara un piso... sus sueños, no los míos. Por lo menos de momento.

Cuando vivía allí, pasaba el tiempo inventando, creando, intentando ver más allá de las montañas, buscaba una luz a aquella vida que no me gustaba. No quería vivir en un lugar donde todo el mundo te conoce... y te juzga. y me fui... muchas veces y de muchas maneras... hasta que encontré la manera de hacerlo sin que nadie saliera muy dolorido.

Ahora sigo buscando, en las montañas y en el mar. Busco otras vidas y otras maneras de vivir. Otras historias que no sean la mía, inventadas, sentidas o vividas, pero quiero saber que hay muchas maneras de vivir y que en no todas es el tiempo el que ordena y manda, sólo en algunas es el dinero el que sujeta las riendas de la vida y en ocasiones te ves obligada a hacer caso a lo que te dice tu familia que es la que al fin y al cabo la que te ata a la tierra en la que naciste...

naloón

A veces, voy a caminar por las viejas carreteras... la última vez fui con Soraya a pasear por la carretera vieja que conecta los pueblos sin pasar por el corredor... lo que antes me parecía todo aventura, kilométrico, en cada curva me inventaba una historia... ahora es pequeño, está cambiado y ya no me encuentro a la misma gente.

Antes había un lavadero de carbón abandonado enfrente de mi vieja casa en un pueblín, ahora hay un centro comercial. El viejo fantasma del lavadero salió corriendo al ver tantas luces, y tanta gente yendo y viniendo. Cuando yo era pequeña ya estaba abandonado, los edificios medio derruidos y por la vía ya sólo pasaban los trenes de pasajeros. El viejo lavadero no vio pasar tanta gente junta ni siquiera cuando funcionaba...Los niños de mi pueblo no nos atrevíamos a ir a jugar allí, demasiadas sombras, y yonkis también escondidos entre ellas. Pero a veces me sentaba en algún prao, y lo miraba, soñando con guerreros y guerreras que luchaban entre las vías del tren, y los edificios derruidos...

Todo en mi pueblo me recuerda al Macondo original. sólo hay que cambiar el calor tropical por el frío y el olor inseparable, ahora cada vez menos, del humo de las cocinas de carbón.

Tantas historias no resueltas me imaginé en mi Macondo... que ahora tengo que escribirlas todas...

Pincha en la carátula para leer el primer capítulo (es una pasada¡¡)


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