martes, 23 de diciembre de 2008

Quiero este libro para Reyes...ya lo tengo pedido....y este año fui güena...


I
La profecía
La tierra tembló bajo sus pies y ella ahogó un grito de pánico, al tiempo que un destello bestial
rasgaba el cielo, que respondía con un aullido ronco. Era como si los dioses, furibundos, hubieran
entrado en combate y entrechocaran sus hierros, escargando golpes capaces de aniquilar de un
tajo a todo un ejército de mortales. El aire olía al humo de algún incendio cercano. La luz parecía
haber huido en pleno día. Resultaba difícil adivinar la causa de semejante cólera, pero algo grave
debían haber hecho los hombres para despertar tamaña ira. Mal presagio…
Obligándose a demostrar una calma que estaba lejos de sentir, Naya, Hija del Río, se detuvo bajo
las ramas de un fresno, musitó una oración a la Madre rogándole que intercediera por ellas ante
Tárano, y buscó los ojos de la criatura que se agarraba a su mano como el dolor se agarra a los
huesos de los ancianos.
—¿Falta mucho?
Más que una pregunta, era una súplica, formulada con la extraordinaria serenidad que
caracterizaba a la niña desde que llegara al mundo, dos años atrás, en aquella noche extraña en
que un manto oscuro cubrió a la Diosa hasta velar su resplandor, precisamente cuando Naya
empezaba a sentir los primeros dolores del parto. Ella nunca había contemplado un prodigio
semejante. En realidad, únicamente el Guardián, a cuya morada secreta se dirigían madre e hija
en ese momento, había sido capaz de tranquilizar a los habitantes del castro después del
aterrador fenómeno, asegurándoles que la luna saldría airosa del trance y volvería a reinar en el
firmamento nocturno. Pero para entonces el miedo ya había hecho presa en todos los corazones.
La Madre se había mostrado hasta ese momento singularmente propicia. Los primeros síntomas
del alumbramiento habían llegado con la luna nueva, señal inequívoca de abundancia y buena
fortuna para la pequeña que estaba a punto de nacer. No en vano su pueblo había reverenciado
desde antiguo al astro de la noche en su fase primera, renovada y pura, como máximo exponente
del infinito poder de la vida para perpetuarse a través de las generaciones y abrirse paso hasta el
mañana entre las trampas de la muerte.
La criatura que pugnaba en esas horas por salir del vientre que le servía de hogar, a fin de
comenzar su andadura por el mundo, venía bendecida por un destino favorable. Ésa era la opinión
común entre las mujeres de la aldea mientras ayudaban a Naya a calmar sus jadeos y su
respiración, para entonces ya quebrantada por la enfermedad, soportar el suplicio de las
embestidas del bebé y hacerlo pasar a través de sus caderas primerizas, sin quejarse, como
manda la tradición. Ellas parían en silencio, por pundonor y dignidad, en medio del sembrado o
con la guadaña en la mano, si así se presentaban las cosas. Eran mujeres fuertes, recias,
valerosas, justa contrapartida a la autoridad que habían ejercido siempre en sus familias. Mujeres
de una pieza, tanto a la hora de luchar como en el trance de dar la vida, fuente y origen de ese
respeto sagrado que habían sentido por ellas los hombres… hasta que los dioses venidos de lejos
empezaron a cambiar las cosas.
No fue aquél un parto laborioso, sino todo lo contrario, especialmente considerando que era el
primero de Naya. La Diosa lo rodeó desde el comienzo con su abrazo protector e iluminó con su
luz tenue a la niña mientras se asomaba al mundo, hasta que de pronto empezó a palidecer. No la
niña, sino la Diosa. Fue poco antes del alba, tras una noche estrellada y limpia como pocas veces
se veían por allí. No se divisaba una sola nube en el cielo, pero sin previo aviso la luna se fue
cubriendo con una capa oscura, ominosa y densa, que pronto apagó su brillo. Y un murmullo de
estupor se elevó desde todas las gargantas, rogando a Lug que tuviese piedad con ella y se la
devolviese a sus hijas.
Dos de ellas, una recién nacida y otra aturdida aún por la emoción de tenerla en sus brazos, eran
las escogidas de la fortuna para protagonizar el acontecimiento, pero estaban demasiado absortas
la una en la otra como para darse cuenta de ello. Tampoco las gentes de su alrededor les
prestaron mucha atención. Nadie se fijó en la pequeña desde el momento en que la luna comenzó
a desaparecer tras ese manto de niebla negra que parecía anunciar el fin de los tiempos. Todas las
miradas se desviaron hacia el cielo y todas las palabras se hicieron oraciones. Únicamente la Hija
del Río siguió contemplando ese minúsculo pedazo de carne surgido de sus entrañas, musitando
ternuras nunca antes imaginadas, completamente ajena a la agitación desatada por el eclipse.
Al despuntar el día, un emisario partió a caballo hacia la morada oculta del Anciano, único capaz
de descifrar el misterio, para pedirle una explicación sobre lo sucedido. Tras consultar a los
espíritus y buscar su respuesta en las cenizas de la hoguera, aquel a quien los cristianos llamaban

jueves, 18 de diciembre de 2008

Feliz Añuu

CARATULALAPRINCESAPROMETIDAFINAL conan

¿Quién no se ha emocionado con esta película, La princesa prometida? ¿ O corrido por aquella caverna llena de misterio con los Goonies, aquellos amigos que hacían reflotar un antiguo barco pirata? goonies-poster04 Gremlins, Gizmo... llega la Navidad y con ella una época de fantasía, de auténtica fantasía... Hace mucho que sé quiénes son los Reyes Magos, y los niños de ahora saben que los Reyes Magos tienen que tirar mucho de cartera para darles lo que quieren (me pongo mala de ver lo que se les regala ahora a los niños, pero como no son hijos mios...) Yo me acuerdo de mis Navidades pegada a la tele viendo estas pelis, llenas de magia, fantasía, trolls, dragones...

gremlins

¿Que es una Navidad sin Willow o sin Mary Poppins? (yo me acuerdo de ella y de la píldora aquella que le daba a los niños, cada vez que tengo que limpiar mi habitacíon)

Mary-Poppins-mv03 willow willow_1 Sin prisas ni agobios, turrón y una buena peli... ahora ya no sé si es lo mismo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Dato biográfico. Ángel González

Dato biográfico -Ángel González-.


Cuando estoy en Madrid

las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio,
lugar hacia el que
—por oscuras razones—,
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,
les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que —lamento decirlo—
hablan poco a favor de esos ortópteros.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Si la Luna se quedara al paro

SI LA LUNA SE QUEDARA AL PARO

Si la luna se quedara al paro
( como tantos otros, en estos
tiempos que corren, nadie te asegura
ni te pagan todas las horas que trabajas)
se quedaría alucinada, pero no
alunizada
ya no podría...

... sería tan extraño....

Andaríamos, las simples mortales, confusas y desorientadas.
Sin ninguna razón para alzar la cabeza
hacia el cielo en la noches extrañas.

En esas noches en las que emprendes la búsqueda.

Búsqueda de amores y de amantes.
Búsqueda de razones, sin saber razonar
teniendo eso sí, siempre la razón,
nunca estamos equivocadas
no sé por qué pero todo el

mundo
parece tener siempre la verdad.

La búsqueda que acaba
devolviéndote a casa derrotada, de nuevo por
la soledad y por ese amor nunca saciado.

Búsqueda que encontraba su aliada en la luna.

Pero a la luna se le acabó el contrato
5.000 millones de años, más o menos.
(Bueno menos que más porque ésta es la edad del Universo
la luna como satélite, es lo equivalente en nuestro
sistema familiar a la nieta. Una nieta estelar
de alguna oronda y cana estrella, a la que
se le irá la olla y lanzará más que luz, destellos
pequeños guiños a los ojos invisibles
del resto de estrella y planetas)

Quizás, las simples mortales no necesitamos ya de luna.
( Y eso que solo llevamos dos millones y medio de años en la tierra)

Hemos considerado que algo menos que 5.000 millones de años es
bastante. Y que a partir de ahora ya
sabemos ir, llegar, solas a casa.

Que encontraremos nuestros amores a la primera.
( Que nos daremos cuenta de todo)
Y ya no necesitaremos que la luna esté ahí
para que nos devuelva con su luz las
interrogaciones con las que le increpamos.

Lunáticas empedernidas, simples mortales
que como siempre y como nunca
no nos enteramos de nada.
No sabemos de qué va esto de vivir.
Y ya nos cansamos hasta de alunizar....



Y la luna se buscará una nueva casa.
Se hará un plan de pensiones.
Preparará currículos para las más diversas ocupaciones.
Y se encogerá de hombros, eso sí,
siempre sin decir nada.

martes, 2 de diciembre de 2008

Macondo

A veces, mi mundo recibe el nombre de un pequeño pueblo del interior... es mi Macondo personal. Cada vez que voy, a ver a mi familia o a mis amigos, es como si cambiara de Universo. Cambia el olor, cambia el sabor de las cosas y cambia hasta la luz... lentregu

El viaje en el autobús se convierte en un ritual, un camino entre montañas, un viaje no sólo en el espacio, sino, también en el tiempo. Porque a pesar de todo, cuando estoy allí, vuelvo a sentirme como si tuviera dieciséis años. Y escucho a mi familia hablando de lo mismo, una y otra vez: quién se casó, quién se murió y quién tuvo hijos. Divorcios, cuernos, drogas y enfermedades... y cuando me preguntan por mi vida, por lo que hago, a veces me da la sensación de que me lo invento todo a medida que hablo. Es como si les hablara de otro universo, universo que conocen, pero que les queda lejos, inconmensurable...ininteligible por supuesto, aún puedo leer en la cara de mi madre el reproche por haberme ido; lo suficientemente lejos como para no tener que vernos todos los días. Puedo leer en su cara lo que me decía hace años, que no me fuera, que ahorrara, que me buscara un buen trabajo, que acabara la carrera, que me comprara un piso... sus sueños, no los míos. Por lo menos de momento.

Cuando vivía allí, pasaba el tiempo inventando, creando, intentando ver más allá de las montañas, buscaba una luz a aquella vida que no me gustaba. No quería vivir en un lugar donde todo el mundo te conoce... y te juzga. y me fui... muchas veces y de muchas maneras... hasta que encontré la manera de hacerlo sin que nadie saliera muy dolorido.

Ahora sigo buscando, en las montañas y en el mar. Busco otras vidas y otras maneras de vivir. Otras historias que no sean la mía, inventadas, sentidas o vividas, pero quiero saber que hay muchas maneras de vivir y que en no todas es el tiempo el que ordena y manda, sólo en algunas es el dinero el que sujeta las riendas de la vida y en ocasiones te ves obligada a hacer caso a lo que te dice tu familia que es la que al fin y al cabo la que te ata a la tierra en la que naciste...

naloón

A veces, voy a caminar por las viejas carreteras... la última vez fui con Soraya a pasear por la carretera vieja que conecta los pueblos sin pasar por el corredor... lo que antes me parecía todo aventura, kilométrico, en cada curva me inventaba una historia... ahora es pequeño, está cambiado y ya no me encuentro a la misma gente.

Antes había un lavadero de carbón abandonado enfrente de mi vieja casa en un pueblín, ahora hay un centro comercial. El viejo fantasma del lavadero salió corriendo al ver tantas luces, y tanta gente yendo y viniendo. Cuando yo era pequeña ya estaba abandonado, los edificios medio derruidos y por la vía ya sólo pasaban los trenes de pasajeros. El viejo lavadero no vio pasar tanta gente junta ni siquiera cuando funcionaba...Los niños de mi pueblo no nos atrevíamos a ir a jugar allí, demasiadas sombras, y yonkis también escondidos entre ellas. Pero a veces me sentaba en algún prao, y lo miraba, soñando con guerreros y guerreras que luchaban entre las vías del tren, y los edificios derruidos...

Todo en mi pueblo me recuerda al Macondo original. sólo hay que cambiar el calor tropical por el frío y el olor inseparable, ahora cada vez menos, del humo de las cocinas de carbón.

Tantas historias no resueltas me imaginé en mi Macondo... que ahora tengo que escribirlas todas...

lunes, 24 de noviembre de 2008

El rostro

El tiempo se desgranaba hora a hora, minuto a minuto y segundo a segundo. Mientras en el exterior se sucedían los días y las noches con la misma monotonía y aburrimiento.

Yo también me desgranaba en el sofá, me desintegraba mota a mota, en granos de arena invisibles que quedaban desperdigados por la casa, de un modo casi inconsciente; un par de granos en el baño, tres o cuatro en la cocina y los restantes en el salón, atraídos magnéticamente por el televisor. De vez en cuando los minúsculos trozos de mi ser se revolvían inquietos, la ventana estaba abierta y con el viento, a veces hasta refrescante, que se colaba por ella, los movían unos centímetros, pero no era nada grave, todos estaban perfectamente ordenados y colocados en su posición correcta.

Comencé a descomponerme el mismo día en que Laura se fue. Con su ausencia no necesitaba estar entera, mis partículas ya no necesitaban unirse para abrazarla o besarla, no necesitaba tener ojos para contemplarla anonadada durante horas, no necesitaba tener una mente, una sonrisa ni un cuerpo que me sujetase.
Mis sueños no eran todavía pesadillas, ni alucinaciones, todavía era de día.
Cuando Laura estaba, la arena no existía, solo ella y su eterna sonrisa.
Me autocastigo con su recuerdo, es lo único que me queda, gracias a él puedo conseguir juntar mis átomos esparcidos por la casa y dar un paseo por el parque.
Ella era la fuerza que me mantenía unida a mí misma y a la vida, era una fuerza electromagnética que mantenía mis átomos enganchados a su piel.

Mónica me la presentó, me pidió que le echara una mano, acababa de comenzar en la facultad. Así me fue impuesta la custodia de un alma insegura y asustada a la que tenía que acompañar justo hasta la puerta del aula e irme luego corriendo a la mía, pero con el tiempo nos hicimos inseparables. Alma enmascarada con una coraza que escondía una sutil manera de vivir la vida, doble cara de una misma moneda, pero ¿cuál era la que yo había conocido?.
Mis noches se convirtieron en el almacén de sus sueños, sueños que sin duda quería compartir y yo me prestaba a ello, sin vacilación, sin miedo. Nada ni nadie nos asustaba, en mi lecho no había monstruos, no había familia, dolor enfados ni vida real, solo ella y yo. Pero algo no cuadraba en aquella baile, no todas las sonrisas eran sinceras, ni todas las palabras claras; sombras pasaban desalentadoras, vacíos inexplicables, yo miraba para otro lado, tampoco tenía que ser todo perfecto, la vida diaria se colaba entre las sábanas oscureciendo su rostro. Aún así no me permitía entrar en su juego paralelo. Había días que no sabía dónde iba ni con quién, tampoco me atrevía preguntar, mientras me torturaba la duda. Me descubría imaginando las más dispares escenas, cualquier cosa, un café con algún compañero de clase, tiempo de estudio en la biblioteca, visitas a la familia.

- Rocío, este domingo voy a ver a mis padres-

Yo alzaba la cabeza y asentía, sin decir nada. Ella sonreía levemente colocándose las gafas en un gesto mecánico.

¿La verdad? Nunca me la contó, en realidad nunca supe lo que hacía en esos interminables domingos; tampoco quería saberlo.
En las interminables noches de calor, nos tumbábamos en la cama de la manera más fresca posible, ella boca abajo y yo hacia arriba, y dejábamos que el sueño echara su manto si era fresco sobre nosotras.
Nunca me di cuenta que era en esos momentos cuando sus átomos no se encontraban en la habitación, sólo posaban para mí, me engañaban sutilmente haciéndome creer que estaba allí.
Su mente comenzaba a fundirse con la de otra mujer que tampoco conocería.
En la cama mis partículas se separaban lo justo para unirse a las suyas, en un juego sin fin, perfecta simbiosis de cuerpos, almas e imágenes. Mis caricias se grababan a fuego en su piel, me resultaba difícil más tarde, volver a reunir mis motas.
Una suave capa de sudor nos envolvía, sutil placenta que nos protegía del resto del mundo y del dolor.
Ignoro cuando empezaron a falta elementos de aquella química de amor y de pasión, pero un día de repente, su ser desapareció. Sus gemidos y suspiros se atenuaron, solo había notas discordantes hasta que se apartó de mí.
Un día se fue y la fuerza motriz de mi vida y de mis sueños desapareció.

No quería salir a la calle, ni comer, para qué alimentar un cuerpo que ya no existía, no tenía ya sentido.

A veces en el sofá hacía un recuento y empezaron a faltarme razones también para vivir.

Así seguí durante lo que me parecieron siglos de soledad, hastío y vacío. Mis partículas comenzaron a mezclarse con el polvo acumulado de todas las semanas juntas desgranadas en la hoja del calendario, canción de números siempre repetidos, sin posibilidad de saltarse notas.

Y comencé a salir, a ver el mar, inmensa marea que albergaba mis más profundos sueños y anhelos. La brisa acariciaba mi rostro, ya irrecomponible, mi ser se me escapaba en formas de lágrimas y un día, me quedé seca. El mar las había guardado todas, allí estaban, una lágrima por cada dolor, por cada soledad, jugaban caracoleaban, y acariciaban mis pies en la orilla de mi vida.

Pasaron los años y con ellos, un desfile de cuerpos de nombres olvidados. Mis partículas se negaban a engancharse a una fórmula, a una nueva vida. Pasaban sin más, cuerpos cuyos huecos desaparecían con el cambio de sábanas.

Me perdía en noches de alcohol y desenfreno. Risas y voces aturdían mi mente, sus muecas...esconderlo, taparlo todo... el dolor, el vacío... Todo se ocultaba. Sólo había música, una suave cadencia de pasos que no llevaban a ningún lado...
Así pasé casi cinco años. Se fue facultad y llegó un trabajo aburrido y vacío como mi vida.

Busqué a Laura en todos y cada uno de los cuerpos que poblaban mis noches. Los recorría de manera exhaustiva. Indagué en todos ellos, ángulos, rictus o gemido parecido a algún recuerdo. Estudié la amalgama de átomos desconocidos, pero ninguno me llenaba.
Su imagen se había quedado grabada en mi memoria, imposible de olvidar o negar. Me perseguía en mis sueños cada vez más oscuros y vacíos. No volví a verla más, pero su espectro, conjunto de moléculas muertas se quedó vigilante en mi habitación.
Cinco años. Cinco largos años. Y me endurecí. Mis gránulos cada vez se parecían más a la graba. Negros y duros, impasibles ante todo y ante todos. Me quedé tan seca que dejé de visitar el mar. Se me olvidó que allí estaban mis lágrimas, las abandoné a su suerte y dolor. Y ellas siguieron allí en silencio, moviéndose con el influjo de la luna.

Pero un día aparecieron unos ojos extraños que me miraban en un club.

Eran unos ojos impávidos, azules, transparentes. Me recordaron el mar, tan profundos y silenciosos... Pertenecían a una chica que, sentada en la barra, no miraba nada en particular, solo observaba, tranquila. Me acerqué a ella y la miré. Ella no apartó su mirada, en realidad no hizo nada, sólo observaba. Y yo a su vez... así nos perdimos la una en la otra. Yo bebiendo en aquella mirada de agua salada, de aquella promesa, promesa de mar, de salitre. Mis granos se revolvían inquietos. No querían y sí querían estar allí. A punto estuvieron de desparramarse en mi interior pero se mantuvieron enganchados. Dolía, dolía mucho. Y sus ojos, su rostro, que hablaban en silencio, que contaban una historia mil veces repetida y nunca comprendida, una historia de dolor, de amor, de perdón, de paz... no quería irme pero mis granos no lo aguantaron y me fui corriendo. Desaparecí incluso para mí.

Pasó el tiempo, incontable e innecesario ya. Y empecé a soñar con aquellos ojos, grandes, enormes, que se posaban en el cielo y se quedaban allí todas las noches.

Dejé de ahogarme en los brazos y en las caricias de aquellas chicas que nunca me habían importado. Anhelé volver a respirar aire fresco, puro. No aquel mismo oxígeno gastado y desgastado de noches olvidadas antes ya de que ocurrieran. Mis granos se ablandaron, cambiaron el color, su olor. Incluso una vez se organizaron en una sinfonía extraña y por primera vez en muchos años, sonrieron, sonreí de verdad.

Volví a recuperar la vida. Recogí mis motas y mi química volvió a cobrar sentido. Cogí un trapo y limpié el polvo de mi casa. Fuera podredumbre, fuera alcohol, fuera sinvivir. Y la llené de colores. Las paredes antes frías se llenaron de cuadros, de paisajes, de rostros, de cubismo, de arte...

Todas las noches me dejaba arropar por aquel rostro desconocido. Y volví a salir a ver el mar. Allí estaba, aquel Rostro de Mujer. Una pequeña gota de sal bañó mi cara, rodó y corrió a unirse con las otras, con las infinitas que había llorado por Laura, y ya todas perdieron su nombre, Laura y su recuerdo se fueron con aquel gota, la sal hizo que me escociera como nunca me dolió nada pero al final, por fin se fue. Pero esta lágrima, ésta, era de amor. Anhelé volver a amar a alguien. Dándolo todo, construyendo un mundo, cada día diferente y cada día más grande y luminoso.

Y mis ojos sonrieron de nuevo, bañados por la luz reflejada del sol en el mar, de aquel amanecer en el que me curé de amor y me curé de vida.

lunes, 17 de noviembre de 2008

AVISOS URGENTES PARA NAVEGANTES


El título y la forma está copiado literalmente de un poema de Cristina Peri Rossi, su poema es mucho más interesante... ya lo colgaré que para variar, no encuentro el libro... aiss...
Bueno éste es un ejercicio de composición. Para aprender a escribir un buen ejercicio es plagiar, por lo menos en las formas, a un buen escritor o escritora. En este caso, Cristina Peri Rossi fue mi escritora de cabecera durante unos buenos años... espero que os guste.




AVISOS URGENTES A LOS NAVEGANTES

Rumbo Sur.

Veo una gaviota ¿Será pariente de Juan Salvador?

Rumbo Norte
Hasta los esquimales aman. Con el frío que hace.

Rumbo Este.
¡Socorro! Me persigue una gran bola de fuego. Los lugareños lo llaman Sol.

Rumbo Oeste.
La luna y el sol se dan las buenas noches y buenos días respectivamente.

Latitud 0º . Rumbo desconocido
Comenzamos el viaje, sin llevar el camino trazado y con lo puesto.

Latitud 27º . Rumbo la cama
Cansada de tanto trajín, la Musa resolvió irse a dormir. Las palabras ya no tienen vigilantes.

Latitud 28º Rumbo Mi alma se ha perdido.
La poetisa se ha encontrado con una Musa dormida. Bella y pálida, reflejo de la luna. La poetisa se sienta a su lado para admirarla.

Latitud 29º Rumbo La maternidad
La Musa se ha despertado. La poetisa y ella se funden en un inmenso beso. De él nacen miles de estrellas.

Latitud 30º Rumbo la muerte
La poetisa muere feliz. La Musa se queda sin palabras.

Latitud Alta Rumbo la luna
Resultó que llegué a una mundo donde las caperucitas se comen a los lobos. Y éstos, aterrorizados, aúllan a la luna. Pero los lobos que viven allí no pueden oírlos.

Latitud Baja Rumbo el sueño
El niño sueña, sonriente. Nos iremos sin hacer ruido para no despertarlo...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Catálogo de tristezas

Catálogo de tristezas

Llegaron todas, en procesión. Las primeras vestían túnicas blancas y sonrisas. Eran adolescentes, blancas y adolescentes. Sus caderas marcaban el paso al ritmo de una flauta. Cadencia que se alejó con su recuerdo.

El escribano se embelesaba escribiendo, describiéndolas una a una, al detalle. Sonrió y me guiñó un ojo. Yo me ruboricé por tener unas tristezas tan jóvenes, y me encogí de hombros.

Hubo un lapso bastante largo sin que ocurriera nada. Mis cejas y las del escribano se enarcaron sorprendidas. Cuatro pares de cejas que no tenían dónde posarse. Y explotamos en una sonrisa cómplice.

Llegó un remolino de aire, donde aparecían rostros. El remolino provocó una pequeña catástrofe en la mesa del escribano. Los papeles, meticulosamente ordenados, volaron. También nuestros cabellos volaron con aquella ráfaga.
El escribano me volvió a mirar y me disculpé:
- Tenía sólo quince años.

Y tosí porque se me había metido el polvo del camino en la garganta.

Llegaron las sombras. Chinescas, burlonas, feísimas, algunas sin rostro sin cabeza. Ninguna nos miró, menos mal, porque no habría podido resistirlo.
Pasó la muerte. El escribano y yo nos levantamos para ver si estaba mi nombre en alguna de las alma que llevaba sujeta a la túnica. No estaba. Pero sí que hallé nombres conocidos.

Pasó el mar, agitado. Aquel mar que de niña siempre estaba tranquilo, presto para albergar mis juegos, se había convertido en una borrasca poco conciliadora.

Aparecieron montañas, ríos, valles, nubes.
Noches de insomnio.
Días sin palabras.
Amaneceres partidos a la mitad.
Anocheceres lánguidos.
Melancolía de la tristeza sin rabia.

También llegaron los gritos sin voz,
Lágrimas sofocadas
La lluvia mezclada con el barro.
La música satánica.
El ruido del mundo....
.... el silencio del alma....

Pasó un eón.
Y el escribano y yo ya estábamos agotados.
Las hojas se habían convertido en libros y éstos en tomos. El escribano tenía una letra hermosa y pausada. Escribía tan bien, que las palabras se agitaban. El mar se desbordaba a raudales de las hojas, la muerte agitaba su túnica negra.
Encendí un cigarro, expectante. Aún faltaba una tristeza.
El escribano comenzó a escribir. Describió el humo, cómo pasaba del aire a mis pulmones y salía de nuevo. Le ahorré el trabajo y exhalé directamente el humo en las hojas. Y allí se quedó enganchado, calada a calada, todo mi humo.

- Aún falta una.
El escribano se puso cómodo.
- No tengo prisa. Esperaré.
Era un hombre de palabras escritas pero no habladas, sin embargo le hice una pregunta.

- ¿Cómo se hace uno escribano?
- Yo no tengo tristezas, si las tuviera, no podría escribir las de los demás.
- Pero es triste escribir las de los demás ¿No?
El escribano se encogió de hombros.
- No lo sé. Nunca he tenido ninguna tristeza. Por eso me hice escribano para entender la esencia, el por qué y el cómo de las tristezas.
- Si no tienes tristezas es que nunca has vivido.
- Mi vida son los libros Leo, escribo, describo, apunto, señalo... Es lo que hago.
- Pues deberían darte tristezas, también los libros.

El escribano siguió hablando.
- Las he buscado en diccionarios, manuales, enciclopedias, compendios, listines, novelas, teodiceas, biblias, coranes, necronomicones y no encontré ni una mía.
Suspiré, la última tardaba demasiado.

- Alguna encontrarás. Si quieres te regalo alguna. No sé cómo podré con todas ellas.
- No me parecen interesantes.
Me eché a reir.
- Pero si la tristezas no pueden ser interesantes solo son...- No encontraba la palabra adecuada.
El escribano me miró curioso.
- Son...-
- Son... – Repetí a mi vez.
- Pues tristes, ¿Qué van a ser sino?-
Yo ya estaba impaciente por mi última tristeza, que no acababa de llegar. No entendía a aquel hombre sin tristezas.
El escribano me ofreció una solución.
- si quieres yo la escribo aunque no venga.
- ¿Estás seguro? Yo no sé describir como tú.
- háblame y haré lo que pueda.
- Pues es ....- Y salieron palabras a borbotones que al escribano no le daba tiempo a escribir. Y con esa última tristeza llené hojas, que se convirtieron en libros y éstos a su vez en tomos y pronto sobrepasaron a los otros tomos con las otras tristezas. El escribano tenía el ceño fruncido porque todas aquello que le contaba no tenía sentido para él, lo escribía todo como yo lo decía a falta de poder reflejarse en algo.
De repente un gran trueno sonó.
El escribano sonrió.
- Ahora veremos si hice bien la descripción.

La última tristeza apareció. La miré hipnotizada. Y el escribano se quedó lívido.
- ¿ Eso es tu tristeza?
- Sí.

Y se deshizo en un montón de improperios
- ¿Todos estos tomos, tanta tinta gastada para una una una vulgar mota de polvo?
El escribano cerró el último tomo asesinando a la última palabra escrita “pájaro” que no había parado de revolotear y piar.
- Es... la incomprensión.

Parecía que se le iban a salir los ojos de las cuencas. Y ocurrió lo que sabía que iba a pasar.
- ¡Loca! ¡Estás loca ! he escrito todo esto para describir una mota de polvo.
- No es una mota de polvo cualquiera, es mi imcomprensión.
- ¡Estás loca! ¡Loca! – Y cogió sus tomos y se fue de allí, con la mota de polvo en la mano.
Tristeza que nunca se va, imposible de describir, confundida con la locura, como había hecho el escribano y como hacían todos. Mientras, el escribano se iba en busca de un alma más cuerda, regonzando para sus adentros.

domingo, 2 de noviembre de 2008

El terror




Y por supuesto el terror... ésta es la carátula de "28 días después", un thriller inglés que ataca los nervios, lejos de las películas de terror americanas. El terror no se lee tanto como se "ve" en las películas. Lo que más me llama la atención de este género es que usa las descripciones de los lugares y las situaciones para dar el "toque" de tensión. En las películas este toque se consigue a través de la música, como los violines de Tiburón, o la B.S de "El Exorcista" y los juegos de luz.
Actualmente la tensión en las películas de terror sobre todo en las psicológicas, se consigue a través de grabar "la ausencia"; ese espacio y ese tiempo que marca la diferencia entre la realidad y el espacio y el momento del monstruo (sea un monstruo de los feotes que se lo comen todo, o el psicológico) fijaos, en todas las películas a partir de los 90 aparece ese momento... sólo hay que buscarlo a lo largo de las películas...

Si he escogido esta película es por la crítica que hace por detrás de la historia misma... os la recomiendo, no va sólo de un virus que convierte a los infectados en asesinos... os lo prometo...

domingo, 26 de octubre de 2008

El señor de los anillos



Estoy leyendo El señor de los anillos, hacía un montón de años que no lo leía y me faltaba el último, el retorno del Rey. Es la OBRA, la referencia para toda la literatura fantástica posterior, la que recupera a los elfos, orcos, trolls y hadas en una historia única, sin precedentes anteriores y es que Tolkien reunió toda la mitología nórdica para componer este viaje épico, cosa que no se ha vuelto a hacer desde otras tradiciones.
El vídeo va acompañado por una canción de Loreena MCKennit, su música también recoge las tradiciones y la mitología de toda Europa... en el youtube hay un montón de vídeos sobre las películas...

A partir de El señor de los anillos se abrió la veda para la literatura fantástica, los elfos, los caballeros y los magos compusieron un género que hoy en día sigue teniendo una larga producción y tiene millones de seguidores, así lo prueba la saga Dragonlance, Crónicas de Narnia, o la editorial Timun Más especializada en este género. Y es que los libros fantásticos son las puertas para el mundo de los sueños. Héroes y villanos, princesas, guerreras, horribles monstruos, guerras y enfrentamientos, todos nos hablan del otro mundo, aquel que fue.
Cuando me iba de excursión, en la escuela, siempre buscaba a los trasgos, y a los elfos, y si había algún rincón oscuro, lo esquivaba por si acaso...creo que la fantasía no debe terminarse nunca, hay que crear, nuevos mundos, nuevos seres que nos enseñen a ser nosotr@s mismos...

domingo, 19 de octubre de 2008

Estreno blog

Después de arrancar con el blog de Asturias bollera, me apetece hacer uno blog sobre literatura, tener un espacio para reflexionar sobre lo que es escribir y leer. El título del blog es de un relato al que llevo años dándole vueltas. Es un relato fantástico, que tengo que reescribir y todavía no sé cómo. En este blog hablaré de libros, de relatos, de poesía... de todo lo que tenga que ver con inventar y plasmarlo en un papel.

Pincha en la carátula para leer el primer capítulo (es una pasada¡¡)


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