miércoles, 25 de noviembre de 2009

Lo esencial es invisible a los ojos

 

petit     Esta célebre frase de El Principito, es la frase que para mí resume lo que significa vivir. Éste es el auténtico sentido de la vida y por ello, siempre se nos escapa.

 

A veces la vida se me parece más a esto… una eterna escalera que crees que te conduce a alguna parte…

182926

Así me siento hoy, (como ayer y  antes de ayer, y antes de antes de ayer, y todos los antes de todos los ayeres) en interrogante que nunca cerraré.

mafalda

viernes, 20 de noviembre de 2009

Orgullo y prejuicio y zombies

Alaaaaaaaaaaaa toma tomatazo de libro http://servidor.edicionesurano.com:8500/i_Avance/600000217/Avance.pdf. Éste es el enlace del primer capítulo. que fuerte me parece¡¡¡ Soy friki pero esto me supera un poco¡¡¡ y lo peor es que lo pillaré y me lo leeré, que fuerteeeeeeeeee¡¡¡¡

sábado, 14 de noviembre de 2009

IV Jornadas de Políticas Lésbicas

Sigo sin hacer una valoración, pero este vídeo es un resumen de las actividades del Área de Políticas Lésbicas de la FELGTB, enchufad los altavoces y subid el volumen….

jueves, 12 de noviembre de 2009

Una historia para el invierno

elhobbit

Una historia para el invierno, El hobbit, una novela gráfica que cuenta las andanzas de Bilbo y Gandalf. Perfecta para leer al abrigo de la estufe, la manta y en el sofá…

sábado, 7 de noviembre de 2009

Amar en los tiempos de cólera

Título muy famoso de Gabriel García Márquez. La primera vez que lo escuché me pareció que hablaba del amor en los tiempos de adolescencia, por ser éste período un estado de cólera semi constante…

Hoy estuve mirando las cosas que tenemos que recoger para hacer la mudanza, ésta es la enésima ya. Y siempre me pasa lo mismo, cuando llego a las libretas donde descargaba mis inquietudes, sueños y reflexiones en mi adolescencia. Siempre comienzo  las mudanzas  con un “hoy todo a la basura, paso de estar con todo este trasterío de mudanza en mudanza”, idea que se va en cuanto abro una de las libretas y releo aquellas historias que escribía mientras sentía a mi madre preparar la cena en la cocina de carbón en mi Macondo personal, ese pueblín del interior, surrealista y mágico donde pasé mi niñez y adolescencia. Me siento ridícula, y me río a la vez que me sonrojo, por lo mal redactadas que están las historias y las poesías, y  por las cosas que sentía. Pero ahí están y por mal expresado y escrito que esté, era lo que sentía y lo que me tocaba sufrir en aquellos años. La verdad es que nunca se me habría ocurrido publicar, ni enseñar ni leer estos escritos a nadie, pero hace unos años, después de este furor adolescente y antes de conocer a mi compañera Soraya, una amiga mía me dijo que era lesbiana de una manera muy particular. Ella ya sabía que yo era bollín pero no se atrevía a decirme que ella también. Un día en su casa nos quedamos hasta las tantas de la noche hablando. Y hablando y hablando me contó que tenía unas cartas que había escrito cuando tenía dieciséis años. Le pedí que me leyera alguna pero se negaba, se moría de la vergüenza, le juré que no me reiría y que no diría ni mu y entonces accedió. Las cartas iban dirigidas a una chica de la que estaba enamorada. Juro que en la primera carta, no me reí ni nada, en la segunda miré para otro lado  tapándome la cara para no echar la carcajada y en la tercera acabamos retorcidas a las cuatro de la mañana en el sofá llorando de la risa. A ella se le quitó la vergüenza en cuanto vio que yo había pasado por lo mismo y que no me reía de ella, sino de aquellos años de silencio y de tener que escribirlo todo en libretas secretas porque no te atrevías a contarle a nadie que te habías enamorado de una chica, le dije que se riera, que no íbamos a recuperar aquel tiempo y que lo mejor que podíamos hacer era reírnos y mirar hacia adelante. Por eso ahora me gustaría compartir este manuscrito con vosotr@s, para que os riais conmigo, para que recordéis vuestros amores de la adolescencia y para que no se os olviden nunca.

 

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Ocho libretas mas un montón de hojas sueltas. Eso es lo que ocupan mis escritos hasta que los ordenadores llegaron a  la biblioteca pública de Macondo y ya podía meterlos en disketes.

Éstas son dos hojas de libreta escaneadas, en ella cuento una historia. Una historia de amor adolescente, una historia iniciática sobre la literatura y sobre la vida….

Paso a transcribirla, ya sé que mi letra es horrible, ya no la entiendo casi ni yo…

La época es en la facultad con veinte años o quizás veintiuno, sé que fue antes de irme de Macondo.

Cuando escribí esto no existían los blogs ni el multimedia 2.0, pero si hubiera existido, este blog sería  ya kilométrico, habría vertido todos mis pensamientos y mis historias…en fin, seguirán en mis libretas  de cuadrícula y mis hojas sueltas.

“Conocí la poesía a la vez que me enamoraba por primera vez. De hecho me enamoré de mi profesora de literatura. Cuando leíamos a Antonio Machado me parecía que todas las poesías iban dirigidas a ella. Y cuando leíamos a Juan Ramón Jiménez yo cambiaba el sonoro nombre del amor del poeta: Zenobia, por el de mi profesora, más prosaico y menos… ocurrente: Mercedes.

No la conocía, pero absorbía sus palabras, me … (no entiendo esta palabra) en aquellas clases de literatura. Las metáforas, onomatopeyas, símiles… se me ocurrían ejemplos de todas las figuras literarias con sólo pensar en su pelo, en su sonrisa, en aquella mirada enfurecida a veces.

Imaginaba miles de situaciones por las que podía acercarme a ella y declararme. Pero la realidad siempre va mucho más deprisa que los sueños, cosa que aprendí muchos años después , cuando el rechazo es ya una costumbre para mí. Y es que, las poetas no están destinados en el mundo para ser (… otra palabra que no entiendo), solo para amar. Por ella, por Mercedes, me hice poetisa. Imité a Lorca, temblé ante la claridad de Cernuda, descubrí la sencillez del mundo de la mano de Neruda.. la metafísica de Borges y de W. Blake. La soledad de Herman Hesse…El saberme no entendida con Silvia Plath y Anne Sexton.

Ahora, todos mis amores me parecen cabos ridículos de aquellos ojos. Ella era mi musa y la correctora de mis poemas. Nunca supo que aquel torrente de palabras eran para ella. Pero supo de mi amor. A la vez que me di cuenta de que era un desastre escribiendo cartas de amor.

Y ahora ya pasó. Me hice mayor, pero no se me olvidaron las palabras de los y las grandes. Ella ya no está en mi vida. Tardé demasiado tiempo en olvidarme. Y es que el recuerdo impone créditos a muy largo plazo, difíciles de pagar.

Sigo leyendo y sigo escribiendo. Ya no pienso en ella. Sólo cuando me siento triste y vacía aparece su recuerdo. No sé por qué, pero llega y se instala en mi alma.”

lunes, 2 de noviembre de 2009

Capítulo 3 Preparativos



ciudad abandonada2

Al llegar, el comedor estaba repleto de gente del poblado y también de fuera. Y siguieron llegando al correrse la voz entre las comunas.
En tres días estuvieron allí los jefes de defensa de cinco comunas.
Tony y Adrian estaban desbordados.
Luna contó lo que sabía en el comedor y muchos hablaron de huir hacia el desierto. Intentaron convencerse los unos a los otros y algunos llegaron a las manos. Tony impuso orden y habló en contra de su costumbre.
- Nadie está obligado a quedarse, quien quiera irse puede hacerlo.
Y varias familias se levantaron para hacer los preparativos.
Los jefes de defensa acordaron volver en cuanto hubieran tomado una decisión en sus respectivos poblados.
Luna se fue a su choza, estaba agotada más que por el viaje, por las discusiones en el comedor. Aún no había saludado a Débora y se la encontró preparando una bolsa de viaje.
- No quiero dejar sola a Aliana con el niño. Los caminos son muy duros.
Luna se sentó en su cama.
- Si os vais, os encontraréis a merced de los zombis en zona descubierta, y esta vez están armados.
- Si vamos al desierto no nos encontrarán. - Las dos sabían que sería muy difícil la vida en el desierto y que muchos morirían.
Luna abrió un pequeño baúl que había debajo de su cama y sacó una foto suya, de hace muchos años, en la cual ya no se reconocía, ni a ella ni a las personas que también estaban. Se la entregó a Débora y ésta comenzó a llorar.
- Ya no me necesitas Luna- Se sonó la nariz.
- Siempre te necesitaré Débora y aquí estaré.
Débora la abrazó, cogió sus cosas y salió sin mirar atrás. Luna la observó mientras se prometía a sí misma que no permitirían que los zombis llegaran al desierto.
A la mañana siguiente pocos estaban en los campos. Tony y Roberto hacían el recuento de los que se habían quedado.
- Somos 123.- El administrador apuntaba cantidades de comida disponibles.
- Luego empezaré por las armas y las municiones. Ya han empezado a fabricar más flechas.
Para cuando llegaran las otras comunidades tenían que tenerlo todo preparado para realizar un cálculo sobre las posibilidades de éxito y de supervivencia, aunque no era necesario, mucha gente, armas y municiones que llegaran, no podrían soportar un ataque de aquel calibre. Roberto intentaba no pensar en ello.
- Podríamos hacer una expedición a la base militar que está a treinta kilómetros de aquí. Es posible que aún queden armas y municiones utilizables.
Tony seguía contando.
- Puede resultar peligroso, los zombis también estarán buscando armas.
- Sólo con arcos y flechas no hacemos nada.
Tony levantó la cabeza y sacó de un pequeño armario un mapa.
- Hay una base militar a unos cincuenta kilómetros de aquí, en el desierto. Es un punto estratégico o hace años lo era.
- No sabíamos nada de eso.
- Lo reservaba para una situación como... ésta.
- Es decir, desesperada. Pues muy bien, iremos.
Luna estudió el mapa. Cualquier cosa que pudiera ayudar se tornaba imprescindible. Su mirada se perdió un segundo. La sensación que durante años había tenido de peligro e inseguridad volvió de repente. Pero se centró de nuevo en el mapa. Necesitaban armas de largo alcance.
Freak llegó corriendo con un montón de papeles amarillos.
- Tengo algo que puede ayudarnos si podemos construirlo.
Las hojas pertenecían a un antiguo libro de historia medieval y en él aparecían las armas que se usaba en aquella época, entre ellas una catapulta.
Luna sonrió y Tony abrió la boca dispuesto a reprobarlo por hacerle perder el tiempo en tonterías, pero Luna se le adelantó.
- Bien Freak, tú y tus compañeros podéis trabajar en eso, pero debéis buscar los materiales por vuestra cuenta y sin interferir en las órdenes que os dé Malik ¿De acuerdo?-
El muchacho asintió y salió corriendo a contárselo a sus compañeros. Tony miró a Luna contrariado.
- Tranquilo, funcionen o no funcionen esas ideas es una manera de mantenerlos entretenidos, si se dan cuenta de lo que nos vienen encima, acabarán yéndose al desierto o pelearán asustados. Además así no estorbarán a los demás y será un buen entrenamiento, por lo que pude ver en el dibujo tendrán que cortar un montón de leña.
Tony asintió con la cabeza.
- Mientras sigan construyendo flechas, me parece bien.
Durante los siguientes días llegaron emisarios de todas las comunas. Aquella se había convertido en el centro de operaciones.
Se propuso hacer la expedición en busca de armas y otra a Ciudad Zinc para ver qué hacían los zombis. Lucas y Marian habían llegado aquel mismo día y se presentaron voluntarios para ir a la ciudad.
Los mejores luchadores de la zona habían ido a la comuna.
Los gemelos Arian y Orion.. Xuga una atraedora de objetos que aprovechaba su talento para luchar.
Ander, del poblado Azul que veía de noche y Jana del poblado Sur, excelente rastreadora.
Arian y Orion se ofrecieron para ir a la base militar, también Xuga y Ander. Dos coches salieron para allá.
Para ir a Ciudad Zinc irían Adrian y Luna, solos. El peligro obligaba a intentar reducir las bajas al mínimo. Adrian y Luna habían estado en muchas ciudades y conocían la manera de pasar inadvertidos. Pero a Anne no le gustó la idea.
- Hay un montón de gente dispuesta a hacer ese trabajo, no vayas.
- Lo sé pero tengo que ir. Esto no es proteger una caravana, está en juego muchas cosas.
Como respuesta le dio la espalda y se dirigió a su choza.
Adrian lo tenía preparado todo y el otro coche ya había salido.
En el bosque que se encontraba a unos trescientos metros, vieron cómo Freak y los chicos más jóvenes derribaban árboles y los acarreaban hasta la comuna.
A diez kilómetros de la ciudad escondieron el coche y siguieron a pie por las antiguas autopistas, llenas de coches parados desde hacía años.
En los suburbios se encontraron con algunos zombis, pero ocurría una cosa curiosa. Veían muy poco pero podía escucharse el griterío de miles de ellos. Sentían gruñidos y les daba la sensación de que no estaban solos, pero en los edificios medio derruidos no había nadie. Luna se agachó y aplicó el oído a una alcantarilla.
- Están ahí abajo.
Adrian resopló.
- Debe ser que aquí no hay suficiente mierda y tienen que buscarla.
- Pues tendremos que bajar.
Se taparon con unas mantas andrajosas y se untaron la cara de barro para pasar inadvertidos.
Luna aspiró aire fresco antes de bajar por la alcantarilla. Se adentraron en la oscuridad, y llegaron al lugar donde se encontraba la auténtica ciudad.
Había miles, miles de zombis hacinados allí abajo. Se pegaban a las paredes, se sentaban en el suelo mojado, y emitían aquellos gruñidos guturales. Preparados para un ataque fortuito, se sorprendieron al ver que no hay peleas ni riñas. Eran cientos, miles allí abajo... y armados hasta los dientes.
Adrian se arrimó a Luna .
-Voy a vomitar, esto está irrespirable.
-Aguanta un poco.- A medida que iban adentrándose por un pasillo escuchaban, de manera más nítida una voz, gutural y horrible y la luz exterior cayó sobre ellos proveniente de una alcantarilla abierta por la que salía en fila india un montón de zombis. Subieron ellos también y aparecieron en una plaza en la cual miles de zombis estaban sentados en el suelo, escuchando aquella voz.ciudad abandonada
-El mundo es nuestro. Haremos desaparecer a los humanos...-
La pareja le escuchaba sentada en el suelo. Junto a Luna un niño de unos diez años se sentaba. Sus dientes eran negros y los mocos se le caían por los dientes. Tenía un montón de calvas en la cabeza. En algún momento de su vida había sido rubio. Permaneció allí sentado, quieto, como si alguien o algo bloqueara su cerebro. Del centro de la plaza surgió una figura que se elevó, levitando, por encima de sus cabezas. La pareja lo miró atónita.
- ¿Puede levitar?
Pero la demostración no había concluido, con un movimiento de manos hizo que las armas de los que estaban más cerca fueran atraídas hacia él.
Parecía comprobar el estado de su truculento ejército, emitiendo sonidos guturales, pero perfectamente entendibles, sobre cómo estaban las armas.
El hombre se posó en el suelo. No parecía zombi, iba bien vestido con un traje de cuero negro, el pelo corto y rubio y sus andares eran normales y acompasados.
Pero la voz tan inhumana que salía de él y aquellos ojos brillantes... se fijaron un segundo en Luna, la cual palideció y tirando del brazo de Adrian se dirigió arrastrándose hacia una de las salidas.
- Vámonos, Adrian, y rápido.
Salieron cuidadosamente de allí y echaron a correr por entre las calles vacías. Al llegar a la autopista de nuevo, hicieron un alto.
-¿Qué ha ocurrido para que saliéramos así?
-A ese tipo lo conozco... bueno sale en mi sueño. Pero no tenía esos ojos, ¡Dios! Es horrible. Es el hombre del que habla la Profecía.
-Pero es imposible. Antes de la llegada a Marte no había zombis y la llegada fue hace cinco años sólo. Ese tipo tenía unos cuantos más.
-Te digo que es él.
-¿Y qué hace en tu sueño?
-Nada, solo pedirme fuego.
Salieron de allí en busca de los coches. Salieron a gran velocidad mientras encendían un cigarro.
De repente una bala atravesó el cristal trasero y cruzó entre ellos pasando también por el delantero. Un coche les perseguía a gran velocidad por la autopista. Luna sacó una ametralladora mientras Adrian seguí concentrado en la carretera para esquivar los coches abandonados. Luna fue a la parte de atrás y soltó una ráfaga que rompió el cristal delantero y acribilló al conductor. Los dos coches iban pegados. Luna dio una patada al cristal y saltó a la capota del otro, se sujetó con una mano, mientras con la otra ya había desenfundado una espada con la que atravesó al copiloto que intentaba controlar el coche. Los zombis que estaban sentados detrás soltaron otra ráfaga de ametralladora, pero Luna ya se había soltado, rodando por la carretera mientras el coche sin control chocó contra una valla publicitaria. Adrian frenó en seco y dando marcha atrás paró justo al lado de Luna, abrió la puerta y sujetándolas por los pantalones tiró de ella hacia dentro. La dejó tumbada a su lado hecha un ovillo.
-¡Luna, Luna! - El hombre la sacudió. Luna intentó abrir los ojos y le miró con ellos entrecerrados.
-Dame un poco de agua, se me ha metido arena en los ojos y no veo nada.
El fortachón le tendió su cantimplora. Al desatar el pañuelo que llevaba siempre al cuello, Luna vio su mano izquierda ensangrentada y llena de pequeños cristales, se limpió los ojos como pudo y con el mismo pañuelo mojado se vendó la mano. Un imponedor de manos se la curaría en condiciones.
-Chica, cada día me sorprendes más. Mira que lanzarte al coche... podrías haberles disparado simplemente ¿No?
-¿Y gastar más munición? Además sabes que no me entiendo con las metralletas. Soy de la antigua escuela.
-Sí- Repuso Adrian- De las que se matan subida al capó de un coche.
Tenía el pelo y la ropa llena de polvo y se sacudió. Luego cogió el resto de cigarro que había dejado encima de la guantera y lo encendió de nuevo.
-Acelera, solo tengo una mano para defendernos de otro ataque.
Dos horas más tarde ya estaban en el poblado. Un imponedor de manos le sacó uno a uno todos los cristales visibles y se la vendó. Luego aplicó sus manos a las vendas.
- Enseguida se te cerrarán las heridas.
Adrian entretanto les estaba contando lo sucedido a los demás en el comedor.
Tony estaba pálido. catapulta
-No podemos enfrentarnos a un tipo que controla zombis y que tiene poderes. Y menos a un demonio.
Nadie era capaz de encontrar una explicación a todo aquello. Al entrar Luna habló.
-Shine tenía razón, mi sueño tiene que ver con todo esto, pero no sé por qué. ¿Aún no ha llegado la expedición del desierto?
-No. – Respondió Tony. – Pero no tardarán mucho.
Al anochecer, Luna se dirigió a la choza de Anne, la marcha de Débora y la llegada de más gente al poblado hizo que la dejara abierta para que la ocupara quien quisiera. Anne aguardaba afilando un cuchillo con una piedra.
Luna se desnudó y se lavó a conciencia. Anne tocó su espalda.
-La tienes llena de arañazos. Espera.
Sacó un bote con una crema y se la untó por los arañazos. Buscó en los brazos y se la untó. Luna se acercó para besarla pero Anne cerró el bote y se tumbó en la cama. Luna se puso una camiseta e hizo lo mismo a su lado. La abrazó.
-Tengo que soñar con ese A- Non para recordar quién es. Ayúdame. -Y Anne posó una mano en sus ojos. Aquella noche soñarían juntas.
Luna se levantó sudorosa y asustada y Anne al contrario, tranquila y serena.
-No sé por qué te angustia tanto ese sueño. Sólo se ve gente y la ciudad, no hay peligro.
-¿No has visto al tipo que me pedía fuego? Ese es A-Non, estoy segura.
Luna se levantó en medio de la oscuridad y miró por la única ventana de la choza. Desde allí divisaba las sombras de los vigilantes que veían de noche. La luna llena proyectaba luz y sombras en todo el poblado.
-Luna, tienes que recordar por qué te asusta tanto ese sueño.- Y se durmió. Luna encendió un cigarro y se quedó allí dejando que el rocío le bajara la fiebre.
Al día siguiente todos se levantaron con el ruido de hachas y de martillos golpeteando. Adrian gruñó desde su choza. Freak y sus compañeros comenzaban a construir la catapulta y empezaban con una plataforma con ruedas.
Luna le dedicó una enorme sonrisa al pelirrojo, al pasar a su lado. Al contrario de Alan que los echó de allí. Estaban muy cerca de la cocina.
-¿Es que queréis llenarme la comida de virutas de madera?
Freak corrió detrás de Luna con unos papeles.
-Verás, esto es lo que queremos hacer. Con la madera que tenemos nos parece que es suficiente. En tres días estará terminada.
Luna prestó atención al papel.
-¿Y ya tenéis los proyectiles? ¿Qué son piedras? Pues tienen que ser grandes.
El rostro de Freak palideció.
- Claro, claro. Los proyectiles.- Frenó en seco y volvió hacia sus compañeros para iniciar una discusión. Ninguno había pensado en cómo iban a conseguir las piedras. Luna siguió su camino hacia la torre de vigilancia, mientras sonreía.
Malik les gritó que necesitaba ayuda con las flechas desde la entrada de la choza y los chicos fueron hacia allí discutiendo y gritando. Luna seguía sonriendo pero se puso seria al momento. En la torre de control no estaban las cosas para humores. La mesa aparecía llena de papeles desparramados.
-Ya está- Tony comprobó los papeles que Roberto le entregó.
En total, contamos con la ayuda de 7 comunas con una media de unas 120 personas por cada una. O sea que somos... 960, frente a unos... 2 millones de zombis, tirando por lo bajo. Tocamos a dos mil ochocientos tres cada uno.
Roberto se limpió el sudor que aún no le había salido en la frente.
-Es una locura. No podemos parar un ataque así.
-Antes eran mucho más y nosotros no estábamos organizados y pudimos con ellos ¿no?
-Sí pero antes no tenían armas ni venían preparados.
Freak entró en la sala.
-Tony tengo que pedirte algo. Necesitaríamos los coches para acarrear las piedras que usaremos como proyectiles para la catapulta...- Pero no tuvo tiempo de acabar.
-Imposible, necesitamos toda la gasolina disponible.
-Pero, pero... – La mirada de Tony le hizo desistir. Luna se lo llevó aparte.
-Van a matar a las vacas para hacer acopio de víveres, pedídselas a Alan, ellas podrán con las piedras.
-Está bien- Y salió como una exhalación.
Cargados con picos y azadas y tirando de las vacas se dirigieron al bosque en busca de rocas grandes. Llevaron unas antiguas redes de pesca para sujetar las piedras a las vacas. Aquella tarde llevaron más de quince.
En la choza Luna se cambió la venda por una nueva y se examinó las heridas casi cerradas. Algún cristal se le había quedado dentro, pero no le dolían. No había visto a Anne en todo el día. Se lo había pasado arreglando el coche de Adrian, que después de la visita a Ciudad Zinc, había quedado un poco maltrecho.
Entró agotada.
-Han dejado las piedras apiladas al lado de la cocina. Habrá que ver si ese trasto que han construido de madera funciona.

Pincha en la carátula para leer el primer capítulo (es una pasada¡¡)


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