martes, 2 de diciembre de 2008

Macondo

A veces, mi mundo recibe el nombre de un pequeño pueblo del interior... es mi Macondo personal. Cada vez que voy, a ver a mi familia o a mis amigos, es como si cambiara de Universo. Cambia el olor, cambia el sabor de las cosas y cambia hasta la luz... lentregu

El viaje en el autobús se convierte en un ritual, un camino entre montañas, un viaje no sólo en el espacio, sino, también en el tiempo. Porque a pesar de todo, cuando estoy allí, vuelvo a sentirme como si tuviera dieciséis años. Y escucho a mi familia hablando de lo mismo, una y otra vez: quién se casó, quién se murió y quién tuvo hijos. Divorcios, cuernos, drogas y enfermedades... y cuando me preguntan por mi vida, por lo que hago, a veces me da la sensación de que me lo invento todo a medida que hablo. Es como si les hablara de otro universo, universo que conocen, pero que les queda lejos, inconmensurable...ininteligible por supuesto, aún puedo leer en la cara de mi madre el reproche por haberme ido; lo suficientemente lejos como para no tener que vernos todos los días. Puedo leer en su cara lo que me decía hace años, que no me fuera, que ahorrara, que me buscara un buen trabajo, que acabara la carrera, que me comprara un piso... sus sueños, no los míos. Por lo menos de momento.

Cuando vivía allí, pasaba el tiempo inventando, creando, intentando ver más allá de las montañas, buscaba una luz a aquella vida que no me gustaba. No quería vivir en un lugar donde todo el mundo te conoce... y te juzga. y me fui... muchas veces y de muchas maneras... hasta que encontré la manera de hacerlo sin que nadie saliera muy dolorido.

Ahora sigo buscando, en las montañas y en el mar. Busco otras vidas y otras maneras de vivir. Otras historias que no sean la mía, inventadas, sentidas o vividas, pero quiero saber que hay muchas maneras de vivir y que en no todas es el tiempo el que ordena y manda, sólo en algunas es el dinero el que sujeta las riendas de la vida y en ocasiones te ves obligada a hacer caso a lo que te dice tu familia que es la que al fin y al cabo la que te ata a la tierra en la que naciste...

naloón

A veces, voy a caminar por las viejas carreteras... la última vez fui con Soraya a pasear por la carretera vieja que conecta los pueblos sin pasar por el corredor... lo que antes me parecía todo aventura, kilométrico, en cada curva me inventaba una historia... ahora es pequeño, está cambiado y ya no me encuentro a la misma gente.

Antes había un lavadero de carbón abandonado enfrente de mi vieja casa en un pueblín, ahora hay un centro comercial. El viejo fantasma del lavadero salió corriendo al ver tantas luces, y tanta gente yendo y viniendo. Cuando yo era pequeña ya estaba abandonado, los edificios medio derruidos y por la vía ya sólo pasaban los trenes de pasajeros. El viejo lavadero no vio pasar tanta gente junta ni siquiera cuando funcionaba...Los niños de mi pueblo no nos atrevíamos a ir a jugar allí, demasiadas sombras, y yonkis también escondidos entre ellas. Pero a veces me sentaba en algún prao, y lo miraba, soñando con guerreros y guerreras que luchaban entre las vías del tren, y los edificios derruidos...

Todo en mi pueblo me recuerda al Macondo original. sólo hay que cambiar el calor tropical por el frío y el olor inseparable, ahora cada vez menos, del humo de las cocinas de carbón.

Tantas historias no resueltas me imaginé en mi Macondo... que ahora tengo que escribirlas todas...

Publicar un comentario

Pincha en la carátula para leer el primer capítulo (es una pasada¡¡)


leer en el libro



Dentro del Libro