viernes, 25 de marzo de 2011

Remember

El otro día me reencontré con mi primer amor. Ya os había contado que era una profe de mi instituto. Me prestó mogollón volver a verla después de tantos años y volví a recordar aquel tiempo  de negación… ¿Cómo me iba a gustar una mujer? Y es que… no quería, lo negué durante cuatro años y luego llegué a aceptarlo pero no quería ser diferente. Ya me sentía bastante diferente sin tener que ser lesbiana, quería ser como los demás, que me gustaran las mismas cosas que al resto de la gente… hacer las mismas cosas que todo el mundo. Y cuando lo hice, llegar a ser como los demás… me di cuenta de que me ABURRÍAAAAA¡¡¡¡ como una ostra¡¡¡. Descubrí que no me gustaba la misma música, ni la misma ropa, que cuando alguna decía mira a Menganito que bueno está. yo miraba a Fulanita que estaba al lado y pensaba lo mismo. Que me gustaba leer y pasar tardes leyendo y no en el parque comiendo pipas (que me gustaba hacerlo de vez en cuando). Que me gustaba hacer cursos de animación sociocultural,  ocupar mi ocio con algo más que estar en un bar. Que me gustaba vestir con ropa  de chico, llevar el pelo corto y con gomina, leer a Herman Hesse, a JR. Tolkien. Fue la época en la que  descubri la poesía. Iba al teatro a ver obras como Lorca del teatro del Norte. Obra que me entusiasmó, que me puso la piel de gallina y que fui a ver sola porque a nadie le gustaba el teatro. Que me gustaba mirar por la ventana de mi habitación las montañas, y escribir poesía, y poco a poco atreverme a hablar de lo que sentía, ponerlo por escrito, darle el sentido que no encontraba a mi alrededor, conseguir disfrutarlo, saborear el primer amor-desamor. Durante aquellos años intenté negarme, hasta que descubrí que a las personas que me rodeaban no querían que fuera como ellas o que me gustaran las mismas cosas. Querían que fuera yo, que les contara mis ralladuras, que me sentara entusiasmada a contarles que había leído un libro en que los protagonistas era hobbits, elfos y reyes. Que miraban  mi pelo y me decían lo que me siguen diciendo ahora otras personas también: Estás más guapa con rizos tía¡¡¡. Que me acompañaban a comprar ropa a la sección masculina de la tienda, sin incomodarse y opinando sobre si me quedaban bien o mal los pantalones y las camisetas…que me preguntaban que de donde sacaba el tiempo para hacer tantas cosas y todavía sentarme a tomar un café, o salir de marcha un sábado y echarme unas risas.Las peleas con mis padres porque no les gustaba cómo vestía, ni mi pelo, ni las cosas que hacía. Que no quería aprender a coser, que cuando iba a empezar a madurar y a soltar los pájaros de la cabeza…  La verdad es que no volvería a esa época ni aunque me pagaran. Pero la veo tan necesaria para ser quien soy ahora sólo puedo verla con nostalgia, haciendo un remember desde el punto de vista más romántico…

 

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