viernes, 28 de agosto de 2009

Nuevo disco de Bebe

Ya era hora eh???

Lo bueno siempre se hace rogar…

Os acordáis de esta ración de autoestima??? se la dedico a todas las mujeres que  aún no se atreven a “pensar con su mano”,  a las que no saben, a las que no se lo permiten y también a  todas las que saben disfrutar con su cuerpo, las que lo viven en libertad y saben, además transmitirlo.

 

Cuando Bebe sacó este disco, llevaba casi un año viviendo en Gijón. De repente se abrió todo un mundo fuera de horarios familiares, vivía con mi hermana, tenía un trabajo por horas que completaba con chollos que conseguía. Acababa de llegar a una independencia económica, espacial y temporal… vamos que hacía lo que me daba la gana sin dar explicaciones a nadie.

Mi primer verano en Gijón fue el mejor, el más sorprendente, el más vívido, el más alegre y el más doloroso también. Iba en bici a todos las esquinas de Gijón. Salía de noche con 10 euros en la cartera porque era lo máximo que podía gastarme si quería llegar a fin de mes. Una noche me llamó mi hermana que fuera a buscar la bici que había dejado candada en el centro, fui a buscarla. Era una de esas noches de julio de calor, iba sin chaqueta, en pantalones cortos y camiseta. Al recoger la bici me llegó un olor a salitre y bajé a la playa, con bici y todo, a respirar el mar, el silencio de aquella noche en la que no había un alma por Gijón y descubrí uno de los innumerables secretos que esta ciudad, que para mí es mágica, uno de esos secretos que no tienen nombre, sólo olor a mar y a salitre, uno de esos secretos, hecho de silencio y de mar en calma.

En una ciudad que es como un pueblo que une muchos pueblos, que acoge a los vienen de fuera como si hubieran nacido aquí siempre, que puedes recorrer a pie y que esconde tantos secretos y tantas historias que creo que nunca acabaré de conocer Gijón de verdad.

También llegó uno de mis grandes dolores de la vida del que no me apetece hablar, pero que curé gracias a esos paseos por la playa cuando no hay nadie y te quedas a solas con el mar y con las cosas que no se dicen porque nunca sabes cómo decirlas, a veces parece que sólo puedes hablar con el mar y que él es el único que puede entenderte. Esos dolores también los curé con Bebe y cada vez que escucho esta canción se me ponen los pelos de punta, me llega aquel olor a mar en el aire, aquella sensación de vivir en el presente, de un día para otro, improvisando, experimentando, sin preocuparte si has hecho la cama y agitando la ropa de trabajar al aire, de camino al trabajo, para que se seque del todo porque siempre andas a la gresca con la lavadora.

Vamos, que fue una de las mejores épocas de mi vida.

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