martes, 6 de abril de 2010

…Y llegó la poesía…(II)

En la facultad ya tuve acceso a internet y a San Google, con lo cual pude acceder a un montón de información sobre libros y sobre poesía. También leía cosas de filosofía, no precisamente lo que nos pedían para la carrera, sino que entre mis compañer@s y yo hicimos durante unos cuantos años, un intercambio de libros. Así llegó 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Huxley, las obras de Herman Hesse… comenzamos a leer a los existencialistas… que para algo éramos jóvenes e idealistas…Silvia Plath, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton…discurríamos sobre el ser y la nada… las obras de Platón nos dejaban huella y hubo un profesor, que llegaría a ser decano y que murió hace un par de años, Santiago Escudero, que nos enseñó a analizar las películas y las ideas que se plasman en ellas desde un punto de vista filosófico. De hecho, muchas de las ideas que nos explicaba en clase no iban acompañadas del eterno listado de bibliografía que nos daban para ampliar los apuntes; nos daba títulos de películas para ver. Así que la mitad de la teoría sobre Platón la estudiamos alquilando películas para ver cómo se desarrollaba su Teoría de la Imagen. Escudero llegó a decir que si Platón hubiera nacido en el siglo XX, hubiera sido director de cine, concretamente, Stanley Kubrick, y ala todos a alquilar películas y a analizarlas…Así comenzó otra época en la que, si no leía, pillaba películas para ver en casa. La naranja mecánica, El hombre elefante,  casi toda la filmografía de Kubrick…. y así seguimos hasta que en cuarto de carrera otro profesor, Jose Luis Cerezo, nos abrió las cabezas al mundo de la ciencia y ala, tod@s a leer a Asimov y a Arthur C. Clarke como loc@s.

Por supuesto, durante todo este tiempo, he leído muchas novelas. Cien años de soledad, novela a la que le he dedicado varios post, es novela obligada de todos los otoños. Isabel Allende, José Saramago, Stephen King…

En poesía, conocí a Yorgos Seferis, a todos los clásicos españoles, a Pablo Neruda…¿A quién no se le ponen los pelos como escarpias a los 20 años con:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa

y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Anne Sexton:

La balada de la masturbadora solitaria

Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndos en la playa,
en la yema de los dedos un piano, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen las piedras.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que os habéis casado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las criaturas destellantes están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Y miles, miles de palabras que componen frases y éstas historias, y éstas…. un mundo que permite que el que nos toca vivir tenga algún sentido…

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