domingo, 20 de junio de 2010

El Bosque de la Memoria

memorial_comite

 

 

http://www.comiteantisida-asturias.org/

El 4 de junio asistí a esta inauguración en apoyo a l@s compañer@s del Comité Ciudadano Antisida de Asturias. Mª José Sánchez, a la que llamamos muy cariñosamente “La Presi” inauguró este acto.

Una de las muchas cosas positivas que tiene trabajar en La Caleya es conocer a personas luchadoras, inconformistas , que no “negocian” con la vida y con la esperanza de las personas. Que saben lo que se juegan cuando trabajan en este tema, considerado como algo minoritario. Una enfermedad muy seria que, durante muchos años, fue considerada la enfermedad de los “drogatas” , de los “maricones” y de las “putas”. Que se dijeron muchas burradas y sinsentidos como que “se lo merecen” y cosas por el estilo.

Una tía mía muríó el año pasado de una infección derivada del Sida. Hace casi veinticinco años que fue desahuciada por haber contraído esta infección. Y sobrevivió todos estos años con las complicaciones, medicándose y luchando contra un estigma social que la apodó en mi Macondo como “Mati, la que tiene sida”.

Yo no lo conocí mucho. Mis padres y ella no tenían muy buena relación a pesar de vivir en el mismo pueblo, pero, a través de mi prima, su hija, y mi abuela, sabía cuándo estaba bien y cuándo estaba menos bien.

En los ochenta se produjo un movimiento social muy fuerte en la Cuenca del Nalón y del Caudal. Lo llamaban la movida de  las Cuencas y como en Madrid y en otras zonas de España, aparecieron asociaciones, colectivos, la gente se juntaba para hacer música, aprender de otras culturas, el movimiento obrero seguía en auge, se promovían huelgas de la minería, piquetes, crítica social…. un boom que se cortó casi de golpe y porrazo por la aparición de las llamadas drogas duras. La gente pasó de unirse para crear cosas a quedar para meterse picos…un tema del que no voy a opinar ahora, pero que permitió que todo lo que se había creado desapareciera casi de la noche a la mañana. Un ejemplo de lo que ocurría en esta época se recoge en la película La torre de Suso, que no trata el tema del VIH, pero sí recoge la memoria de los ochenta…

Yo nací en el 79 y todo esto ocurría cuando yo jugaba en los praos y nos encontrábamos de vez en cuando alguna jeringuilla usada… Crecí con el miedo a esas jeringuillas, con el miedo a todos los yonkis del parque, pálidos, demacrados y sucios. Crecí con miedo a todo ese mundo oscuro de la droga y de los “sidosos” como se llamaban en aquella época a los seropositivos…

Pues bien, nació mi prima y al año siguiente, descubren que mi tía es seropositiva. Nadie en mi familia sabía cómo encarar este tema. Pasábamos de tratar el VIH como algo externo, algo que no iba con mi familia, a tratar con ello a diario, con una niña pequeña por el miedo y a enfrentarse a ese mundo oscuro de las drogas. El miedo al contagio rallaba en lo paranoico, a mi tía la desahuciaron y le dieron dos años de vida. A mi prima no podían decirle nada porque era muy pequeña… un follón de la leche…

Pero pasaron los años, mi tía intentó salir de ese mundo de la droga, se medicó…la pandemia se frenó un poco y apareció información más seria y rigurosa sobre el Sida. Una información que busqué e intenté acercar a mi familia, para que mi tía Mati volviera a ser Mati, una persona que vivía su vida como mejor podía y sabía. Mi hermana y yo nos dedicamos a esto. Mi hermana de una manera más técnica, que para algo estudió Trabajo Social  y yo desde el lado más humano, en un pueblín en el que todo el mundo se conocía, todo el mundo sabía quiénes eran los “drogatas”, las “putas” y los “maricones”, y cada vez que salía a la luz que alguien tenía VIH, había que meterlo en una de estas tres clasificaciones. La opinión popular ignoraba y sobre todo, no aceptaba otras explicaciones para que una persona fuera seropositiva.

Te dedico este gesto, Mati. Allá donde estés…

 

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