viernes, 22 de abril de 2011

La historia de Labrys (Una parte muy importante)

(Bueno os pongo en antecedentes. Nuestra prota que aún no se llama Labrys, está es una parte de su formación como guerrera. Se llama Freya, por ahora, y asiste como Iniciada a los ritos de Beltane que como sabréis, es una festividad en la que se celebra la reproducción y la productividad en la cosecha en la tradición celta  y en Las nieblas de Avalon de Marion Zimmer Bradley es una de las partes centrales del relato. Adapté el ritual para Labrys como un rito de paso de la adolescencia a la fase adulta del pueblo amazona… necesitaba que las profas y lectoras empedernidas me hicierais una crítica pequeñina…creo que lo encontraréis muy interesante)

Fabricó la máscara con barro. Buscaba las salas de la fortaleza menos frecuentadas y allí daba forma a una máscara que usaría en una única ocasión. A pesar de ello cuidó todos detalles. Buscó un gesto dulce. Los huecos de los ojos los agrandó, los pómulos los abombó y el resto lo acopló a su cara hasta el punto que parecía que aquella máscara se convirtiera en su propia piel. Luego la cubrió de oryx, el metal más maleable que existía y que no precisaba de una temperatura muy alta para derretirlo y cubrió el barro ya duro con él. Cuando ya se enfrió, comenzó a frotarlo y a sacarle brillo con una lija. Al calor del fuego, la máscara emitía destellos, permitiendo que la ilusión de que el gesto cambiaba según la luz y el ángulo del que se observara se produjera. Pretendía encontrar un gesto dulce, pero se le antojó más de preocupación y de miedo, pero no fabricó otra, en realidad, aquella máscara representaba muy bien lo que sentía ante aquel ritual.

Luego se procuró una capa negra,con capucha, que la envolviera  por completo.

En el día de Beltane el pueblo entero se congregó en la sala común, al calor de las hogueras. Los tambores y flautas comenzaron a sonar mientras el calor, las risas y las insinuaciones subían de tono. El rito de iniciación se rodeaba de bailes y risas. Las máscaras jóvenes se reunieron alrededor de la hoguera más grande y bebieron la pócima del rito.

  • Con esta pócima, daréis la bienvenida a la Diosa en vuestro cuerpo y os mostrará imágenes del pasado y del futuro y esas imágenes- El brujo enmascarado siguió tendiendo la copa a las máscaras una a una. - no tendrán ningún significado hasta que la Diosa lo revele. Tardaréis meses y años en darles un sentido, pero recordad, recordad porque serán las que marquen los grandes hitos en vuestras vidas.

Freya tomó la copa y bebió el brebaje caliente y fuerte que la obligó a lagrimear y carraspear. Se sentó y se arrebujó en su manta a pesar el calor. Los tambores entonaban un ritmo orgiástico y los bailarines se entremezclaban en pasos sexuales. Las máscaras se cimbreaban y Freya observó ojos que se agrandaban, pómulos que brillaban y se ablandaban, frentes que se fruncían, gestos de dolor y de la placer... una pareja de chicos rodaron a su lado abrazados, cubiertos de sudor. Los tambores llegaban al culmen y las risas dieron paso a gemidos y gritos de placer. Freya comenzó a sudar, se sentía mareada por el aluvión de imágenes. De repente, los tambores enmudecieron y sólo quedaron los gemidos y los gritos de placer. Las máscaras adultas surgieron de entre los cuerpos que ocupaban el suelo de la sala. Y fueron colocándose, una a una, detrás de cada máscara joven. El brujo entonó un cántico, lento y casi hipnótico y las máscaras, sujetando la mano del adulto que tenían detrás, fueron desapareciendo hacia las salas de los torreones. Los tambores volvieron a la carga, volvieron las risas y los bailes y se convirtieron en un eco que acompañó a Freya hasta la sala de armas en la que entró con la máscara adulta.

La sala ya había sido preparada y el fuego brillaba en la chimenea, unas mantas de oso descansaban en el suelo, y sobre ellas, una jarra de aguavino y dos vasos les esperaban. Freya se sentó mareada y la máscara adulta le sirvió una copa.

  • Bebe, se te pasará un poco los efectos de la pócima.

Luna bebió, tosiendo.

La máscara adulta bebió de su copa y en un gesto, se echó la capa para atrás. Su cuerpo desnudo se dejó acariciar por el calor de las llamas.

Freya se quitó la capa, y se sintió pequeña ante la mirada de la mujer enmascarada. Sorprendida, se avergonzó de su desnudez. Nunca, desde que se había marchado del castillo del Rey Castor había vuelto a sentir vergüenza por su cuerpo. Pero aquella mujer le imponía a la vez que la deseó de una manera que nunca había sentido. Azorada, subió sus rodillas a la altura del pecho y las abrazó. La mujer se soltó la capa.

  • Para que el ritual esté completo sólo tenemos que darnos un beso y podrás bajar a la fiesta. - Freya asintió. La mujer se sentó a su lado, era mucho más alta que ella y el tamaño de su espalda doblaba el suyo. Freya se tensó, mareada, ante el abrazo de la mujer. Comenzó a respirar fuerte cuando sus labios se unieron, y contuvo la respiración ante aquel beso, que temía duro e insensible. Pero lejos de serlo, Freya se sorprendió buscando en aquel beso, largo, tierno y profundo. Se descubrió a sí misma abrazando aquel cuerpo que ya no se le antojaba grande y duro. La piel, tersa y suave, le invitaba a seguir acariciándola y la mujer, apartando la cara, comenzó un viaje por su cuerpo. Freya comenzó a jadear de placer. El cuello y la espalda se le llenaron de aquella boca. Las imágenes se agolparon en su cabeza, veía rostros desconocidos de mujeres y hombres, que se desvanecían y resurgían. La mujer proseguía su camino ahora por sus pechos y por su abdomen, mientras Freya recorría el suyo con las manos, estudiando sus ángulos y sus músculos. El calor se le agolpaba en el rostro, y sintió cómo la máscara se fundía con su piel, cómo la máscara se integraba en sus recuerdos, y se dio cuenta de que, a través de la máscara, alguien o algo entraba en su mente. No era una usurpación, era como si alguien con mucha curiosidad se asomara a través de sus ojos a todo lo que había visto, sentido y vivido hasta aquel momento. Permitió que todo su ser y su cuerpo fuera tomado por la máscara adulta y por aquella entidad desconocida. Los labios de la mujer se iban acercando a su sexo. Y en un último conato de su antigua educación como mujer sumisa realizó un amago de evitar lo que iba a ocurrir. Intentó taparse ante los besos de la mujer, pero acabó por apartar la mano ante la marea que la invadía y la urgencia que se iba posando en su sexo, hambre de placer, hambre de aquella boca que parecía que había sido creada para cubrirla de besos. Hambre de entender aquellos ritos y símbolos en un pueblo en el que las mujeres eran libres para sentir placer con otras mujeres y los hombres no las sometían sino que vivían en igualdad y en armonía. Hambre por encontrar un sentido a aquella vida llena de sinsentidos. Y comenzó a gemir ante el calor que se le agolpaba en su sexo, un calor primigenio, el calor de los primeros fuegos que asolaron la tierra, el calor de los fuegos en los hogares, el calor de los desiertos del mundo. Sentía la fuerza del viento que soplaba en el exterior, en su entrepierna, el olor de los bosques se posaba en su nariz, absorbió la fuerza del halcón, la velocidad de los gatos salvajes, volvió a experimentar el vértigo de los primeros días en el barco de Isadora. Todo lo visto y vivido se unía en aquel baile sexual . La máscara adulta no le permitía ni un segundo de respiro y su cuerpo comenzó a abandonarle, de repente, podía verlo desde lo alto a la vez que estallaba en un grito de placer que le recorría entera. La entidad desde su mente comenzó a hablarle en susurros, en palabras que se entremezclaban, sus nombres, todos, resonaron en su mente. La entidad pronunció nombres que no conocía: Balcaldur, Dasil, Yáiza, Kalid, Vanda, Labrys...

Y de repente, todas las voces se aunaron.

  • Soy Ixcher, la Diosa Naturaleza. Llámame, pronuncia mi nombre cuando olvides las fuerzas de la naturaleza, son las que te sustentan humana, no lo olvides nunca. Pronuncia mi nombre cuando todo lo demás ya no exista para ti. Soy Ixcher la Diosa Naturaleza. Soy Ixcher, tu fuerza y tu poder.-

Y entonces llegó el silencio mientras la máscara seguía cubriéndola de besos. Una manta de sudor la cubría, y su mente se fue aclarando. La mujer la abrazó y Freya sentía bajo su piel la necesidad de acariciar y besar aquel cuerpo que se acoplaba al suyo. Comenzó su propio viaje por aquel cuerpo que se retorcía de placer, que sinuoso se movía bajo el suyo y la máscara adulta comenzó a resoplar y a jadear. Ya en silencio, sin voces y sin imágenes que aturdieran su mente besó, acarició y se sumergió en el sexo de aquella mujer, los jadeos se intensificaron hasta que se tensó una última vez y se relajó.

Siguieron amándose toda la noche hasta que los rescoldos fueron apagándose y descansaron debajo de una montaña de mantas con las máscara aún puestas y pegadas la una a la otra, como si se hubieran fundido durante aquella noche.

A la mañana siguiente, Freya se despertó sola en la habitación aún tibia. Escuchó las voces matutinas, y se apresuró a ponerse la capa y a quitarse la máscara. La de la mujer descansaba entre las mantas, la sujetó durante un segundo, y se llevó las dos a la sala principal. Pasó sus dedos por los ángulos y las arrojó a una de las hogueras para preservar el poder que habían desatado aquella noche. Por fin, había logrado entender aquel ritual y por qué resultaba tan importante. Por fin se había convertido en una auténtica amazona.

Huron Beltane Fire Dance:

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Pincha en la carátula para leer el primer capítulo (es una pasada¡¡)


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