martes, 21 de septiembre de 2010

Labrys (capítulo 1)

Hasta ahora hice un esbozo de lo que sería el prólogo de la historia. Una historia que todavía no tiene título… ya iré pensando a ver cuál puede ser. Comienzo la historia. ¿Preparadas?
Capítulo 1
El frió hormigueaba por su cuerpo. Sentía sus extremidades como si se encontraran en el otro confín del Universo, como si para alargar una mano, tuviera que recorrer un largo camino. No podía moverse, no oía, no olía y no veía. Intentó hablar, salir de aquella cárcel, y por fin un gruñido salió de su garganta reseca. Aunque no veía, un destello tenue de luz predominaba a lo lejos, luchó por llegar allí y por fin, pudo abrir los ojos. Un techo de paja, un agujero por el que se colaba la luz. Volvió a cerrar los ojos y se abandonó al sueño.
Abría los ojos a ratos, el agujero pudo identificarlo como una ventana. Un rostro arrugado se acercó a su cara.

-Todos tus huesos están rotos, así que intenta no moverte.
“  ¡Todos los huesos!¡ Por la Diosa!”
Gruñó, luchando por preguntarle a la anciana quién era y dónde se encontraba.
- Tranquila, es un milagro que sigas viva, así que no tengas tanta prisa.
La mujer realizó unos movimientos con su mano sobre sus ojos y volvió a dormir.
Poco a poco, le costaba menos trabajo seguir despierta. No podía mover su cuerpo, y le comenzó a picar la piel. La mujer le introducía una caña en la boca por la que sorbía sopa caliente y dulce.
-Pronto podré quitarte la escayola. Espero que hayan soldado bien tus huesos.

La mujer hablaba mientras desaparecía de su ángulo de visión. Solo veía aquel techo de paja. ¿Cuánto tiempo había pasado?
Oyó un ruido, como si estuvieran rasgando algo. La anciana movía las manos por encima de ella.
-Te iré quitando la escayola. Sentirás un picor por todo el cuerpo.
Apenas podía aguantar el hormigueo. La mujer la lavó con un trapo, mientras palpaba las articulaciones.
-Tardarás unos días en moverte. Es un milagro, un auténtico milagro.
Y le tapó con una manta.
La anciana comenzó a moverle el cuerpo cada día. Primeros los dedos uno a uno, los brazos, las piernas y el cuello. Le abrió la boca.
Una voz ronca salió.
-¿Dónde estoy?
- En Estiria.- La mujer seguía moviéndole pacientemente las extremidades mientras se las frotaba con un ungüento.
Intentó orientarse. Estiria. Le sonaba a nombre de leyenda, no recordaba ninguna tierra conocida que se llamara así.
La anciana le miró.
-No te esfuerces, estás en el Mundo Bajo. Llegaste a través de las cataratas de Torn. Eres la primera persona que sobrevive a una caída de casi diez kilómetros.
La chica tomó aire y lo expulsó lentamente. Estaba metida en un problema muy grande si había llegado tan lejos.
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Pincha en la carátula para leer el primer capítulo (es una pasada¡¡)


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